31 de enero de 2018 - 00:00

La hora de la lluvia artificial (II) - Gustavo Marón Abogado

En la entrega anterior vimos de qué forma la reciente devastación producida en General Alvear por los incendios forestales podría marcar el inicio de la Lluvia Artificial en Mendoza, una modalidad de Modificación Artificial del Tiempo Atmosférico que el Gobierno de Mendoza podría desarrollar con los mismos recursos con los que ya cuenta para atender el servicio de Lucha Antigranizo.

Baste indicar que, por temporada, sólo las nubes graniceras tratadas por el servicio de Lucha Antigranizo (que representan apenas un 12% del total de las celdas observadas por radar sobre el territorio provincial) precipitan sobre Mendoza el agua líquida equivalente a la existente en siete embalses El Nihuil, dieciséis embalses Valle Grande, siete embalses Agua del Toro y doce embalses Los Reyunos. Imagine el lector cuál sería el resultado si se "estrujaran" sistemáticamente todas las nubes potencialmente lluviosas y no sólo aquellas que representan un peligro por su potencial granicero.

Para mejor, en Mendoza se encuentran perfectamente definidas las épocas del año y las áreas de convección favorables a la formación de nubes cumuliformes, en particular de las especies Cumulus humilis, Cumulus congestus y Cumulus nimbus, es decir, las principales portadoras del stock de agua aprovechable. También se encuentran definidos sus cursos de avance prevalentes, las alturas y velocidades a las que se desplazan. El movimiento de las nubes sigue un patrón natural que es función de la dinámica atmosférica, que a la vez depende del movimiento de rotación de la Tierra y su traslación a través de la elíptica solar.

El agua atmosférica tiene una capacidad innegable de satisfacer el interés general, pues constituye el reservorio del cual manan las lluvias y precipitan las nieves. El agua atmosférica está en la base natural de todo proceso de explotación agrícola y en el origen de todo flujo fluvial, pues no se concibe la vida vegetal sin agua dulce, ni los ríos sin aguas superiores o glaciares que los abastezcan. En uno y otro caso, todo remite al agua atmosférica, cuyo aprovechamiento general ha sido históricamente indirecto (mediante el uso y disfrute de espejos y cauces) pero que en nuestra generación ha comenzado a ser directo (mediante el incremento de precipitaciones en zonas áridas, interrupción del ciclo de gestación del granizo para evitar daños a los superficiarios, etc).

Para Mendoza, cuya supervivencia depende del escurrimiento de glaciares de montaña cada vez más pequeños a consecuencia del Calentamiento Global, la Lluvia Artificial no constituye una excentricidad sino una necesidad. Según el Departamento General de Irrigación la situación hidrológica para el próximo ciclo indica que el Río Mendoza tendrá un caudal pobre (el menor en ocho años), los ríos Tunuyán y Malargüe permanecerán secos, y que será pobre el caudal en los ríos Diamante, Grande y Atuel (en este último caso, el menor caudal en diez años). Con este panorama, es evidente que no se pude seguir dependiendo del escurrimiento glaciar.

En los Estados Unidos se vienen realizando exitosos programas de Lluvia Artificial en Nevada (sobre Owyhee, las montañas Ruby y Toyabe y los lagos Truckee y Tahoe), California sobre el lago Almanor y los ríos American, Mokelumne, Carson, Walker, Toulumne, Kaweah, Kern y San Joaquín), New México (todo el territorio), North Dakota (condados de MacKenzie, Mountrail y Ward) , Oklahoma (todo el territorio) y Texas (todo el territorio).

Todos estos proyectos han sido desarrollados sobre bases científicas uniformes a partir de los estudios conducidos desde el National Center of Atmospheric Research (NCAR) con sede en Denver, Colorado. Es interesante destacar que los responsables científicos y operativos de cada uno de estos proyectos se encuentran integrados en la Weather Modification Association, institución de la que forma parte de la Dirección de Agricultura y Contingencias Climáticas del Gobierno de Mendoza. Además, la mayoría de los programas de Lluvia Artificial han sido diseñados y ejecutados conforme a los manuales y guías elaboradas por la American Society of Civil Engineers, por lo que realmente hay poco margen para la improvisación.

La explotación del acuífero atmosférico por parte del Gobierno de Mendoza no sólo permitiría incrementar la superficie irrigada de la provincia sino que evitaría el proceso de desertificación de vastas áreas marginales afectadas por el Cambio Climático. A través de la Lluvia Artificial podría sostenerse la ganadería de secano en tierras actualmente inviables, además de mantener húmedos los campos donde hoy, por la sequía, sólo crecen las llamas de los incendios forestales.

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