Llegó el día. Ya no valen las operaciones ni las encuestas “dibujadas” ni las acusaciones típicas de cada campaña.
Llegó el día. Ya no valen las operaciones ni las encuestas “dibujadas” ni las acusaciones típicas de cada campaña.
Hoy los mendocinos diremos cuál es la realidad. Dónde estamos parados. Es cierto, las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias formalmente sólo definen quién sigue en carrera rumbo a octubre en los partidos con más de un candidato. Pero el resultado que se conocerá esta noche dirá mucho de lo que va a pasar el 27 de octubre. Y después también.
El kirchnerismo a nivel nacional podrá saber cuál es el margen de maniobra que tendrá hasta 2015, cuando termine el mandato de Cristina Fernández. Y en Mendoza, el resultado será también concluyente respecto del futuro de los protagonistas de esta contienda, que no necesariamente son los candidatos. Nada será igual para ellos después de la encuesta más amplia y precisa que se pueda imaginar cualquier político, que es en definitiva en lo que se ha transformado esta instancia electoral.
A diferencia de otras elecciones, esta vez el principal protagonista en la semana previa no fue ninguno de los candidatos sino el gobernador, Francisco Pérez, que se mostró siempre empeñado en no correrse del centro de la escena. El mandatario se encargó las últimas semanas de cuestionar a Julio Cobos, principal rival del oficialismo y enemigo del kirchnerismo, cuando la idea del vicegobernador Carlos Ciurca, jefe de la campaña y del peronismo, era no confrontar directamente con el radical para evitar la polarización y la consecuente concentración del voto opositor en la lista de la UCR.
El Gobernador también hizo su propia campaña: encabezó actos oficiales en los departamentos peronistas junto a los intendentes y dejó en un segundo plano a los candidatos, Alejandro Abraham y Omar Félix. Y cerró el capítulo electoral el martes, cuando convocó a votar por cargos provinciales el 27 de octubre, incluso a los jóvenes de 16 y 17 años, pese a que la Constitución provincial dispone ese derecho para los “mayores de 18”.
Pero hubo un hecho que superó todo. Pérez arrancó la semana pasada anunciando que el recital del Indio Solari se haría en el hipódromo de Godoy Cruz y no en el Estadio Malvinas Argentinas (para el que ya se habían vendido las entradas). Y la terminó con una conferencia de prensa en la que anunció que el famoso recital se hará en el autódromo de San Martín.
¿Qué pasó en el medio? El intendente de Godoy Cruz, Alfredo Cornejo, desmintió al mandatario y dijo que no había autorizado el recital y que, para hacerlo, la organización y el Gobierno debían cumplir una serie de requisitos para garantizar la seguridad de los 100 mil espectadores, de los vecinos de la zona y de los más de 200 caballos que alberga el hipódromo. Las exigencias parece que fueron muchas y entonces se optó por la salida que, desde un principio, pareció la más atinada. Todo en cinco días y a horas de las primarias.
Lo más sorprendente de esto es que se esté tratando como un asunto de Estado un recital organizado por una productora privada y cuya entrada costará 300 pesos, por lo que la recaudación será, como mínimo, de 30 millones de pesos, aunque ya se aclaró que no habrá límites a la hora de imprimir tickets porque el predio puede albergar tranquilamente a 200 mil personas. Entonces, sólo es cuestión de multiplicar. Nada mal, más si se tiene en cuenta que la Provincia ayudará con el operativo de seguridad y algún otro aporte, mientras que San Martín no cobrará alquiler por el autódromo.
Para entender el excesivo interés gubernamental hay que saber antes que la presentación del Indio en Mendoza es un berretín del Gobernador y fue uno de sus “objetivos culturales” para 2013, en su afán de construir la imagen de su gestión a fuerza de golpes de efecto, como ya se explicó en esta columna el 17 de febrero. El ex Redonditos viene a sumarse a las presentaciones de artistas top en la Vendimia, al partido que jugó la Selección por las Eliminatorias y otros shows deportivos y culturales.
Pero una cosa es que el Gobierno se ocupe de traer a Charly García y Fito Páez a la Vendimia, un hecho cultural oficial y con entradas accesibles, y otra que, como ha dicho el propio Pérez, buena parte del gabinete haya estado trabajando para lograr la presentación del Indio, que dejará varios millones a los organizadores. Suena a mucho.
De la gloria a la crisis
Volviendo a la votación de hoy, está claro que el peronismo es el que más pone en juego pero, en este caso, no sólo arriesga hacia afuera, con sus rivales electorales, sino también hacia adentro del partido. El oficialismo llega a las primarias luego de una dura interna, un cambio de estratega y, consecuentemente, de estrategia y con serios problemas para tomar decisiones incluso secundarias para la campaña.
