Las costras biológicas (CBs), también llamadas 'piel del suelo', son comunidades formadas por la íntima asociación entre algas, hongos, líquenes, musgos, hepáticas y cianobacterias, agregados con partículas de suelo.
Las costras biológicas (CBs), también llamadas 'piel del suelo', son comunidades formadas por la íntima asociación entre algas, hongos, líquenes, musgos, hepáticas y cianobacterias, agregados con partículas de suelo.
Colonizan la capa superficial del suelo, esto es los primeros 5 centímetros. Se encuentran ampliamente distribuidas en muchos tipos de suelos y en casi todas las comunidades vegetales donde la luz alcanza la superficie.
Cubriendo hasta 70% de la superficie en regiones áridas y semiáridas de todo el mundo, las costras biológicas se han convertido en un componente clave, con un papel trascendental en estos ecosistemas.
Las zonas áridas son altamente vulnerables a la erosión hídrica y eólica puesto que en ellas existen amplias áreas de suelo desprovistas de vegetación.
Las costras biológicas crecen preferentemente en los sectores desnudos confiriéndole estabilidad al suelo al tener la capacidad de retener partículas; controlando la erosión y facilitando el crecimiento de la cubierta vegetal.
Su capacidad de respuesta rápida a cortos pulsos de precipitación les permite iniciar prontamente su actividad incorporando nutrientes al sistema y dejándolos disponibles para el resto de la comunidad. Este conjunto de organismos influye en la dinámica del carbono y del nitrógeno, y modifican en parte los procesos hidrológicos.
Juegan un papel importante afectando la disponibilidad de agua para la vegetación, suministrando sitios seguros donde las condiciones de humedad y nutrientes son favorables para la germinación de las semillas y la supervivencia de las plantas.
Esto tiene un efecto positivo sobre la demografía de las plantas, ya que en zonas áridas el establecimiento de las plántulas frecuentemente está limitado por la cantidad de humedad disponible en el suelo.
Tienen enormes efectos en los bancos de semillas del suelo y en el rendimiento de la vegetación, convirtiéndose en islas de fertilidad en algunos sistemas u océanos de nutrientes en otros. Las CBs mantienen los espacios intermedios tan fértiles como bajo la copa de los arbustos.
En ocasiones pueden ser una gran fuente de biodiversidad para los desiertos, ya que pueden contener más especies que la comunidad de plantas vasculares de los alrededores.
Refugio de nutrientes
Por otra parte, constituyen el refugio y la fuente de nutrientes para un sinnúmero de microorganismos específicos y cuya funcionalidad aún es desconocida.
Los ecosistemas áridos y semiáridos están sujetos a perturbaciones continuas, siendo una de las más comunes el sobrepastoreo. El exceso de carga animal puede deteriorar e incluso eliminar la cobertura de la CBs, así como suprimir las especies menos resistentes al impacto mecánico del pisoteo.
Las perturbaciones reducen la fijación de N, la biomasa de cianobacterias, la cubierta de líquenes y musgo. Incluso después de muchos años del cese de la perturbación puede ocurrir que las CBs no recuperen su composición de especies anterior a ese impacto.
Actualmente el grupo Geobotánica y Fitogeografía (Iadiza-CCT Conicet Mendoza) evalúa la diversidad y funcionalidad de estas comunidades de costras en sistemas con diferentes grados de sensibilidad y aridez.
Los ecosistemas áridos y semiáridos ocupan casi 40% de la superficie terrestre y son especialmente susceptibles a la degradación de sus atributos estructurales y funcionales, y la CBs juega un papel crucial en el mantenimiento de su resiliencia.
La comprensión de estos ingenieriles ecosistémicos es fundamental para entendimiento de la dinámica de nuestros ecosistemas; especialmente los denominados interparches, sitios desprovistos de vegetación, dominantes en el paisaje.