Hacia 1885 Mendoza lucía muy diferente a la actual ciudad, sin embargo las pasiones encontradas y el rencor entre algunos de sus habitantes no diferían tanto. José Ceballos era un albañil que, dentro de la humildad de sus condiciones, había logrado cierta estabilidad económica convirtiéndose en un partido tentador.
Aquel 8 de noviembre cayó domingo y aceptó de buena gana la invitación de algunas damas para almorzar. Vistió sus mejores prendas y se puso en camino. Al llegar encontró entre las diversas damas a Margarita, su ex, “con quien Ceballos había vivido algún tiempo –señalaba diario Los Andes por entonces-y por disgustos que se habían suscitado entre ambos, éste la había echado a la calle, hace cosas de seis meses (…) y desde esa fecha no tenía relación alguna con la mencionada mujer”.
La incomodidad no impidió a José sentarse a almorzar tras conversar un poco. Entonces la dueña de casa le acercó una generosa copa de vino, cinco minutos más tarde el hombre “se sintió sumamente malo y creyendo morirse se levantó precipitadamente de la mesa y se dirigió a su casa a tomar la cama (…) Momentos después se vio acometido por convulsiones, perdiendo al mismo tiempo la razón y siguiendo en este estado hasta la fecha, en la que anda completamente desfigurado y loco”, especificaba el diario.
Por suerte el hombre se recuperó pronto y la “vendetta” de Margarita no pasó de ser un escarmiento. Sin embargo esta simple y temporalmente lejana anécdota, no deja de ser parte del universo vengativo presente en el imaginativo humano. Este sentimiento no debe tomarse a la ligera, de hecho los primeros sistemas legales se basaron en dicho concepto, imponiendo una justicia retributiva embebida en represalias. Podemos observar a la Babilonia del siglo XVIII a.C. haciendo hincapié en el Código de Hammurabi. El reglamento estableció, por ejemplo, que si un hombre libre vaciaba el ojo de un hijo de otro hombre libre, se vaciaría su ojo en retorno. Al respecto reflexionó el monumental Erich Fromm: “Muchas sociedades primitivas tienen sentimientos y normas intensos, y hasta institucionalizados, de venganza, y todo el grupo se siente obligado a vengar el daño hecho a uno de sus individuos. Es probable que desempeñen aquí un papel decisivo dos factores. El primero se parece mucho a otro mencionado arriba: el ambiente de escasez psíquica que impregna al grupo primitivo y que convierte la venganza en un medio necesario para la reparación de una pérdida. El segundo es el narcisismo, fenómeno que se estudia detenidamente en el capítulo IV. Baste decir aquí que, en vista del intenso narcisismo del que está dotado el grupo primitivo, toda afrenta a la imagen que tiene de sí mismo es tan devastadora, que suscitará de un modo totalmente natural una hostilidad intensa”.
Como vemos se trata de un tema omnipresente y muy humano. Quizás su lado positivo es que inspiró grandes páginas de la literatura universal, como el libro “Conde de Montecristo”. Incluso “la venganza es un plato que se sirve frío” es una frase tomada de otra novela francesa, “Las amistades peligrosas”, de Pierre Choderlos de Laclos. (En la imagen escena de la película homónima, con G. Close y J. Malkovich).