"Al que le quepa el sayo que se lo ponga"
"Al que le quepa el sayo que se lo ponga"
Dice un viejo proverbio popular, referido a si alguien se siente aludido en algo, no debe tratar de culpar a nadie sino que, antes, debe ubicar en su propia persona esas culpas.
Debo señalar que mi crítica la realizo como profesor asociado por concurso de la Facultad de Derecho. Con “dedicación simple”, con un sueldo de $ 2.400 mensuales y el 50% por antigüedad (casi 30 años de cátedra).
Soy profesor de grado, también de Doctorado, Masters y representante por los profesores, oportunamente, en el Consejo Superior. Acompañé la gestión de Armando Bertranou y José Francisco Martín por casi doce años; fui abogado externo de la UNCuyo en la gestión de Gómez de Erice (en la defensa de las tierras de la Universidad).
Se trata de tres excelentes docentes que han dado lo mejor de sus vidas y su vocación por la Universidad. Tengo tranquilidad, en mi crítica, por la claridad en los gastos (también en la gestión actual) pero una profunda desazón por la falta de presencia de la Casa de Estudios en el concierto nacional e internacional.
Ubicación de la Universidad en el ranking nacional, latinoamericano y mundial
Con vergüenza debo decir que la Universidad argentina ha perdido su brillo, ha desaparecido de los rankings de Universidades del mundo, de América Latina.
La U.B.A., que diera cinco premios Nobel y un premio Cervantes, entre otros, se ubica lejos de las grandes universidades brasileñas, mexicanas, chilenas.
¿Quién lo iba a pensar hace treinta años? Ni hablar de nuestra universidad, que se ubica en el puesto 70 entre las universidades latinoamericanas, 1.420 en el ranking del Mundo. Muy lejos de Buenos Aires, Córdoba, Rosario, Mar del Plata. Lejos de casi todas las universidades regionales de Chile, las de Estados de Brasil, Perú, Cuba, etc.
Todas nos han superado. Estamos a una eternidad. En otras gestiones, estábamos mejor ubicados. Ello hacía vislumbrar una esperanza de mejorar, acrecentar nuestro prestigio y llegar a le élite mundial. ¡Qué lejos estamos ahora de ser reconocidos!
¡Estamos en caída libre! No hay señales que nos permitan avizorar un futuro mejor a corto plazo. El World University Rankings dio a conocer su clasificación 2013 de las 100 principales universidades del mundo.
¡Ninguna argentina! Las justificaciones de los rectores y el ministro fueron una falacia, echando la culpa al sistema de evaluación: pareciera que quiénes hacen el ranking sólo perjudican a la Argentina, no a Chile, Brasil, Perú, México. Como siempre, está el “enemigo externo” a quien echarle la culpa.
Pautas de evaluación. Falta de publicidad. Docentes
Para la evaluación se han tomado pautas docentes, horas de trabajo ante los alumnos, concurrencia a clase, calidad de profesores, títulos de los mismos (doctorados, masters, especializaciones), tiempo de dedicación, investigaciones, participación en el medio social.
Nada de ello se cumple. Tenemos escasa investigación, poca dedicación exclusiva, poca participación con la sociedad.
En otros países los rectores rinden cuenta públicas ante la comunidad que los mantiene. La sociedad sabe en qué se gasta, qué se investiga.
Acá se silencia, se niega, para impedir conocer el mal gasto. Se construye (30.000 metros cuadrado en la última gestión) pero no se mejora académicamente. Casi nadie sobresale.
Debo decir, sin embargo, que los docentes en la crisis máxima del país hicieron su aporte personal. Debieron soportar, con la rebaja de sus sueldos, la caída en la calidad.
La universidad no ha caído más por el esfuerzo personal de los profesores que han sacrificado sus cargos, su vida, ingresos, tiempo.
Esta crisis empezó en el gobierno peronista de Cámpora, con Taiana y Puiggrós -marxistas militantes, uno ministro y otro rector de la Universidad de Buenos Aires-, luego por la derecha peronista de Ivanissevich, que se dedicó a la persecución ideológica y que le costó a la ciencia argentina más de tres mil profesores, algunos muertos, por la triple A (banda armada peronista regenteada por López Rega e Isabel Perón), luego por Montoneros o ERP. Muchos fueron separados de sus cargos, exiliados y prestaron luego sus funciones en universidades extranjeras de renombre.
La Alianza radical-peronista, con López Murphy, pretendió rebajar los sueldos y arancelar la Universidad. Pasaron luego otros nombres, poco hicieron.
