“Está en la dulce espera”, “Debí esperar a que amaneciera para partir”, “Esperá sentado porque parado te vas a cansar” y otras expresiones con ‘esperar’ nos llevan a preguntarnos si siempre posee este verbo el mismo valor. Analicémoslo.
“Está en la dulce espera”, “Debí esperar a que amaneciera para partir”, “Esperá sentado porque parado te vas a cansar” y otras expresiones con ‘esperar’ nos llevan a preguntarnos si siempre posee este verbo el mismo valor. Analicémoslo.
La primera acepción que encontramos nos habla de “permanecer en el lugar donde se sabe o se cree que llegará alguien o que sucederá algo”, como en Te estaré esperando en la esquina de siempre. Vinculada a esa acepción es la que nos dice “permanecer en una situación o detener una actividad hasta que suceda algo determinado; no comenzar a actuar hasta que suceda algo”: Vas a tener que esperar en ese cargo hasta que alguien se jubile. Cuando toma estos valores significativos se construye muchas veces con ‘por’: Muchos esperábamos por esa persona tan admirada.
Otro grupo de significados está formado por “dejar de hacer algo” y “referido a un acontecimiento o hecho futuro, ser inminente o inevitable para determinada persona”: Espere, no siga perforando la pared. Todos esperamos que los tiempos no nos sean tan adversos. Si lo que se quiere significar es “no comenzar a actuar hasta que suceda algo”, se construye habitualmente con la preposición ‘a’: No lo juzgue, espere a conocerlo de cerca.
Hay una serie de significados en que se pone el acento en aspectos positivos: “Creer que ha de suceder algo, especialmente si es favorable”, como en Estamos esperando una excelente cosecha. También positiva es la acepción “tener esperanza de conseguir lo que se desea”: Esperamos que todo evolucione bien. La tercera acepción positiva es la que dice “poner en alguien la confianza de que hará algún bien”: El país espera en los jóvenes.
Si se refiere el verbo ‘esperar’ a una mujer, toma el valor de “estar embarazada”, por ello la locución ‘dulce espera’: Hilda espera mellizos para diciembre.
Alguna vez, se usa ‘esperar’ para aludir, en referencia a cosas, que le están reservadas determinadas circunstancias para el futuro: Tal como va todo, el campo no sabe si le esperan épocas mejores o peores.
La locución ‘esperar sentado’ indica que lo que se espera ha de cumplirse muy tarde, tal vez nunca: Julián va a esperar sentado a que su madre modifique el testamento.
Dos sustantivos se vinculan a ‘esperar’: se trata de ‘espera’ y ‘esperanza’, con diferentes aplicaciones. En cuanto a ‘espera’, nos dice el diccionario que puede significar “calma, paciencia, la facultad de saberse contener y de no proceder sin reflexión” y nos da como ejemplos “tener espera” y “ser persona de espera”. Con esa circularidad que suele caracterizar a los diccionarios, encontramos como acepción “esperanza de que ocurra o se logre algo que se desea, en especial permaneciendo en una situación o dejando de actuar”: Miguel está en la espera de que lo convoquen para esa puesta en escena.
Hay algunas locuciones formadas con este sustantivo: ‘compás de espera’, ‘en espera’ y ‘quita y espera’. En cuanto a ‘compás de espera’, alude a la detención de un asunto por corto tiempo; el origen de la locución se encuentra en el ámbito musical, ya que significa el silencio que dura todo el tiempo de un compás: Reinaba una tensa calma en el compás de espera. Si usamos la locución adverbial ‘en espera’, habremos querido decir “en observación, aguardando algo”: No hay resolución todavía, está en espera. A esta locución se asocia la frase “en lista de espera”, usada para señalar a los que están anotados para un turno o por una vacante: Me pusieron en lista de espera.
La tercera locución, ‘quita y espera’, se usa en derecho, según la fuente académica, para nombrar la “petición que un deudor hace judicialmente a todos sus acreedores, bien para que estos aminoren los créditos o aplacen el cobro, bien para una u otra de ambas concesiones”.
Solemos cerrar una carta, en la que hemos solicitado algo, con la locución ‘a la espera de…”, que encierra el valor positivo de confiar en que se va a acceder a lo pedido: A la espera de una respuesta satisfactoria, me despido cordialmente.
¿Por qué la creencia popular dice que “la esperanza es lo último que se pierde”? Porque ella, vinculada al verbo ‘esperar’, es por definición un estado de ánimo que surge cuando se presenta como alcanzable lo que se desea. Asociada la esperanza a la religión cristiana, constituye una virtud teologal por la que se espera que Dios otorgue los bienes que ha prometido.
El sustantivo ‘esperanza’ puede llevar a su lado la preposición ‘en’: Tengo la esperanza en un futuro mejor. Cuando se tiene la esperanza de concreción de algo anhelado, es admisible el ‘de que’: Todavía conservábamos la esperanza de que pudiera sobrevivir. Una acepción que nos da el diccionario dice que se llama ‘esperanza’ a la “cosa o persona que genera la confianza de que ocurra o se logre algo que se desea”: La realización de esa empresa es ahora su única esperanza.
Hay locuciones formadas con ‘esperanza’: así, ‘esperanza de vida’ es el tiempo medio de vida de un individuo o de una población biológica determinada: Por culpa de la contaminación, se ha acortado la esperanza de vida. Otra locución es ‘alimentarse de esperanzas’, como un modo de significar que la espera de lograr algo deseado o pretendido carece de fundamento: No alimentaba ya ninguna esperanza de conseguir ese nombramiento. En el extremo opuesto, está la expresión ‘dar esperanza/s’ a alguien como un modo de dar a entender que se puede lograr lo que se solicita o desea: Vino contento porque le han dado esperanzas de reinserción laboral.
Y, en cambio, si se usa la locución interjectiva ‘¡qué esperanza/s!’, lo que se quiere expresar es la poca o nula probabilidad de lograr que algo suceda o se concrete: -¿Ganaron en ese distrito? -¡Qué esperanzas! No anduvieron ni cerca de lograrlo.