7 de septiembre de 2014 - 00:00

La caída de Francia

Este país se ha caracterizado por mantener las políticas asistencialistas, que son fuertemente cuestionadas, y desde distintos sectores piden austeridad.

François Hollande, el presidente de Francia desde 2012, pudo haber sido uno de los contendientes. Fue elegido con la promesa de alejarse de las políticas de austeridad que mataron la breve e insuficiente recuperación económica de Europa. Debido a que la justificación intelectual de estas estrategias era débil y pronto se vendría abajo, él pudo haber encabezado a un bloque de naciones exigiendo un cambio de rumbo. Pero, no iba a ser. Una vez en el cargo, Hollande se plegó, cediendo totalmente a las demandas de incluso más austeridad.

Que no se diga, sin embargo, que él carece totalmente de valor. Esta semana ha tomado medidas decisivas, pero desgraciadamente no sobre política económica, a pesar de que las desastrosas consecuencias de la austeridad europea se vuelven más palpables cada mes que pasa, y hasta Mario Draghi, el presidente del Banco Central Europeo (BCE), está pidiendo un cambio de rumbo. No, toda la fuerza de Hollande se ha centrado en purgar su Gobierno de aquellos que se han atrevido a cuestionar su sumisión a Berlín y Bruselas.

Es un espectáculo extraordinario. Pero para poder apreciarlo del todo hay que comprender dos cosas. La primera, que Europa, en su conjunto, tiene graves problemas. La segunda, que a pesar de ello, en medio de ese desastre generalizado, a Francia le está yendo mucho mejor de lo que podríamos pensar a juzgar por la prensa. Francia no es Grecia; ni siquiera es Italia. Pero se está dejando intimidar como si fuera un caso perdido.

Con respecto a Europa: al igual que Estados Unidos, el área del euro -los 18 países que usan el euro como una divisa en común- empezó a recuperarse de la crisis financiera de 2008 a mediados de 2009. Sin embargo, después de que estallara una crisis de la deuda en 2010, algunas naciones europeas se vieron obligadas, como una condición para préstamos, a aplicar severos recortes al gasto y aumentar impuestos a familias trabajadoras. En el ínterin, Alemania y otros países acreedores no hicieron nada por compensar la presión descendente, en tanto el Banco Central Europeo, a diferencia de la Reserva Federal o el Banco de Inglaterra, no emprendió medidas extraordinarias para impulsar el gasto privado. Debido a esto, la recuperación europea se estancó en 2011 y nunca continuó realmente.

En este punto, a Europa le está yendo peor de lo que le fue en una etapa comparable de la Gran Depresión. E incluso más malas noticias pudieran yacer por delante, a medida que Europa da cada señal de estar descendiendo a una trampa deflacionaria al estilo japonés.

¿Cómo encaja Francia en esta imagen? Informes de prensa presentan de manera constante a la economía francesa como un caos disfuncional, paralizada por altos impuestos y normatividad gubernamental. Así que llega como algo similar a un choque cuando se estudian los verdaderos números, que no cuadran con esa historia ni en lo más mínimo. A Francia no le ha ido bien desde 2008 -en particular, ha estado a la zaga de Alemania- pero su PIB general ha estado mucho mejor que el promedio europeo, derrotando no solo a las agobiadas economías del sur de Europa sino a naciones de acreedores como Países Bajos. El desempeño laboral de Francia no es tan malo. De hecho, es más probable que adultos en sus mejores años estén empleados en Francia que en Estados Unidos.

Tampoco es que la situación de Francia parezca particularmente frágil. No tiene un gran déficit de comercio, y puede pedir prestado a tasas de interés históricamente bajas.

¿Por qué, entonces, recibe Francia tan mala prensa? Es difícil escapar de la sospecha que es político: Francia tiene un gran gobierno y un generoso Estado asistencialista, y la ideología de mercado libre dice que debería conducir al desastre económico. Así que desastre es lo que se informa, incluso si no es lo que dicen los números.

Además Hollande, aun cuando encabeza al Partido Socialista de Francia, al parecer cree esta difamación con motivos ideológicos. Peor, ha caído en un círculo vicioso en el que políticas de austeridad ocasionan que el crecimiento se estanque, y este crecimiento estancado es tomado como evidencia de que Francia necesita incluso más austeridad.

Es una historia muy triste, y no solo para Francia.

En lo más inmediato, la economía de Europa está en graves aprietos. Draghi, creo, entiende cuán mal están las cosas. Sin embargo, el Banco Central solo puede hacer algo hasta cierto grado y, en cualquier caso, él tiene espacio limitado para maniobrar a menos que líderes electos estén dispuestos a desafiar la ortodoxia de dinero duro y presupuesto equilibrado. En el ínterin, Alemania es incorregible. Su respuesta oficial a la agitación en Francia fue una declaración en el sentido que “no hay contradicción alguna entre consolidación y crecimiento”; oiga, no tiene importancia la experiencia de los últimos cuatro años, nosotros aún creemos que la austeridad es expansionaria.

Así que Europa necesita con desesperación al líder de una importante economía -alguna que no esté en terrible forma- para que se ponga de pie y diga que la austeridad está matando las perspectivas económicas del Viejo Continente. Hollande pudo y debería haber sido ese líder, pero no lo es.

Además, si la economía europea se sigue estancando o peor aún, ¿qué será del proyecto europeo, del esfuerzo a largo plazo por asegurar paz y democracia a través de prosperidad compartida? Al fallarle a Francia, Hollande también le está fallando a Europa en general, y nadie sabe cuán mal pudiera ponerse.

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