La hibris o hybris es un concepto griego que puede traducirse como “desmesura”, y que alude a un orgullo o confianza exagerada en sí mismo, especialmente cuando se ostenta el poder. En la antigua Grecia aludía a una cierta actitud despreciativa o temeraria respecto de los demás, unida a una falta de control sobre los propios impulsos. Los griegos tenían a la mesura como una virtud, y a su contraria, la desmesura, como un vicio. Alguna vez hemos oído aplicar estos conceptos a la señora presidente. Sea como fuere, debemos ser comprensivos con su caso. La señora no parece estar en condiciones de captar lo que le pasa. Por cierto, esto constituye un problema mayor.
Por lo demás el clima de mesura que propugnamos no supone callar la verdad. Hay personajes en el mundo político que comienzan a resistir el cada vez más prepotente asedio del poder kirchnerista. Ejemplo son el juez Lijo, el fiscal Campagnoli, periodistas como Jorge Lanata, y el conocido médico y periodista Nelson Castro. Los que esto hacen, es decir, los que no claudican, cumplen con la exigencia moral de las personas de bien.
Cristina puede caer en actitudes desmesuradas, a causa de su hibris. Desesperan esas actitudes. Últimamente se ha lanzado a un ríspido diferendo con el juez norteamericano Griesa, el cual le ha contestado que ella no es una persona de confianza, y, en efecto, no lo es. Una de las características de este tipo de personas es, justamente, ser poco fiables.
Ella permite a su vicepresidente Boudou un comportamiento que constituye una vergüenza nacional. Este sujeto no tiene derecho a humillar al país de la manera en que lo hace. Ella no tiene derecho a permitirle los abusos que él se permite, ni de enviarlo a la Casa de Tucumán en su representación.
El caso Kicillof es otra preocupación. Cristina está creída (al menos así lo dice) que el chico es un genio. Me consta que este joven optó por una cátedra en la UBA y uno de los jurados le señaló que si era marxista, según decía, debía estudiar las escuelas marxistas cabalmente. No se puede ser kirchnerista y marxista. El kirchnerismo no es una construcción teórica seria sino pura chapucería.
El problema no es sólo la presidente. Es el cúmulo de adulones que la confirman en su hybris y la engañan. La Cámara de Diputados, con poquísimos votos en contra, ha igualado los símbolos patrios con los de las Madres de Plaza de Mayo.
Llevará tiempo salir de este pantano. Seguramente habrá muchas cosas que rever, no sólo en materia política sino de costumbres y relaciones humanas. Pero lo peor es la inmoralidad pública, lo que en otros tiempos se llamó la corrupción de las costumbres. Por cierto que éste es un fenómeno en varias dimensiones. Es la mentira instalada en el poder, por una parte, pero también la licencia de las costumbres. Es la falta de respeto ciudadana y las distintas formas de agresividad callejera.
Y pensar que falta un año y medio para que esto tenga fin. Con hibris o sin ella, la señora está dispuesta a todas las desmesuras para hacer lo que se le venga en gana.