14 de octubre de 2018 - 00:00

La música logró derrumbar montañas - Por Gastón Bustelo

Música y derechos humanos, era una convocatoria poco habitual para Mendoza.

La gira de Amnesty había programado 18 conciertos en distintos países de los cinco continentes.

Ir al recital de Amnesty implicaba no sólo escuchar buenos músicos y bandas, era comenzar a entender de qué se trataban los derechos humanos. En las entradas al estadio Islas Malvinas, se podía firmar la declaración universal por los Derechos Humanos, debido a que la gira se hizo porque cumplía 40 años el texto sancionado en 1948 y que el próximo 10 de diciembre cumplirá 70 desde que la aceptó la Asamblea General de las Naciones Unidas.

Así es como se podía ver con tranquilidad el texto de la declaración con sus 30 artículos.

Leerlos significó un gran avance para muchos de los que asistieron. Sirvió para tener claro que con los derechos humanos no se debe hacer política y menos reducirlos a algunos aspectos como la represión, torturas y desaparición de personas, sin dudas importantes; pero hacerlo es simplificalos y dejar fuera un montón de aspectos.

Aprendimos que la declaración rescata la libertad de pensamiento y la libertad de expresión. También indica que la maternidad y la infancia deben tener especiales cuidados, hace hincapié en una educación humana y que los padres deberán elegirán el tipo de educación. Confirmamos que toda persona tiene derecho, en condiciones de plena igualdad, a ser oída públicamente y con justicia por un tribunal independiente e imparcial, para la determinación de sus derechos y obligaciones o para el examen de cualquier acusación contra ella en materia penal.

Uno de los últimos artículos de la declaración, considerada la constitución del mundo por el filósofo Yuval Noah Harari -autor de Homo Deus, de Animales a Dioses-, es uno de los más inspiradores y destaca que “en el ejercicio de sus derechos y en el disfrute de sus libertades, toda persona estará solamente sujeta a las limitaciones establecidas por la ley con el único fin de asegurar el reconocimiento y el respeto de los derechos y libertades de los demás, y de satisfacer las justas exigencias de la moral, del orden público y del bienestar general en una sociedad democrática”.

El recital se realizó 9 días después de que los chilenos votaran mayoritariamente por el No en el plebiscito que sacó a Pinochet del poder. En Argentina ya había un gobierno democrático que avanzaba como podía contra los miembros de la Junta Militar.

A partir de las 8 de la mañana se podía empezar  a caminar hacia el estadio Malvinas desde los Portones del Parque. Ahí les esperaba una gran fiesta para las 30 mil personas que asistieron.

Convencidos de que con la música se pueden lograr objetivos, cuando todo terminó, casi a las 2 de la madrugada, Peter Gabriel, Bruce Springsteen, Sting y Tracy Chapman junto a los chilenos Inti Illimani y Markama, hicieron posible que 30 mil personas pudieran relacionarse desde otro lugar frente a derechos fundamentales para las personas.

Caminamos agotados de regreso por el Parque San Martín pero felices. Los músicos con sus acordes y mensajes lograron que la cordillera se fundiera y dos pueblos aprendieran lo que estaban recuperando con la democracia, como también la seguridad de tener claro qué era lo que nunca más debía suceder en ambos países.

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