Los ministros peronistas se regodearon creando universidades en sitios que no lo necesitan, de escasa población, ningún nivel académico.
En Mendoza, algunos políticos se adueñaron de universidades privadas mediante falacias y engaños.
Inversión en educación
Tanto Cavallo, en el gobierno peronista de Menem como López Murphy, en el de la Alianza, han creído que el dinero destinado a la educación es un gasto y no una inversión.
López Murphy planteó la reducción presupuestaria y trató de suprimir transferencias de fondos políticos al rectorado de UBA; quería racionalizar la estructura burocrática del Ministerio de Educación.
La devaluación de 2002 llevada adelante por Eduardo Duhalde, terminó reduciendo el presupuesto educativo en un 66%. El 20 de marzo de 2001 el ministro fue remplazado por Domingo Cavallo, quien luego terminó haciendo un recorte de 6.000 millones de dólares, pero para ese momento ya era demasiado tarde y la crisis económica fue irreversible.
Nadie ha invertido más en la historia que la Dra. Fernández de Kirchner, pero el esfuerzo no se nota. Los rectores malgastan los fondos públicos.
Hoy se destina entre el 5,4 al 6,5% del P.B.I. en la Universidad: $ 30.000 millones (art.12 Presupuesto Nacional). Se han repatriado investigadores pero nada cambió.
La universidad sigue sin brillo. El problema no es de dinero ni de alumnado, sino docente. No se enseña, no se transfiere, no se investiga. Hoy en la UNCuyo se gasta, de acuerdo al Informe del Rector de mayo de 2014, $ 1.169 millones.
Razones de la crisis. Alumnos. Cátedras burocráticas. Clase media acomodada
Se crean universidades en lugares sin población para pagar favores o satisfacer veleidades políticas u otras como las de las Madres de Plaza de Mayo que no alcanza el nivel académico requerido y que debe ser estatizada por vergüenza. Hay 47 universidades nacionales, cuando debería haber 20.
No se puede echar la culpa a los alumnos, pues las casas de estudio reciben la “aristocracia” del saber. Toda la clase media pudiente que rinde exámenes dificilísimos, donde ingresan los primeros promedios.
El nivel es increíble, pero se enfrentan a las cátedras burocráticas. Profesores eternos que nunca ejercieron la profesión, de los cuales muchos no pasarían una evaluación similar a las que exigen si fueran alumnos.
No hay renovación docente pues se permite llegar a los 70 años (en otros países a los 60/65 deben retirarse). Se malgasta el dinero en infraestructura, con bares enormes, lujosísimos, aulas de 200/300 alumnos, aire acondicionado, calefacción, luz “a giorno”, personal administrativo y no docente para una matrícula de dos mil o tres mil alumnos por casa de estudio pero concurren 20 alumnos de promedio por cátedra. ¡Apenas el 10% de los regulares!
Los pobres circundantes (Barrio Olivares, la Favorita) no han advertido esta circunstancia. Si no, hubieran pedido cuentas. No hay un pobre en la Universidad y escasísimos estudiantes de clase media baja.
Hay facultades con carreras sin alumnos. Aulas lujosísimas, con piso de madera que no se ocupan hace años.
La participación y concurrencia es escasa y la deserción, enorme. El malgasto es impúdico: la universidad, por ejemplo, tiene ocho o diez cátedras que dan matemáticas; ocho que dictan derecho fuera de las facultades propias.
Bastaría con una sola, que diera clase, en todas las facultades y con profesores bien pagos. Pero, ¿quién se anima a la reforma estructural? ¿Quién le pone el cascabel al gato?
La investigación no existe, (o se investiga mal y con un sesgo político, salvo raras excepciones de altísima calidad). Los investigadores se repiten con una temática carente de realidad. Se usa del dinero de la investigación para mejorar sueldos. ¡La sociedad debe pedir cuentas!
Futuro educativo
Debe asumirse la crisis; salir de la oscuridad y pedir a las nueva autoridades un cambio de actitud. Los universitarios debemos rendir cuentas al pueblo, dar a conocer ingresos por investigación, por la Fundación, materias, docentes, montos y temarios en investigación.
Debe exigirse a los profesores el mejoramiento de sus currículas y pedirse una evaluación internacional de las casas de estudio, sus administraciones, sus cátedras, las necesidades de las carreras, de las casas de estudio, los temas de investigación y su importancia. Las becas otorgadas deben ser revisadas para que la sociedad conozca.
Recién entonces habrá una posibilidad de brillo ateniéndonos al presupuesto utilizado y a la cantidad de alumnos matriculados.