16 de septiembre de 2015 - 00:00

La propuesta de Dante Caputo

El ex ministro de Alfonsín, Dante Caputo, ha lanzado un llamado a conformar una futura coalición de gobierno que reúna a todos o la mayoría de los partidos de la oposición. Se trata de una propuesta singular pero realista, vinculada a la difícil situación que enfrentaría un gobierno no peronista frente al cuadro de demolición general de las instituciones y la macroeconomía que practicó el kirchnerismo.

Como sólo un gobierno con fuerte respaldo parlamentario podría encarar una misión tan abrumadora, conviene reflexionar sobre el particular.

Caputo considera que un mero acuerdo electoral estaría condenado a fracasar, de modo que señala la conveniencia de un "acuerdo de gobierno" en el que se definan con cierta precisión una serie de políticas públicas concretas e instrumentales para afrontar los requerimientos de los próximos cuatro años. Para que este acuerdo sea creíble para la sociedad, debería basarse en un mecanismo que asegure que los integrantes cumplan con lo pactado. Pero en un sistema presidencialista no es fácil alcanzar este objetivo.

En los sistemas parlamentarios los denominados gobiernos de coalición son creíbles porque existe un mecanismo institucional que garantiza su cumplimiento. Si el primer ministro que lidera el Gobierno no cumple con lo pactado con sus socios de coalición, corre el riesgo de que sea presentada una moción de censura. Basta que esa moción de censura obtenga la simple mayoría de la Cámara de Diputados, para que el Gobierno caiga.

En un sistema presidencialista el presidente que gana la elección obtiene un mandato por cuatro años que, en principio, no puede ser revocado. El "juicio político", -que sería un sucedáneo de la "moción de censura"- requiere la mayoría reforzada de los dos tercios en ambas Cámaras, lo que lo convierte en un recurso poco apto para garantizar los pactos de gobierno.

Por consiguiente, el presidente tiene la posibilidad institucional de desconocer los acuerdos con otras fuerzas políticas sin pagar precio político alguno.

Caputo se plantea el interrogante de cómo crear las garantías mutuas que obliguen a todas las partes a cumplir con el programa de transición y evitar que el presidente se sienta tentado a despegarse de esos compromisos. Cada parte debe tener algún poder de veto, es decir que pueda amenazar con la disolución de la coalición, para que ésta resulte creíble frente a la opinión pública.

Para Caputo, en la necesidad de construir mayorías en el Congreso y en la designación de un jefe de Gabinete "afín al presidente" se encuentran las llaves de mutuas garantías de la coalición. Es muy probable que si, por ejemplo, el próximo presidente fuera Mauricio Macri, carecería de suficiente respaldo parlamentario por lo que se vería obligado a la ampliación de la alianza electoral que lo llevó al poder. Para conservar ese respaldo en el Congreso debería seguir la partitura diseñada por la coalición.

Por otra parte, la Constitución prevé la figura del Jefe del Gabinete que hasta ahora no ha sido suficientemente aprovechada. Pero en este caso, a diferencia de lo que piensa Caputo, mejor que designar a una personalidad "afín al presidente" sería conveniente designar en ese puesto a una personalidad fuerte, con su propio bloque parlamentario. Pensemos, por ejemplo, en Sergio Massa.

La Constitución de 1994 se quedó corta en su intento de acercarse a un sistema parlamentario. La implantación de un jefe de Gabinete designado por el presidente, -abandonando la idea de que su nombramiento fuera efectuado por la Cámara de Diputados- lo convirtió en la práctica en un ministro más, en un simple secretario del presidente. Sin embargo, nada impide que el presidente dote de autonomía al jefe de Gabinete, delegando en la Cámara de Diputados su designación o su cese.

De este modo tendríamos una suerte de sistema parlamentario sin necesidad de reformar la Constitución. Sería una fórmula adecuada para resolver los problemas de la coyuntura política, que bien podría servir como una suerte de banco de pruebas para ensayar un sistema parlamentario. No es mala idea tratar de ir tomando distancia de nuestro sistema de presidencialismo monárquico que tanto daño ha causado al país.

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