¡Cuántas veces, por el hecho de ser seseantes, pronunciamos un término con "ese" y, a la hora de la escritura, vacilamos en cuanto a la forma de escribirlo pues no sabemos si hacerlo con C, Z o S! Actualmente, existe una tendencia a dejar de lado la ortografía, pero para quienes amamos la historia de la lengua, no es lo mismo una u otra forma de escribir un término, toda vez que formas distintas en el plano del significante traen asociadas significaciones también diferentes.
Vemos, así, que no es lo mismo comer una 'ciruela' que llamar a un docente 'maestro Siruela'; en el primer caso, estamos en presencia de un sustantivo, que nombra el fruto del ciruelo, drupa variable en cuanto a su forma, color y tamaño. Pero este término nació como adjetivo; en efecto, en latín se hablaba de "prunus cereola", para describir el color parecido a la cera que tenía este árbol. Hoy, si nos tomamos el trabajo de buscar el vocablo en el diccionario académico, veremos que el sustantivo 'ciruela' puede ir acompañado por diferentes adjetivos que definen su forma, su color y sus caracteres; así, para mencionar algunas, se habla de 'ciruela damascena', de color morado, forma oval y gusto agrio; 'ciruela de corazoncillo', algo chata, con forma de corazón y color verde; 'ciruela de fraile', de forma oblonga, más o menos en punta, con color verde amarillento, con su carne adherida al hueso y con un gusto menos dulce que las otras; 'ciruela de pernigón', sumamente jugosa y de color negro.
En cambio, nada tiene que ver con la fruta la expresión 'maestro Siruela', usada para criticar burlonamente a una persona ignorante, que habla u opina sobre algo que no conoce a fondo. El personaje surge del ingenio popular y se incluye en los refraneros ya desde comienzos del siglo XX. Consultado el doctor Pedro Barcia, se refiere a esta forma de manera completa, al decir "el maestro Siruela que no sabía leer y puso escuela". Da como variantes de esta forma refranesca "Maestro de Algodor, que no sabía leer y daba lección" y "Maestro de Campillo, que no sabía leer y tomaba niños". Al hablar de Siruela, con S inicial, se alude a un municipio español, perteneciente a la provincia de Badajoz. Como puede apreciarse, en las variantes del refrán, se eligen los nombres de las localidades 'Siruela', 'Algodor' y 'Campillo', pues ellos van a guardar rima asonante, respectivamente, con 'escuela', 'lección' y 'niños'.
¿Cuál es la diferencia que existe entre afirmar de algo que es 'incipiente' o que es 'insipiente'? Lo más probable es que la mayoría no conozca el valor significativo del segundo adjetivo. Tanto un término como el otro derivan de vocablos latinos: 'incipiente' era participio presente de "incipere", verbo cuya traducción es "comenzar, dar inicio".
Afirmar, entonces, de algo que es 'incipiente' es decir que está en sus comienzos: "Tiene un incipiente negocio de venta de regionales". En cambio, escribir de algo o de alguien que es 'insipiente' va a significar que es "falto de sabiduría o ciencia; falto de juicio"; el vocablo posee un prefijo negativo ("in-"), el adjetivo que indica sabiduría ("sapiens") y el sufijo indicador del que hace la acción ("-nte"). Un ejemplo puede ser "A veces, las observaciones de un alumno insipiente me hacen reflexionar". Estos dos vocablos, homófonos para los argentinos, aunque no homógrafos, pueden llegar a engendrar contextos confusos, como "Esas poesías provienen de un escritor incipiente" (¿o insipiente?'). Si lo escribimos con C, estaremos dispuestos a perdonar fallas al escritor por su falta de experiencia puesto que está comenzando a hacer poesía; en cambio, si escribimos el adjetivo con S, estamos condenando, de entrada, al poeta por su escasa sabiduría.
¿Por qué escribo 'sebo' si estoy hablando de las velas, por ejemplo, y escribo 'cebo' si estoy hablando del alimento que uso para atraer a los peces? El origen de estos términos es diferente: en el primer caso, el sustantivo latino de género neutro, "sebum", servía para designar la grasa; hoy, el diccionario académico nos lo define como una "grasa sólida que se saca de los animales herbívoros y que, derretida, sirve para hacer velas y jabones, entre otros usos". Se puede usar también como sinónimo de 'gordura'. No se registra ningún verbo relacionado con 'sebo', pero sí un adjetivo, 'sebáceo', que indica que algo participa de la naturaleza del sebo o se parece a él, como en 'quiste sebáceo'; también, 'sebiento', usado en Chile de modo despectivo, para indicar algo sucio hasta el punto de parecer untado en sebo.
También se da el adjetivo 'seboso', que se refiere a algo untado en sebo, mantequilla u otra sustancia grasa. Ha caído en desuso el sustantivo 'sebillo', que nombraba un sebo delicado o un jaboncillo destinado a suavizar las manos. En cambio, 'cebo' proviene también de un sustantivo masculino latino, "cibus" ("alimento, manjar"). Hoy el 'cebo' es la comida destinada a alimentar, engordar o atraer a los animales. Por eso, se vincula al sustantivo 'cebada', planta gramínea que sirve de alimento del ganado; además, 'cebar' tiene un uso más generalizado, como "fomentar algo" -el fuego con leña; la luz con aceite.
Metafóricamente, puede indicar que se da fomento o pábulo a un afecto o pasión.
Como también un cebo puede usarse para atraer engañosamente a un animal, existe una expresión coloquial, ya registrada en el Siglo de Oro y mencionada por el Centro Virtual Cervantes: "Cebo de anzuelo y carne de buitrera"; en ella, tanto el 'cebo' como la 'carne' son elementos usados para engañar, ya a los peces, ya a los buitres.
Indudablemente, hay un cruce semántico entre 'cebo' y 'sebo', al indicar uno, el alimento y el otro, la grasa o gordura de un animal que, obviamente, se encuentra nutrido en exceso.