22 de noviembre de 2018 - 00:00

La crisis, más que económica, es moral y política - Por Luis Ojea

"Para llegar a la verdad hay que ver siempre la totalidad, porque la verdad es el todo"
Guillermo Federico Hegel

Es notable como los economistas se han olvidado que solo ven una parte de la realidad que es la económica y tratan de explicar desde esa sola preceptiva la  actual crisis, que empezó a manifestarse de manera clara con la reciente corrida cambiaria, olvidándose que su conocimiento, es una creación artificial de la mente humana y que la  verdadera realidad es siempre compleja, producida por múltiples causas.

De este modo todavía no he escuchado o leído a un economista aclarar: "Mi visión de la economía es parcial y por lo tanto muy relativa, sesgada ideológicamente y fragmentada, como para hacer afirmaciones rotundas o contundentes como las que ahora voy a hacer".

Muy por el contrario, se hacen afirmaciones contundentes para explicar las causas de la reciente corrida cambiaria, dejando la sensación de que es la verdad, toda y la única verdad.

Así el analista económico, cree, por ejemplo, que el empresario actúa siendo solo eso: un empresario y no una persona integral que es primero argentina, que ha nacido y se ha socializado con taras culturales que vienen desde hace setenta años y más.

Y esta reflexión es válida para cualquier actor económico sea nacional o extranjero que opera en o con nuestro país.

Aclarado esto, creo oportuno analizar la actual crisis económica y su disparada cambiaria, como el resultado de nuestra cuestionable moral e incapacidad de nuestras dirigencias para dar respuestas superadoras. El 2001 todavía está vigente y han pasado diecisiete años.

Desde siempre el dólar simplemente ha sido una variable que nos ha servido para ajustar todas nuestras desarticulaciones estructurales que cíclicamente se manifiestan como ondas emergentes surgidas de lo profundo de la sociedad. Y recientemente no ha sido la excepción.

A su vez se ha explicado esta crisis como falta de confianza y pérdida de credibilidad en el gobierno junto a la falta de expectativas favorables sobre su capacidad para superarla.

Aquí hicieron y hacen causa común no solo los economistas, sino también los analistas políticos y periodistas de las más variadas expresiones intelectuales.

Muy por el contrario, la crisis de confianza fue y es en nuestra sociedad por su lamentable estado actual y la poca perspectiva de futuro que tiene. Los inversores, sean nacionales o extranjeros, simplemente lo manifestaron en la corrida cambiaria, que ahora se empezó a frenar pero con tasas al 60% y 70%, lo que indica que simplemente han sido trasladadas del dólar a las tasas.

Dejando de lado la acción especulativa intrascendente que puede haber habido por parte de actores económicos vinculados a los políticos que buscan desestabilizar al gobierno, la verdadera causa fue y es la pérdida de credibilidad en la sociedad.

Basta ver la cantidad de argentinos que no traen la plata de afuera y de empresarios que no quieren invertir esperando ver qué pasa en las elecciones de octubre 2019.
Ni hablar de los actores económicos del exterior que han visto cómo un país con una pobreza del 6% en la década del 60 del siglo pasado llegó al 50% en 2001, y está actualmente en un piso infranqueable del 30%.

Sólo entre enero y octubre en Capital Federal se hicieron 900 piquetes. En 2014 en todo el país fueron 6.805.

Crisis de confianza a su vez, sobre la probabilidad de que las variables que están fuera de control en nuestro país desde hace setenta años, como el déficit fiscal público y la inflación, sean posibles de controlar con la actual clase política.

Así nuestra dirigencia política, sindical y ahora eclesiástica, tiene los más bajos niveles de credibilidad y aprobación desde 2001 y está mucho más preocupada en voltear al gobierno, no ir presa o ver cómo se acomoda para poner gente en las próximas elecciones, que en cómo encarar las soluciones estructurales que el país necesita.
Macri con sus muchachos del "dream team", ha perdido la brújula al futuro y todavía está recalculando.

Desde lo moral se han robado 36.000 millones de dólares y todavía hay una parte de la población (30%) que dice que es mentira o está bien y un 40% que duda si esto es realmente importante o es más importante la economía y la inflación.

Recientemente el affaire de los cuadernos ha dejado comprometida a toda "la patria contratista", a una buena parte del gobierno anterior y a la Justicia que perdió hace mucho tiempo, su capacidad de controlar la corrupción por lo que hizo estructural.

Veamos en cifras la desconfianza en nuestra sociedad y su capacidad para suprimir el famoso déficit fiscal crónico público y la inflación con algunas cifras:
12.000.000 de trabajadores activos mantiene a 19 millones, casi la mitad de la población, que cobra todos los meses cheques del Estado: el Estado emite 20 millones de cheques por mes:

El Estado debe pagar 5.800.000 jubilaciones y pensiones, 4.500.000 asignaciones universales por hijo, 3.600.000 empleados públicos naciones provinciales y municipales, 1.400.000 pensiones no contributivas( no hicieron aportes), 560.000 planes progresar, 120.000 planes sociales argentina trabaja, 96.000 seguros por desempleo, 80.000 planes sociales Ellas Hacen.

A ello hay que sumar el trabajo en negro, las pensiones por invalidez truchas, las amas de casa jubiladas sin aportes, los subsidios a la energía, el transporte, las empresas, las devaluaciones periódicas para favorecer a los empresarios exportadores y cerrar sus brechas de ineficiencias, la inflación galopante que es un logro cuando baja al 20% y un déficit crónico público que va del 3 al 5 ó 6 % del PBI.

Presupuesto nacional 2018: más del 70% de los gastos del presupuesto son subsidios, planes sociales y sueldos estatales.

Conclusión: economistas, periodistas y analistas sociales, económicos y políticos, confiar en una sociedad así es muy difícil o no se está en sus cabales.

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