28 de septiembre de 2014 - 00:00

La caótica campaña en contra de EI

El lanzamiento de una campaña militar en Siria por parte del presidente Barack Obama en contra de Estado Islámico se torna más caótica con cada día que pasa.

El marco de la campaña trazado por Obama al principio, como un esfuerzo limitado en sociedad con aliados y enfocado a degradar a Estado Islámico, tenía sentido, amén que fue alentador que Obama echara por tierra expectativas y entendiera claramente cuánto podía salir mal.

Después, la situación cayó en picada. Un “prominente oficial de la Administración”, en una sesión informativa en el sitio web de la Casa Blanca, explicó por qué Arabia Saudita sería un buen socio para combatir al grupo Estado Islámico: “Arabia Saudita tiene una amplia frontera con Siria”.

¡¿Eh?!

De hecho, Arabia Saudita y Siria no colindan ni en lo más mínimo. Siempre sean escépticos cuando la Casa Blanca va a la guerra con un país cuya localización en el mapa equivoca.

Al poco tiempo la Administración, después de haber evitado en las primeras etapas la palabra “guerra”, dejó de lado los eufemismos. Anunció desde múltiples podios que efectivamente, después de todo, estamos participando en una guerra.

El último acertijo se relaciona con las tropas en tierra. Al parecer Obama las descartó la semana pasada, diciendo repetidamente que tropas estadounidenses “no tendrán una misión de combate”. Después, el martes, el presidente del Estado Mayor Conjunto, general Martin

Dempsey, dijo que si era necesario, él podría recomendar “el uso de fuerzas terrestres del ejército estadounidense”.

¡Oh, oh!

Sr. presidente, usted verdaderamente dificulta las cosas para aquellos de nosotros que, esencialmente, simpatizamos con su política exterior. Todo esto se siente caótico, poco informado y nada coordinado; de hecho, como una potencial “cuesta resbaladiza”, como advirtió un editorial de The New York Times.

Por supuesto, para nosotros es fácil criticar desde la barrera a aquellos que caminan por la cuerda floja. Coincido con el plan esencial de Obama de autorizar ataques aéreos en Siria, si se hace cuidadosamente y en combinación con fuerzas aéreas de aliados sunnitas. Sin embargo, no podemos tener un mayor deseo de derrotar a Estado Islámico que los países en su camino, y actualmente así es.

La participación de Estados Unidos debe estar supeditada a un incluyente gobierno iraquí, para que tribus sunnitas enfrenten a Estado Islámico. Debe implicar cooperación de Turquía para interrumpir el financiamiento de Estado Islámico. Debería implicar un brazo de medios sociales para contrarrestar la propaganda de Estado Islámico, ciberguerra para espiar a Estado Islámico y alterarlo, así como recabar datos de inteligencia adicionales para vigilar a combatientes extranjeros que pudieran regresar a casa. Además, Obama está en lo correcto cuando dice que el Congreso estadounidense debería financiar y armar a algunos comandantes del Ejército Libre de Siria, como un contrapeso de Estado Islámico.

Algunos combatientes se han unido a Estado Islámico simplemente porque el grupo ofrece mejor paga. 
Nosotros deberíamos a rebeldes sirios, en parte, debido a que nuestra política anterior -mantener la distancia- no tuvo éxito y empeoró el problema. Han muerto casi 200.000 sirios; Jordania y Líbano han sido desestabilizados; el extremismo ha crecido; e Irak ahora ha sido desmembrado efectivamente; así como se han cometido atrocidades en contra de yazidíes, cristianos y otras minorías.

El problema es que la alarma y repulsión ante las decapitaciones de Estado Islámico están creando una prisa por intervenir, de forma que algunos de nosotros queremos saltar desde las márgenes justo a la refriega, incluso con tropas terrestres. Eso tendría repercusiones negativas, ya que agravaría a nacionalistas.

Si bien favorezco cautelosamente los ataques aéreos, necesitamos ser directos con respecto a los riesgos: 
En primer lugar, los ataques por aire casi inevitablemente equivalen a que habrá bajas civiles accidentales. Estado Islámico daría a conocer videos de niños heridos para argumentar que Estados Unidos está en guerra con el islamismo. Eso pudiera apuntalar a grupos extremistas de África a Asia.

En segundo lugar, más combates en Siria pudieran incrementar el flujo de refugiados a Jordania, Líbano y Turquía. Sería trágico si, inadvertidamente, degradáramos no a Estado Islámico sino a Jordania.

En tercero, parece totalmente posible que Estado Islámico haya filmado y divulgado los videos de decapitaciones precisamente con la intención de atraer a Estados Unidos a una guerra. Sería difícil bombardear su bastión sirio de Raqqa sin causar bajas civiles, y el grupo pudiera haber deducido que podría aprovechar ataques de Estados Unidos para captar nuevos reclutas, prestigio e influencia. 
Nosotros también tenemos enormes desafíos en el ámbito nacional y exterior por los cuales pudiéramos ser capaces de hacer más que por Siria.

Hace unos cuantos meses, estuvimos bajo alerta por un grupo de terroristas nigerianos, Boko Haram, que secuestró a varios cientos de colegialas y amenazaba con venderlas como esclavas. Esas niñas aún están desaparecidas, y Boko Haram ha ganado incluso más terreno en el norte de Nigeria. No nos obsesionemos con Estado Islámico a grado tal que nos distraigamos de otras amenazas. 
Veo la fuerza militar como apenas una herramienta más. A veces salva vidas (Kosovo, zonas iraquíes de exclusión aérea), y a veces cuesta vidas (Irak, Vietnam). Siria pudiera ser la ocasión indicada para usarla, pero solo si actuamos como si estuviéramos llegando ante un semáforo en amarillo, no en verde.

Por ahora, todo parece indicar que estamos emprendiendo una incierta misión con objetivos poco claros y una programación desconocida, usando métodos ambiguos con aliados poco confiables. Una parte de eso es inevitable, ya que la política exterior suele ser conducida en una niebla, pero yo me sentiría más tranquilo si la Casa Blanca al menos pudiera localizar a su enemigo en el mapa.

LAS MAS LEIDAS