14 de marzo de 2020 - 00:00

La experimentación científica con animales - Por Oscar Alfredo Mellado

La célebre declaración de Cambridge selló para siempre la existencia de autoconciencia en los animales.

"Les niego todo valor a los descubrimientos científicos salpicados con sangre inocente". Ghandi.

Días atrás una noticia en diario La Nación daba cuenta que, con motivo de la epidemia de coronavirus, monos macacos Rhesus fueron infectados con una cepa de esa enfermedad.

El objetivo era procurar la obtención de una vacuna que terminase con el flagelo. 
Continuaba el informe expresando que el experimento provenía de la Academia Nacional de Ciencias (PNAS por sus siglas en inglés) de Estados Unidos.

La nota periodística, seguiría agravando mi estupor ya que la atroz práctica no concluía en lo dicho, faltaba el “sacrificio” (léase asesinato) de los primates, lo que se dispuso acontecería a los seis días de la inoculación. Así sucedió.

Se sabe desde antaño que las investigaciones y experiencias realizadas en animales han arrojado magros, ínfimos y despreciables resultados.

Movimientos enrolados en defensa de derechos de ANH (animales no humanos) y organismos científicos, académicos de probada jerarquía exhiben constantemente, y en modo contundente conclusiones  fundadas en estudios serios y profundos respecto de la ineficacia de estos procederes, al tiempo que señalan las exorbitantes erogaciones dinerarias realizadas; así se afirma que tales prácticas insumen  aproximadamente 20 billones de dólares anuales, y se utilizan (léase: se matan) 100 millones de animales vertebrados en el mismo período de tiempo, todo a nivel global.

Aunque parezca ocioso vale reparar que quienes defienden la experimentación con animales desconocen o desprecian los derechos elementales de estos seres, tales como la integridad física- psicológica, la libertad, la vida, salud, etc.

También ignoran que las causas del fracaso en las prácticas que refiero se encuentran básicamente en lo siguiente:

1°) Los animales son genética, histológica, anatómica, inmunológica, fisiológica, sexual y socialmente distintos al ser humano.

2°) La enfermedad humana, estudiada en un organismo disímil es inducida en animales aparentemente sanos por medios artificiales y violentos.

3° ) Un animal encerrado en un laboratorio es un ser atormentado, cualquier prueba que sobre él se haga contendrá en su resultado, aunque ocultas, las huellas de su sufrimiento.

En esta línea es necesario enfatizar que la probabilidad que un fármaco proveniente de los estudios en cuestión sea eficaz en seres humanos es del 6%.

Desconocen que cada animal posee un código genético propio, es un dato fijo y particularmente único en cada especie, por ello ninguna de ellas puede servir como modelo experimental para el hombre. (Dr. Arie Brecher, pediatra).

En  2012 se produjo un hecho trascendente a nivel científico en torno a esta problemática, el mismo consistió en la elaboración de parte de un grupo de académicos y docentes de máxima jerarquía, por citar algunos de los integrantes, el eximio científico Stephen Hawking y el  profesor Phillips Law, de la célebre Declaración de Cambridge, documento que selló para siempre la existencia de autoconciencia en los animales, estableció la presencia de emociones en los mismos, sensaciones de alegría, felicidad, pena, tristeza, sufrimiento y dolor.

Entonces, persistir en estos abominables y aberrantes métodos, cualquiera sea el interés que lo movilice, existiendo caminos alternativos ética y científicamente virtuosos, incruentos y reparando en la indiscutible categoría de sujeto de derecho que ostenta el animal, es degradar la condición humana.

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