14 de junio de 2013 - 23:15

No llores por mí Argentina, llora por los políticos que no supimos conseguir

Sí, estimado lector, estoy de acuerdo, no todos los políticos son detestables y, sobre todo, lamentables.

Los otros días se mencionó en un programa televisivo, a un presidente: Illia.

Si la pauta política es designar con nombres de presidentes a escuelas, hospitales, calles, callejones, rutas, etc., etc., estoy convencido de que la mitad de ellos deberían llevar el nombre de este modesto y probo médico (¿no le llama la atención que no fuera abogado? -esto con todo respeto a los hombres de leyes) que llegó a la presidencia porque su partido creía que no ganaría (caso contrario no lo hubieran puesto nunca como candidato).

Nadie se preocupó en destacar cuáles fueron los oscuros intereses que impulsaron a esos hombres que mancillaron el uniforme de San Martín y traicionaron a su comandante en jefe. Claro. Era una tortuga?

Sí, mi amigo. Es cierto también que en todos los países los políticos tiene una imagen y reputación malísima.

Recuerdo una serie televisiva de ambiente policial (Blue Blood) en la que un personaje le dice al otro:

-Por lo que veo tienes familiares trabajando para la ciudad en todos lados.

-Sí, contesta éste, pero no en la política.

-¿Por qué? -requiere el anterior.

-Porque allí son todos unos delincuentes -es la contestación.

Pero los que trabajan, presentan leyes en función del bien común y no para figurar en las actas legislativas, que debaten, que no se esconden, y procuran estar en contacto con los ciudadanos no sólo para las elecciones; son muy pocos, escasos.

En cambio, los más, los que vemos cómo actúan a través de todos los medios (oficialistas o no) dan pena, realmente. Mucha pena.

Un jefe de campaña manifiesta, muy suelto de cuerpo, que su candidato va en primer lugar no por sus condiciones y experiencia en la gestión de la "res-pública" sino porque "es el que mejor mide".

En otras geografías de nuestro querido país, los partidos "mandan a medir" diferentes candidatos para ver quién será el primero de la lista (lugar codiciado porque es el que casi siempre "entra").

Hay, por otro lado, que cuidar también el cupo femenino

Esto me provoca, al pasar, una reflexión: ¿son tan machistas los partidos que no son capaces de reconocer una mujer con suficiente talento y energía para ponerla primera en la lista de candidatos sin recurrir al "cupo"?

¿No es discriminatorio este concepto? Conozco algunas damas muy inteligentes que piensan que sí. Pero las eligen por género, no por capacidad.

Paciente lector, vayamos ahora al tema de las alianzas (¿componendas, contubernios?).

Bochornosos los tire y afloja por las alianzas. Tema principal de las febriles reuniones: cuánto mide un posible candidato y cuánto mide el otro.

Nada de prestigio, trayectoria, condiciones intelectuales y morales (fundamentalmente en la administración de la cosa pública ). De eso ni hablar.

"Tengo el 12 % del electorado, ¿ustedes cuánto aportan?", es la eterna pregunta.

Y luego están las cuestiones personales, los odios intestinos y los egos desmesurados, amén de la apetencia del poder por el poder mismo, no como instrumento de servicio.

Algunos saben que no ganan pero prefieren que el odiado pierda. Por eso no acuerdan, por eso dividen. Dan pena.

¿Y Ud. amigo lector o yo o todos los ciudadano comunes, mientras tanto?

Como en un partido de tenis.

Miramos para un lado, luego miramos para el otro, cuando podemos.

Porque la mayoría estamos preocupados por las zapatillas y los cuadernos, la leche y las milanesas, la luz, el gas, el agua?

Pero de pronto alzamos la vista y vemos con estupor la inoperancia de los miembros de la corporación política (la única no denunciada) y percibimos hasta con resignación el pobre devenir de los "profesionales" que usufructúan de ella.

Observamos cómo la gente (como usted, mi amigo, como yo) muere yendo o viniendo del trabajo, Que los pueblos originarios son masacrados por gobiernos dignos del feudalismo medieval. Que los que alzan la voz lo hacen buscando algún rédito político o económico, no con real preocupación, sobre todo por los que menos tienen, por los que menos saben.

Una corporación política pobrísima (¡no de dineros, precisamente!). Lamentable.

En lo que a mí me toca (todos tenemos una cuota de culpa en esta situación), te pido que me perdones, Argentina.

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