28 de abril de 2018 - 00:00

La crueldad con los animales, una muestra de nuestra sociedad - Por Pamela Verasay

"La suposición de que los animales no tienen derechos y la ilusión de que nuestra manera de tratarlos no tiene significancia moral es un verdadero ejemplo de la crueldad y barbarie occidental. La conmiseración con los animales está íntimamente ligada con la bondad de carácter, de tal suerte que se puede afirmar seguro que quien es cruel con los animales, no puede ser buena persona"- 
Arthur Schopenhauer (1788-1860)

Seguramente que al leer la frase precedente todos, o la gran mayoría, estaremos de acuerdo. A pesar de que fue escrita hace casi dos siglos por el gran filósofo alemán, apela a lo mejor de los sentimientos humanistas al reconocer a las otras especies como habitantes del mismo planeta con los que cabe, mínimamente, el trato digno y compasivo.

Es claro cómo las nuevas generaciones han avanzado en la concientización sobre el ambiente en general y los animales en particular, al punto que son cada vez menos las personas que se muestran con un tapado de piel en público o los que se animan a jactarse de sus "piezas de caza".

Puede que hayamos avanzado desde lo conceptual pero, lamentablemente, nadie puede afirmar que la crueldad con los animales ha dejado de ser habitual. De hecho, se han diversificado, modernizado y hasta sofisticado las prácticas crueles.

La concepción de nuestro ordenamiento político consideraba la crueldad con los animales como un síntoma de la incivilidad, como una forma de demostrar la incapacidad de vivir en una sociedad organizada.

Es así que nuestro país fue pionero en la protección de los animales. La Ley N° 2.786, llamada "Sarmiento" impulsada en 1891, fue la precursora en la protección de los animales, en sancionar los maltratos y la crueldad e incluso tipificarlos.

En 1954, por iniciativa del Dr. Antonio J. Benítez, se sanciona la Ley N° 14.346, actualmente en vigencia. Si tenemos en cuenta la época en la que fue sancionada la normativa y las que surgieron a partir de ésta, podemos asegurar que nuestro país se encontraba a la vanguardia en materia de protección animal.

Sin embargo, en algún momento de nuestra historia, dejamos de transitar ese camino. Quedaron desactualizadas no sólo las normas sino también la idea de avanzar progresivamente hacia una sociedad cada vez más humana.

Así, una herramienta tan útil como la ley 14.346, quedó desactualizada en su tipificación, descripción y escala de la pena, no producto de la norma en sí misma sino a raíz de los cambios que han atravesado a nuestra sociedad.

Muchos son los proyectos que intentan adecuar la legislación a los tiempos que corren. Desde la reforma del Código Civil hasta proyectos de leyes integrales sobre los derechos de los animales.

Pero lo cierto es que grandes proyectos necesitan grandes consensos y esos consensos se construyen con tiempo y constancia.

En simultáneo, todos los días nos enteramos de abusos, maltratos y torturas para con los animales teniendo para con sus responsables una pena simbólica.

Por esto considero que más allá de su desactualización, la Ley N° 14.346 es la única herramienta que tenemos en la defensa de los animales.

Mientras encontramos los consensos y las voluntades para poder sancionar una normativa más completa e inclusiva, una que produzca un verdadero cambio cultural, necesitamos con urgencia dotar con herramientas a la Justicia, a las asociaciones protectoras y a la ciudadanía.

Estos son los motivos principales por los que presenté un proyecto de ley que modifica sustancialmente las escalas de las penas e incluye nuevas tipificaciones tales como transporte, hacinamiento, espectáculos públicos, abandono, adiestramiento utilizando estupefacientes prohibidos o condiciones deficientes de salubridad, entre otros.

Proteger y cuidar a las especies es uno de los tantos caminos que apuntan a transformarnos en una mejor sociedad. Incluso en una más segura.

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