En indudable que, desde hace tiempo, el catolicismo viene siendo atacado desde distintos ángulos: propuestas de supresión de la educación religiosa (consagrada constitucionalmente ), ataques a la Sma.Virgen María en sus imágenes en distintos lugares, como si la virtud fuera un pesado lastre del que hay que desprenderse; proliferación de los pañuelos verdes, campañas de difamación contra todo aquello que el catolicismo sostenga.
No obstante, es justo reconocer que, lamentablemente, muchas campañas más que difamar han denunciado vicios, pecados y delitos ciertos que anidan en miembros del clero. Pero estas críticas son solamente contra los católicos, no contra judíos, musulmanes,egipcios u otros credos, evidentemente es clara la direccionalidad.
Cabe entonces preguntar: ¿por qué? Debemos remontarnos a los orígenes. En los primarios tiempos de la creación, Luzbel o Lucifer, fue el primero de los ángeles, el preferido de Dios; ello lo ensoberbeció y se alzó contra la autoridad divina pretendiendo la prioridad celestial; como castigo fue condenado al fuego del Infierno creado para él.
Desde entonces Lucifer, Luzbel, Satanás, el Mandinga criollo o como se le suela llamar, mantuvo su odio hacia el Dios que lo creó, tratando de esparcir su sentimiento de rencor; intentó la tentación a Jesús, el hijo divino, ofertándole glorias
terrenales de poder y dominación y, fracasando en su intento. Desde entonces lucha por tener la prioridad en el mundo terrenal, haciendo llevar a los hombres hacia su morada infernal.
Su no menguada inteligencia, lo hace crear todas las argucias y tentaciones para atraernos a su satánica morada. Y se nos hace muy difícil no caer en sus redes. La ambición, el egoísmo, la inmoralidad, la avaricia, la lujuria, la codicia, etc, ya enumeradas por Dante Alighieri, son vicios atractivos para todos y nos cuesta no incurrir en ellos.
Se puede pensar que esto es una “versión católica” de los hechos; pero desde que el mundo fue habitado han existido el bien y el mal, los dioses benéficos o maléficos: el ying y yang de los orientales, Amon y Seth de los egipcios, Zeus y Poseidón, Loki y Thor de los pueblos nórdicos y otros.
Siempre el ser humano ha debido vivir entre esas dos opciones siendo claro que hay algo superior que lo motiva. Entonces: ¿qué nos guía para diferenciar lo uno de lo otro?
Es común aplicar los términos “celestial” e “infernal” a lo bueno o malo que percibimos o hacemos; es de cir que -nos demos cuenta o no- impera siempre el concepto esencial del bien o del mal derivado del origen divino que dividió los dos grandes campos: Cielo e Infierno. Como conclusión, debemos inferir que -lo reconozcamos o no- el origen final de todo se remite a la concepción católica de nuestro principio de vida.