17 de septiembre de 2014 - 00:00

Las advertencias del primogénito al PJ

Máximo Kirchner avisó que su madre no tendrá un candidato en 2015 y así condicionó al resto del oficialismo y hasta intentó poner en duda la legitimidad de origen del próximo gobierno. Una jugada que en realidad expresa la necesidad del cristinismo duro p

¿Fue el pedido de Máximo Kirchner para que permitan a su madre, la Presidenta, competir en 2015 -algo que constitucionalmente le está imposibilitado- solamente un reclamo a la oposición, teniendo en cuenta que si ésta no colabora con la conformación de dos tercios de las dos Cámaras del Congreso no habría modificación de la Carta Magna posible?

Aunque ésta es la lectura más lineal, que se encargaron de reforzar con las horas otros popes de La Cámpora como Andrés "El Cuervo" Larroque, el hijo del matrimonio presidencial dejó salir de su boca advertencias hacia el interior del oficialismo que permiten entender por qué los jóvenes (y no tan jóvenes) cristinistas piden extemporáneamente por una "re-re" que quedó sepultada en los comicios del año pasado.

El primero de estos avisos es que no están dispuestos a convalidar a ningún candidato presidencial dentro del Frente para la Victoria, por muy bueno que éste sea, para poder así asegurarse su supervivencia política en el peronismo. Necesitan que Cristina Fernández siga siendo la líder, más allá de 2015, cuando haya dejado de ser Jefa de Estado.

La segunda advertencia surge al calor de la primera: para sobrevivir necesitan quitar legitimidad, al menos desde lo discursivo, al próximo gobierno porque -según entiende Máximo- quien gane los comicios no habrá derrotado a la Presidenta.

En esta línea de razonamiento, ningún nuevo presidente podría tener legitimidad cuando llega al poder si no le gana al presidente saliente, de modo que Carlos Menem no habría tenido dicha legitimidad en 1989 porque no venció a Raúl Alfonsín, por más que éste haya tenido que dejar el poder por adelantado, por dar un ejemplo que hace volar por los aires el precario razonamiento institucional del camporismo.

De modo que el mensaje que el hijo de la Presidenta articuló el sábado nerviosamente desde la cancha de Argentinos Juniors no fue en verdad para los opositores que no tienen motivos para hacerle semejante favor a la subsistencia del cristinismo puro y duro, sino que fue dirigido hacia el interior del Frente para la Victoria, tanto para aquellos candidatos que gozan de la estima presidencial pero que no miden en las encuestas, como para aquellos postulantes que sí rankean en los sondeos de opinión pero que sólo cosechan desconfianza del círculo áurico presidencial.

Lo que Máximo Kirchner salió a marcar es que Cristina no piensa bendecir a un candidato de su propio espacio. Las sospechas más temidas de los gobernadores justicialistas que han estado alineados con la Casa Rosada durante once años, que intercambian en reuniones secretas y no tan secretas, se confirmaron: el Gobierno nacional apuesta a perder y lo dejó en claro nada menos que el hijo de la Presidenta. Si para Máximo y los suyos la candidata es Cristina, que no puede sucederse a sí misma, entonces ella no dilapidará esfuerzos por imponer un sucesor de su propio espacio.

"Si están tan interesados en terminar con el kirchnerismo ¿por qué no compiten con Cristina, le ganan y sanseacabó? Volveremos a la calle a hacer lo que tenemos que hacer, que es reconstruir el país", dijo Máximo el pasado sábado.

Además del reconocimiento de que a pesar de la década ganada es necesario "reconstruir el país", quedó claro que el hijo de la Presidenta no plantea como posibilidad que cualquiera de los precandidatos del FpV, sea éste Daniel Scioli o Florencio Randazzo, que son los que aparecen en las encuestas, o los más estimados por el cristinismo puro como Sergio Urribarri, Agustín Rossi o Jorge Taiana, que no están posicionados en la opinión pública, puedan ser bendecidos por Cristina Fernández el año que viene.

