25 de mayo de 2019 - 00:00

La grieta durante la Primera Junta - Por Luciana Sabina

Para los revolucionarios de mayo el interior resultaba molesto, configurando una especie de sombra poco conocida.

Aquel 25 de mayo fue un día lluvioso, gris en apariencia, pero luminoso como pocos. Desde los balcones del Cabildo porteño se proclamó la Junta Provisional Gubernativa de las Provincias del Río de la Plata, a nombre del Señor Don Fernando Séptimo. Más conocida como Primera Junta. Nombraron a Cornelio Saavedra como presidente; Juan José Paso y Mariano Moreno como secretarios, mientras que los cargos de vocales recayeron sobre Manuel Alberti, Miguel de Azcuénaga, Manuel Belgrano, Juan José Castelli, Domingo Matheu y Juan Larrea. Los nueve hombres aparecieron sobre el balcón del histórico edificio -aún de pie en medio de la ruidosa ciudad- y cuando Saavedra comunicó a una pequeña multitud la existencia del nuevo gobierno todos fueron aclamados.

Años más tarde, Don Cornelio escribió: "Hicimos un formal abandono de nuestras vidas, de nuestras familias e intereses, arrostrando los riesgos a que con aquel hecho quedamos expuestos. Nosotros solos, sin precedente (…  ) confiados en nuestras propias fuerzas y su bien acreditado valor y en la misma justicia de la causa de la libertad americana. (…  ) Nosotros solos, digo, tuvimos la gloria de emprender tan abultada obra".

Lamentablemente las disputas y la división se materializaron de inmediato. "Lo más de los días -escribe Saavedra- se traían a la Junta listas de hombres que se decían eran contrarios a la causa y al gobierno, solicitando su destierro o separación de esta ciudad y aún de la provincia. Como ellas eran apoyadas por algunos individuos de la misma Junta, al principio surtieron los efectos que los delatores se habían propuesto; más eran tan repetidas estas listas que ya no me fue posible dejar de manifestarme contrario a su ejecución. No se sabía quiénes eran los delatores, no se probaba ni acreditaba con hechos, ni documentos, los intentos de subversión del sistema de que se acusaba a aquellos hombres".

Las acciones de este tipo fueron fomentadas por Moreno y apoyadas desde la mayoría de la junta. El numen de Mayo impuso su voluntad durante muchos meses. Y frente a él se ubicó Saavedra a la cabeza de otra facción.

Más allá de dicho enfrentamiento, para todos los revolucionarios el interior resultaba molesto, configurando una especie de sombra poco conocida con la que no deseaban compartir el poder. Moreno logró evitar otorgarle un espacio real. A medida que los diputados de las provincias llegaban se los destinaba a tareas menores y no eran incorporados. Estos recorrían las calles de Buenos Aires sin mucho que hacer, mientras sus recursos se extinguían.

Paralelamente las medidas impulsadas por don Mariano tomaron un cariz severo y hasta sangriento, colisionando con el espíritu característicamente moderado del interior. Su accionar punitivo y avasallante encontró un rechazo aún mayor entre los saavedristas, especialmente luego del fusilamiento de Liniers.

Saavedra logró imponerse e incorporó inmediatamente a los diputados del interior, neutralizando a su oponente. Nació así la Junta Grande, en reemplazo de la Primera Junta. El centralismo crudo de Moreno no soportó tal anexión, renunció y aceptó una misión diplomática en Inglaterra, muriendo en el camino.

Como vemos, la famosa “grieta” se halla presente desde el comienzo y el menosprecio del interior desde una capital omnipotente, también.

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