Para las elecciones son importantes ciertos adminículos que sin ellos harían imposible el intento. El documento de identidad, por ejemplo para que los encargados de la mesa tomen constancia de que usted existe y es el mismo que muestra esa foto del todo deteriorada que la papeleta ostenta. Es indispensable.
Es indispensable que existan los padrones en manos de quienes tienen la tarea de chequear cada uno de los pasantes, para que no haya errores de naturaleza alguna.
Son necesarios el presidente de mesa, demás funcionarios, incluyendo los fiscales de los partidos políticos que son como los cuidadores de que todo se desarrolle con normalidad y que al final, en el escrutinio, no existan irregularidades. Cosa que se da habitualmente.
Necesaria es la urna adonde uno deposita su voto y se va llenando en la medida en que los ingenuos votan. Es la guardiana de la voluntad popular y por eso tiene la importancia que tiene. Son de cartón duro y tienen una boca que dice por lo bajo: “La solución es urna sola”.
También los sobres son imprescindibles, porque garantizan que el voto sea secreto. Es como una carta que uno le envía al futuro rogándole que no sea tan rudo con nosotros.
Y por supuesto el cuarto oscuro. Generalmente el aula de una escuela dispuesta a tal fin, llena de los afiches y leyendas que han colgado los alumnos en las paredes.
Un amigo dice que teniendo en cuenta los personajes que aparecen en las listas, bueno sería que en vez de las escuela se votara en las comisarías, pero hasta ahora eso no se ha dado.
El cuarto oscuro tiene pizarrón y tiene bancos, que es donde se sientan los párvulos. Uno piensa que es injusto que se mancille con una elección el ambiente puro que habitualmente se vive en esos recintos.
Pero están y uno tiene que enfrentarse con ellos. Sobre en mano entra al lugar asignado y se encuentra en absoluta soledad frente a las ofertas que las boletas extienden sobre los pupitres.
El cuarto oscuro es una metáfora, no una realidad, porque en realidad el cuarto está lo suficientemente iluminado para que los electores encuentren lo que andan buscando. Se llama oscuro porque permite una privacidad absoluta, nadie ve lo que está haciendo el votante, está solamente él y su destino, nadie más. Debería estar muy lleno de focos de luz para que ayuden a iluminar la decisión de ese que se enfrenta al acontecimiento con cierta incertidumbre.
Porque ahí, en el cuarto oscuro están las boletas en oferta para que uno pueda elegir de acuerdo a su criterio, o al azar si no tiene criterio alguno.
Puede que el tipo ya tenga decido su voto de antemano y entonces la estadía dentro del cuarto oscuro es mínima y su permanencia muy breve. Ya viene con el asunto resuelto y no tiene por qué demorarse.
Pero hay muchos que llegan sin saber qué hacer y les entra un estado de incertidumbre que es muy difícil de sobrellevar. Si hasta algunos han llegado a gritar ¡socorro! en tales circunstancias.
No está permitido entrar al cuarto oscuro con su psicólogo, no está contemplado, uno tiene que arreglársela solo y en esa situación no valen los consejos.
Lo que sí puede hacerse es encomendarse a los dioses. Sea usted de la religión que sea puede, en soledad, arrodillarse y orar para que los de arriba orienten sus manos. Puede ser una forma de acertarle, aunque las ofertas no sean como para acertarle por más rezos que se desgranen. Los dioses suelen estar tan indecisos como nosotros.