5 de julio de 2014 - 00:00

La falta de prudencia y la ausencia ante problemas reales

El autor de la nota polemiza con una decisión de la Suprema Corte de Justicia de Mendoza que podría, según su opinión, suspender obras que perjudicarían a la producción de Lavalle. Y reclama apoyo de políticos y productores a su postura.

"Es necesario reconocer que la prudencia es esta cualidad que, guiada por la verdad y por la razón, determina nuestra conducta con respecto a las cosas que pueden ser buenas para el hombre". Aristóteles

El filósofo ilustraba de esta manera lo que significa la virtud de la prudencia para el hombre. El hombre virtuoso, continúa diciendo, es aquel “ser capaz de deliberar y de juzgar de una manera conveniente sobre las cosas que pueden ser buenas y útiles”.

Frente a las imposiciones del reciente fallo de la Suprema Corte de la Provincia, que hace lugar a la medida cautelar presentada por la UCR, cabe reflexionar sobre esta virtud. Sin pretender entrar en el debate de fondo (endeudamiento sí, endeudamiento no), sí quiero expresar cierta sorpresa al leer que por lo dispuesto en el mencionado fallo se suspenden los créditos provenientes de empréstitos, aun cuando estos hayan tenido previa autorización legislativa y se encuentren en ejecución. De ser así esto, implicaría decirle al mundo ni más ni menos que para Mendoza no valen los contratos firmados.

Esto es lo que sucedería si esta confusa redacción se mantiene en el fallo que posteriormente resuelva la cuestión de fondo. En el caso del Departamento General de Irrigación le estaríamos diciendo al Banco Interamericano de Desarrollo ( BID) que el convenio firmado el año pasado, con previa autorización legislativa, de los mismos legisladores que plantearon la medida que origina el fallo, vale cero. Flaco favor le haríamos a Mendoza.

Sin ir más lejos, y para no abundar sobre lo que ya es público, afectaríamos 18.000 hectáreas de riego al suspender la obra por la falta de financiamiento que, como se dijo, fue autorizado con anterioridad a este debate. ¿Cómo conduciremos el agua en aquellos canales a medio hacer? ¿Y la pérdida de la producción? Recalco: ¿y la pérdida de la producción? Estos son hechos, no palabras. Cabe preguntarse si bastarán los $ 2.000.000 fijados por la Justicia como caución real para cubrir estos daños.

Un fallo de esta magnitud, tan ambiguo y confuso, pudo haberse redactado quizás con la torpeza propia de alguien que está demasiado presto a socorrer a un amigo, o bien temeroso de las presiones de algún correligionario, pero que olvida que su prestigio como consagrado administrativista lo tiene dado no por su filiación política, sino por su sapiencia y experiencia al servicio del derecho y la justicia. Esperemos pues que se recobre, si no la prudencia, al menos la cordura.

Lo que ciertamente no me sorprende es que frente a esta gravísima situación para los productores brillan por su ausencia los supuestos “defensores” de los regantes. No se ha visto ni oído decir palabra alguna sobre este problema a la senadora nacional por Mendoza, y su asesor que se arroga la defensa de los regantes de Mendoza, ni a los legisladores provinciales que “ferozmente” en situaciones mínimas defienden a la producción, como es el caso del los legisladores firmantes del pedido a la Corte.

Tampoco se escuchó la voz de productores que acostumbran ante los medios mostrar su descontento, invocando el bien común en busca de un beneficio individual. Tampoco mostró su descontento la autoproclamada “Asamblea del Agua” ni los deudores crónicos que pretenden, a través de “pedidos de renuncia”, confusas movilizaciones y otras denuncias banales, verse exentos del pago que, curiosamente, otros productores cumplen religiosamente. ¿A dónde están ahora que 1.000 regantes ven frente a sus narices la ruina o la pérdida de una ilusión tan esperada? Ni una palabra se dijo.

Creo que sí están. Pero se esconden bajo el ropaje de un republicanismo falso. Y lo hacen solapadamente detrás de proyectos personalistas que, sea por candidaturas precoces los unos, ansia de protagonismo los otros, surge palmariamente que lo único que buscan “defender” son intereses particulares. Su estrategia muchas veces es un fútil intento de confundir y dividir, esa actitud tan típica descripta por Maquiavelo, que puede que sirva para el “arte” de la política pero no para la política que necesita hoy Mendoza.

Es la prudencia, entonces, la principal virtud deseable para cualquier dirigente que se precie de tal; abrevemos pues en ésta, que Mendoza nos lo demanda a gritos.

LAS MAS LEIDAS