El 21 de setiembre se conmemora el día mundial de la Enfermedad de Alzheimer, fecha elegida por la Organización Mundial de la Salud y la Federación Internacional de la Enfermedad de Alzheimer.
El 21 de setiembre se conmemora el día mundial de la Enfermedad de Alzheimer, fecha elegida por la Organización Mundial de la Salud y la Federación Internacional de la Enfermedad de Alzheimer.
El propósito de esta conmemoración es dar a conocer la enfermedad y difundir información al respecto, solicitando el apoyo y la solidaridad de la población en general, de instituciones y de organismos oficiales.
El riesgo más importante de padecerla es el envejecimiento, de ahí que su aumento es proporcional al del envejecimiento demográfico de la población.
Es causa del 70% de los trastornos neurocognitivos mayores (demencias) en las personas de 65 o más años. Su causa es aún desconocida pero sí sabemos que cuando se inicia después de los 65 años, los factores hereditarios o sea genéticos pueden hallarse en el 10% de los casos, siendo originada por la sumatoria de múltiples factores como la enfermedad cerebrovascular crónica que facilita el proceso degenerativo de las neuronas (células cerebrales) descripto por el profesor Aloissyus Alzheimer en 1907, en un gran número de enfermos.
Por ello, la hipertensión arterial, las arritmias cardíacas, los cuadros metabólicos como la diabetes tipo II (del adulto) son, luego de la mayor edad, los principales factores de riesgo. La amplia mayoría son de aparición esporádica, con o sin antecedentes familiares.
No es una prolongación obligatoria del envejecimiento normal o senescencia, aunque cuando son más los años vividos, es normal presentar cambios en capacidades como atención, concentración, olvidos, (declinación de la senescencia).
Son una minoría los ancianos que desarrollan una Enfermedad de Alzheimer Tardía, mal llamada "Demencia Senil". El envejecer no es una enfermedad.
Lo importante es el diagnóstico precoz, en las etapas incipientes de la enfermedad, hoy “trastorno neurocognitivo menor”, que puede detectarse y tratarse, de tal modo que uno de cada cuatro afectados, no sigue la progresión hacia la enfermedad.
La forma más frecuente de manifestarse es que una persona, de modo insidioso, sutil, poco preciso, comienza con olvidos que tienen trascendencia en su vida como: no recordar donde dejó cosas de valor; cierta dificultad para mantener una conversación fluida por "pérdida de la palabra"; no hallar en su memoria la palabra que quiere emplear; se torna repetitiva en sus expresiones porque no recuerda que ya lo dijo; alguna desorientación esporádica en lugares exteriores y luego dentro de la propia casa; dificultades con las direcciones y el transporte; comete errores en el manejo de medicamentos que tomaba desde antes, con las compras o los mensajes telefónicos, los electrodomésticos y controles remotos.
Al comienzo puede ser consciente de sus fallos, llevándolo al aislamiento y a la depresión con aumento de la ansiedad pero, muchas veces, la depresión puede ser el modo de inicio.
Otras veces, no percibe sus errores y transfiere a otras personas su responsabilidad (yo no perdí la jubilación, vos me la escondiste, por ejemplo) y además refiere excusas aparentemente razonables para sus faltas o desconocimiento (no sé qué día es porque ya no me interesa) u ocupa con dichos de escasa consistencia las lagunas de lo olvidado (relleno fabulatorio).
Simultáneamente, a la mayor ansiedad se agregan otros cambios de la personalidad como aumento de la irritabilidad, hostilidad. Los nietos suelen decir: "el abuelo no es el mismo".
Progresiva y lentamente se van convirtiendo en caricaturas de sí mismos acentuándose los rasgos negativos que pudiera tener su carácter.
No suele tener dificultades en recordar lo más o menos remoto, pero sí lo reciente (no recuerda a la tarde lo que almorzó), aprender cosas nuevas, recordar nombres y reconocer, primero a personas no muy familiares, luego a amigos cercanos y familiares, finalmente ni a sí mismo.
Puede ir olvidando los nombre de los objetos de uso no cotidiano y/o para que sirven, luego los más comunes. La desorientación es progresiva, tanto en el tiempo (día, mes, año, fecha) como en el espacio (piso, ciudad, provincia, país).
No pueden realizar tareas en el orden que corresponde, lo hacen con equivocaciones.
Dejan hornallas abiertas sin encender, las cosas en los lugares más insólitos (plancha en la heladera), abandonan la vivienda dejando la puerta abierta.
Con el tiempo, aumentan las dificultades para la comunicación oral haciéndose más importante la gestual y corporal. Ya perdieron el tacto familiar y social.
A los inconvenientes de memoria y lenguaje se van agregando los de los movimientos, coordinación y vestido.
Todas las cosas aprendidas de “¿Qué es?” y “¿Cómo se hace?” siguen desapareciendo.
No controlan los esfínteres por olvidos de las costumbres aprendidas, ya no son capaces de caminar ni realizar gestos con fines determinados pero conservan su pudor y es nuestra obligación mantener su dignidad de seres humanos.
Finalizan emitiendo gruñidos, postrados en cama, no se sostienen sentados y tampoco la cabeza, adelgazados, en "posición fetal", con úlceras de presión (escaras), pierden la capacidad de sonreír.
Según los cuidados, antes o después, aparecen las infecciones (pulmonares, urinarias) que suelen ser, la causa de óbito.
Nunca es una enfermedad de una sola persona sino por lo menos de dos: el afectado y de quien le toque ser su cuidador familiar primario llamado "el enfermo oculto".
Pero, como está sucediendo, es la pandemia más importante en el Mundo en los adultos mayores, en particular en los países no desarrollados, por encima del cáncer y enfermedades vasculares. La realidad es que es una enfermedad de la sociedad.