El kirchnerismo es, para Máximo, solamente Cristina, su madre, pese a que dijo, también desde la cancha de Argentinos Juniors, que no hay "apellidos milagrosos" y que lo que hay es un "proyecto".

"Volveremos a la calle": cuatro palabras que indican que el cristinismo duro, expresado cabalmente en La Cámpora, está preparándose para ser oposición. Cuatro palabras que, además, señalan que este sector del oficialismo está fortaleciéndose internamente para dar un dura discusión por el poder post-2015 con el resto del FpV, básicamente los gobernadores del PJ ortodoxo que se nuclean alrededor de Scioli.

Se trata en primera instancia de la batalla por la inserción del camporismo en las listas de legisladores nacionales y provinciales y por los demás cargos en juego, de modo que le permitan tener el control del PJ, "la mayor corporación del país", como le gusta decir a un líder opositor irónicamente.

Esta demostración de fuerza de La Cámpora -con la aparición pública de Máximo- se da también en una coyuntura en la que el Gobierno nacional se muestra desorientado. La épica a la que supo sacarle el jugo en su batalla con los fondos buitre va camino a chocar con un muro de realidad el próximo 30, cuando opere el próximo vencimiento de la deuda reestructurada, en este caso de los bonos PAR por 200 millones de dólares.

Si el Congreso votó la ley de "Pago Soberano" -aunque contradictoriamente se prorrogue la jurisdicción a Francia- es por la urgencia del Ejecutivo de tener ese día dónde depositar los dólares, ya que si los transfiere al Bank of New York (BONY), el juez Thomas Griesa volverá a inmovilizarlos y el default "no voluntario" se tornará más grave, lo que podría permitir a los bonistas que entraron a los canjes pedir la aceleración de toda la deuda, un escenario de pesadilla que obligaría al país a tener que reestructurar todo luego de nueve años de pagos religiosos y en término.

Para ello, la ley votada por el Parlamento hace una semana autoriza al Ministerio de Economía a depositar los fondos en Nación Fiduciaria, pese a que esa institución no opera en Estados Unidos y no podrá el 30 transferir los fondos a los bonistas.

¿Servirá hacer un depósito que no llegará a manos de sus dueños para intentar evitar la pesadilla? ¿Sirve hacer de cuenta que se pagó? 
El Gobierno y todo el país lo sabrá en pocas semanas. La maniobra, legitimada por el Congreso, podría conllevar un efecto búmeran: que los bonistas entiendan que al correrse de prepo al BONY se incumplió con las condiciones de los prospectos y que hay suficientes causas para reclamar un default que, hasta ahora, era sólo culpa de Griesa y sus maquiavélicas órdenes.

No es este el único tópico donde el Gobierno parece estar buscando desesperadamente soluciones que se le escapan. Los especialistas en energía, el gran talón de Aquiles que tiene la economía argentina, se preguntan si no será en vano que la Presidenta y los gobernadores petroleros lleguen a un acuerdo para impulsar una nueva ley de Hidrocarburos con el objetivo loable de atraer inversiones que permitan revertir el déficit energético, si a la vez el propio Congreso kirchnerista sanciona esta semana un nueva ley de Abastecimiento que dará a la Secretaría de Comercio todo tipo de herramientas para intervenir, en gran medida discrecionalmente, en la formación de precios.

¿Qué otra cosa podría espantar más a un inversor que tiene que depositar millones de dólares que no saber si un día un funcionario se levantará y sin mediar explicaciones ordenará fijar precios máximos no ya sólo para las naftas, que están reguladas, sino para todos los bienes que produce el sector y, además, establecerá el tope de rentabilidad para las distintas ramas de la actividad?

Nadie sabe a ciencia cierta si las herramientas con las que contará el Ejecutivo tras la aprobación de la ley de Abastecimiento serán oportunas o, más bien, producirán más inflación ante la caída en la producción de bienes y servicios por el agravamiento de la puja entre los privados y el Estado. Pero será una jugada a cara o cruz que podría poner al país ante un escenario de mayor recesión.

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