3 de febrero de 2019 - 00:00

La cana - Por Jorge Sosa

La policía es un hecho habitual de nuestros días, más en estos tiempos donde la violencia es un asunto casi diría común. Los robos, asaltos, violaciones, asesinatos ocupan lugares en todos los medios de comunicación y esos lugares son cada vez mayores.

Por ahí se pasan los medios en darle demasiada trascendencia a algunos hechos o extenderse en la consideración de asuntos delictivos como si fueran las únicas noticias que nuestra comunidad genera. Eso es muy parecido al amarillismo en la prensa.

Son muchas las explicaciones que hay de la palabra “cana” con la que se conoce a la “cana”. Algunos la consideran como un galicismo derivado de la palabra “canne” que significa bastón, elemento que alguna vez llevaban los agentes de policía.

Algunos la toman como sinónimo de cárcel aludiendo al proceso de encanecimiento del cabello que sufren los presos mientras están encarcelados.

Otros hacen referencia de la inauguración del Departamento de Policía en Buenos Aires. En la zona alta del lugar había bañados que proporcionaban mimbre con los cuales algunos artesanos del lugar fabricaban canastas, dando lugar a la expresión “caído en canasta” y eso derivó en “caer en cana”.

Otra hipótesis es la que cita a Roberto Arlt quien en una de sus “Aguafuertes” menciona a un comisario de apellido Racana, que perseguía a los que jugaban al fútbol en las calles. Cuando los jugadores presentían la cercanía de este señor de autoridad gritaban “!Rajemos que viene Racana!, que derivó en escapar de “la cana”, pero tal vez sea esta una invención del genial escritor argentino.

La cuestión es que la palabra cana se institucionalizó y ahora es común en el argot cotidiano que utilizamos para comunicarnos. Aquí la policía es la cana, como el pelo blanco de la cabeza.

En algunos lugares se cambia la expresión por “la yuta”, tal vez derivada de que, en sus recorridas, los policías caminaban de a dos, lo  que hace una yunta. La derivación es fácil de deducir.

Son parte de la seguridad y el temor de una sociedad. Porque nacieron para evitar el delito pero muchas veces, por su actitud autoritaria, ellos mismos se involucran en los delitos y entonces se los llega a temer.

Algo de esto hay cuando uno asusta a los niños con ellos: “Le voy a decir al policía”, cosa que llena de temor a los mocosos que ya, desde edad muy temprana terminan por temerle a la autoridad policial.

En la actualidad no hay diario que no incluya alguna acción policial dentro de sus páginas ni noticiero de televisión que no le dedique varios minutos a acciones que incluyen a la policía.

Se supone que están para cuidarnos y son los únicos habitantes de nuestras ciudades que pueden andar armados por las calles. En nuestro país no existe, en su justicia, la pena de muerte, pero la policía la porta en sus cartucheras.

Deben tener mucho temple aquellos que eligen esta profesión para transcurrir sus días, porque salen a jugarse la vida cada vez que salen  y no sabe qué accidente de vida 
puede guardarles el destino. Mucho coraje hay que tener, pero también tienen que  tener mucha preparación, porque muchas veces depende de ello la vida de otros y entonces el discernimiento debe estar avalado por la preparación.

La seguridad es uno de los grandes temas de la actualidad nacional y todos los días nos enfrentamos a algún acontecimiento que la vulnera. Ahora “la cana” está autorizada a usar las armas de fuego con mayor amplitud y han sido dotadas, algunas de sus fuerzas, con sofisticadas armas que no matan sino que desactivan a los posibles infractores.

Ojalá todo sea para mejor, ojalá que la “cana” se transforme en un recurso efectivo contra todo mal, y cuando se la mencionemos a los niños los niños sonrían confiados antes que aferrarse a los pantalones de sus progenitores.

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