Maximiliano Noguera fue testigo "preferencial" de la mísera vida que Rita Rodríguez (24) y Jorge Orellano (37) le hacían llevar a Luciana Rodríguez, la niña que murió por los golpes recibidos el 7 de enero de 2014.
Maximiliano Noguera fue testigo "preferencial" de la mísera vida que Rita Rodríguez (24) y Jorge Orellano (37) le hacían llevar a Luciana Rodríguez, la niña que murió por los golpes recibidos el 7 de enero de 2014.
Ayer, este joven se presentó en la Séptima Cámara del Crimen, donde se juzga a la pareja por homicidio agravado, y contó sus experiencias dentro de la casa en ruinas que la pareja usurpaba en Entre Ríos al 300 de Ciudad.
Noguera visitó varias veces esa vivienda y pudo ver que la niña era maltratada y recibía un trato más violento que el de sus hermanas, aunque todas andaban "sucias, desnudas".
Según el testigo, la vida de la pareja "hacia foco en ellos y en las drogas", y además, "había maltratos físicos y verbales”.
Y cuando quiso denunciar la situación de Luciana, la Policía le dijo que no podía denunciar porque se trataba de un asunto de instancia privada. Noguera contó que el 1 de enero del año pasado -6 días antes de que muriera la niña- fue hasta la comisaría Tercera para denunciar "que una niña era maltratada.
Un policía llamó a un superior y le dijo que la golpeaban. Él me dijo que era una cuestión familiar y que yo no podía denunciar, que sólo podía hacerlo un familiar.
De esta forma, Noguera se transformó en el segundo testigo que sostiene que la Policía no sólo no se interesó en el caso, sino que no les indicó a los denunciantes que podían dirigirse a la Oficina Fiscal Nº 1 que funciona en la misma comisaría.
La noche anterior Noguera estuvo en la casa de la pareja. Todos se fueron a acostar y él se quedó viendo televisión. En ese momento vino Luciana. Orellana también se levantó y la hizo acostar. "Cinco minutos más tarde se levantó y como no se dormía le empezó a pegar. Cuando se quejó le dio unas patadas", afirmó el testigo frente al tribunal.
En las visitas que Noguera hizo a la pareja pudo comprobar no solo los hábitos nudistas que practicaban -ella se bañaba desnuda adelante de todos-, sino el consumo de drogas -él fumaba marihuana cada media hora- y también los maltratos.
Según el joven, una noche hicieron unos sandwiches y cuando Luciana se acercó con la intención de comer, no le dieron nada.
"Había una diferencia de trato con las hermanas. Luciana estaba muy abandonada. Y las ultimas dos semanas el maltrato se intensificó", dijo Noguera, que se negó a decir los insultos que le decían a la nena para no ofender a Dios.
Ayer también declaró Luis Villegas, otro cuidacoches que siguió a Orellano hasta la clínica Santa María cuando el hombre llevó, agonizante, a Luciana.
"La llevaba alzada, como si fuera una muñeca de trapo", para graficar que la niña ya estaba muerta, algo que confirmó ayer la doctora que trató de reanimarla durante media hora en la mencionada clínica capitalina.
Este testigo también dijo que un empleado de un comercio llamó por teléfono a la Policía y "le dijeron que no podía denunciar si no eran familiares directos".