30 de octubre de 2017 - 00:00

Las economías española y catalana, pierden

Xavier Gabriel puede considerarse en parte el responsable de que la pequeña localidad de Sort, en los Pirineos catalanes, sea una de las más famosas de España.

Gestiona un despacho de lotería llamado La Bruja de Oro, en un pueblo cuyo nombre en catalán significa “suerte”. Su fortuna al haber repartido varios premios millonarios dio a conocer su marca y le sirvió para forjar un exitoso negocio en internet.

Pero la crisis que rodea al proceso independentista de Cataluña ha cambiado la vida de Gabriel, de 60 años. La suya es una de más de 1.500 compañías que trasladaron su sede social fuera de la adinerada región del noreste de España en las últimas semanas. Su principal miedo es no seguir amparados por las leyes españolas y europeas si Cataluña logra independizarse finalmente, arrastrando a sus negocios a un territorio desconocido.

“Llegó el momento de tomar una decisión”, explicó Gabriel, que da trabajo a 16 personas y se considera un catalán orgulloso de serlo.

Como la de Gabriel, la inmensa mayoría de las empresas que movieron su sede no trasladaron a sus empleados ni sus activos, como participaciones bancarias o equipos de producción. Por el momento, es principalmente una fórmula para obtener seguridad legal. Pero a medida que se agrava la crisis política, el riesgo es que las empresas demoren sus inversiones y contrataciones. Hay evidencias de que los turistas están limitando sus reservas, quizás asustados por las imágenes de los medios de comunicación que muestran represión policial, manifestaciones callejeras y huelgas.

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