La película de 1999 "El proyecto Blair Witch" modificó los cánones de la industria del cine de terror con la moda del "found footage", es decir material fílmico encontrado casualmente que iba develando una historia terrorífica en un tono casi documental.
En "Blair Witch: la bruja de Blair", que se estrena hoy en las multisalas, se repite el esquema en un producto fílmico que todavía no está muy claro si se trata de una remake, una secuela o un "reboot" para las nuevas generaciones de espectadores.
El esquema argumental es el mismo. Un grupo de estudiantes universitarios se aventura en el bosque de Black Hills para saber qué pasó allí hace casi 20 años y buscar información sobre la hermana desaparecida de uno de ellos en el primer film.
Todos se muestran escépticos con la leyenda de la Bruja de Blair, pero cuanto más se internan en el famoso bosque, más empiezan a entender que la leyenda es muy real y más siniestra de lo que pudieron haber imaginado.
Ahora la dirige Adam Wingard, que cuenta con más actores en el reparto y con nueva tecnología que incluye drones, teléfonos celulares, cámaras que parecen audífonos y otros chiches.