Si hoy ganara, se dispararía inmediatamente una carrera alocada por adueñarse de la victoria que le garantizaría, salvo un cataclismo en el medio, una victoria mayor en octubre. El Gobernador se ubicaría una vez más como la cara victoriosa a nivel nacional, por más que haya influido muy poco en la confección de la lista. Pero él es la cara K en Mendoza y habría vencido por segunda vez al radicalismo partiendo en desventaja, con el condimento de que ahora, enfrente, está Cobos. Entonces, podría empezar a ver más cerca su sueño de proyectarse a nivel nacional y, a la vez, mantener una cuota de poder interno hasta terminar su mandato.
En el caso de una derrota, la discusión pasará por cuántos puntos abajo termine la lista oficialista. Si la diferencia es escasa, hasta 7 u 8 puntos, quedará la expectativa y la posibilidad de remontarla en las 11 semanas que restarán hasta la legislativa de octubre, sobre todo porque entonces tendrán el empuje que significará la pelea en los departamentos por los Concejos Deliberantes.
Justamente, uno de los reproches que se escuchan es que muchos de los intendentes del PJ (en especial los azules) se han movido muy poco para la campaña que ya terminó y en octubre, sí o sí, tendrán que esforzarse para no perder poder en sus municipios. Lo bueno de este escenario para todos no sólo es la esperanza que quedará, sino que ésta aplazará reproches y pases de factura hasta ver lo que ocurra en la general.
Si la caída es contundente, digamos más de 10 puntos, entonces todo volará por los aires, sin esperar a ver lo que ocurra en octubre, porque el antecedente de 2011 indica que la diferencia podría ser entonces aún mayor. El vicegobernador Ciurca pasará a ser el jefe de un peronismo derrotado y sus rivales internos aprovecharán para cobrarle todas las cuentas pendientes. Los azules todavía no pueden olvidar lo ocurrido en 2009, cuando su máximo referente, Adolfo Bermejo, se quedó solo explicando la derrota por 20 puntos ante el Frente Cívico que lideraba Cobos.
Pero el que más perderá en ese escenario, desde mañana mismo, será Pérez. Sin apoyo interno y sin posibilidades de reelección, no sólo verá desvanecer su sueño nacional (que convengamos por ahora es sólo eso), sino que será el blanco del enojo de la Casa Rosada por haber perdido ante Cobos y deberá transitar su tiempo hasta el 9 de diciembre de 2015 por un camino de sombras, vaciado de poder y sin posibilidades de terciar en las decisiones partidarias. Como si fuera poco, en octubre, de confirmarse este resultado, perdería apoyo legislativo y gobernaría los próximos dos años complicado por la oposición.
En la vereda de enfrente, Cobos se juega su carrera política. Si perdiera, se le vendrá encima todo el partido, sobre todo aquellos que aún mascullan su paso por el kirchnerismo y aunque sin duda será elegido diputado, no habrá para él futuro electoral ni partidario. Una victoria por escaso margen le permitiría prorrogar las críticas más duras, pero no todas, y dependerá de lo que ocurra en octubre su proyección. En cambio, si sacara al PJ más de diez puntos, podrá caminar con tranquilidad interna y soñar con una diferencia mayor en la general que le permita posicionarse como candidato presidencial del radicalismo en 2015.
Otros que se juegan mucho son los demócratas. Con tres candidatos, su preocupación pasa más que por el ganador de la interna, por el porcentaje que sumen los tres. Menos de 10 puntos significarán un duro golpe al partido provincial, que entrará en “alerta rojo” ante el riesgo de perder las bancas que renovará en octubre a nivel nacional y provincial. Si logran más de ese porcentaje y superan a la lista del Partido Federal que encabeza Roberto Iglesias, respirarán aliviados, aunque no sea precisamente un triunfo.
Iglesias, en tanto, tiene objetivos parecidos. Salir tercero, por encima del PD y con más de 10 puntos, para tener chances de ganar una banca en octubre. No lograrlo sería un golpe duro a su aventura por fuera de la UCR con su socio Víctor Fayad, ahuyentaría a muchos de sus militantes antes de octubre, que buscarían refugio nuevamente en el radicalismo, y seguramente marcaría el fin de su carrera política.
Las fichas ya fueron jugadas y la ruleta está dando vueltas. Todos esperan ahora que la pelotita deje de saltar y caiga en su casillero.