La vacuna que salvó la vida de muchos mendocinos - Por Luciana Sabina

En Mendoza, el estado comenzó a vacunar gratuitamente hacia 1885 a través de una sala de vacunación instalada en la Municipalidad.

Hoy el mundo gira alrededor de una esperanza: hallar una vacuna efectiva contra el coronavirus. Este tipo de medicamentos fue creado en 1796 por el británico Edgard Jenner para combatir la viruela. Al observar la inmunidad hacia esa enfermedad que demostraban aquellos en permanente contacto con las vacas, Jenner administró viruela vacuna a un pequeño de ocho años enfermo que se recuperó inmediatamente. Lo expuso nuevamente a la viruela humana y comprobó su hipótesis: el niño se había vuelto inmune. Debido a que la de la viruela fue la primera y estuvo vinculada con las vacas, se acuñó el término “vacuna” para referir a esta gran herramienta de la medicina.

La novedad llegó a nuestro territorio hacia 1803 y a lo largo de todo ese siglo se utilizó para combatir el virus. Pero fue recién a partir de la segunda presidencia de Julio Argentino Roca, entre 1898 y 1904, cuando las campañas de vacunación formaron parte de la agenda política. Desde principios de abril de 1901 la viruela se presentó con caracteres alarmantes, consecuentemente las autoridades llevaron a cabo un plan inmediato de vacunación domiciliaria. Los inmigrantes hacinados en pobres conventillos fueron el principal foco de atención.

La población comenzó a colaborar, lo que hizo posible el éxito. Hacia 1905 la revista porteña Caras y Caretas informó: “Las disposiciones dictadas últimamente que exigen con todo rigor la vacunación obligatoria han sido esta vez tan fielmente obedecidas de parte del público, que se han visto en ciertos aprietos los encargados de darle cumplimiento. Respondiendo al llamado que se hizo, los amplios patios de la Asistencia Pública resultaron estrechos para dar cabida al numeroso gentío que, acompañado de crecido número de bebés, concurrió lleno de impaciencia temerosa, a preservarse de los peligros de la viruela. La imposibilidad de satisfacer en el día todos los pedidos dio lugar como era de esperarse a las consiguientes protestas”.

En Mendoza el Estado comenzó a administrar vacunas gratuitamente hacia 1885, principalmente a través de una “Sala de vacunación” instalada en la Municipalidad de Ciudad bajo la dirección de Luis Carlos Lagomaggiore. Hasta entonces, se podía acceder a las mismas pagando en algunas farmacias, dónde además se aplicaban. Entre las antiguas boticas destacó especialmente la de Luis Verratti, ubicada frente a la actual Plaza San Martín. Este farmacéutico, de origen italiano, vacunaba todos los domingos de 10 a 12 horas.

En los departamentos la situación era más compleja. Desde este mismo diario se señaló la situación particular de Rivadavia: “La vacuna que fue administrada por un vacunador, dio muy malos resultados, pues, fueron muy pocos los inoculados, en razón de que el vacunador cobraba cincuenta centavos mn, por cada persona, siendo esta la causa de que la mayor parte de los niños quedaron sin vacunar por no contar sus padres con recursos suficientes para sufragar sus gastos (…  ) En una palabra estamos sufriendo en este Departamento, parte de las siete plagas de Egipto (…  ) la población diezmada por la peste y las autoridades tendidas a la Bartola” (Los Andes, 23 de mayo de 1885).

Como vimos, poco después el Estado tomó la responsabilidad de vacunar a sus ciudadanos para evitar verdaderas catástrofes. Es importante destacar que por entonces un 30% de las personas que enfermaban de viruela morían.

Conocer estos aspectos del pasado y advertir que el actual camino ya fue transitado por otras generaciones de manera victoriosa, trasmite cierta tranquilidad en este presente tan angustiante.

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