16 de junio de 2018 - 00:00

La cábala - Por Jorge Sosa

Algunos jugadores, por ejemplo, cuando entran a la cancha, se persignan tres veces en ciertos casos.

La cábala es, en esencia, una disciplina o escuela de pensamientos esotéricos que utiliza varios métodos para analizar sentidos recónditos del Torá, que, como todos sabemos, es el texto sagrado de los judíos.

Vaya a saber uno por qué rara circunstancia del avance de la civilización, suponiendo que nuestra civilización haya tenido algún avance, actualmente se la liga directamente con la suerte. Es más, con la buena suerte, porque la suerte como las monedas suele tener dos caras.

Serían los pequeños ceremoniales que uno está dispuesto a realizar para que un emprendimiento o una acción que  se esté suscitando le sea favorable. A veces tiene que ver con objetos y muchas veces con la mera acción del cabulero, que es así como lo conoce el lunfardo argentino.

La cábala es muy frecuente en los juegos, y el fútbol, como todos sabemos, es un juego. En el fútbol la mayoría usa la cábala como modo de ayuda de lo que está próximo a ocurrir: los jugadores, el referí, los jueces de línea, los directores técnicos y por supuesto los hinchas.

Ya comenzó el Mundial de fútbol de Rusia y como es de público conocimiento en ese magno torneo juega nuestra Selección. Hoy es el debut. Le costó llegar a esta instancia, pero ahí está por disputar el cetro máximo con otros treinta y un equipos que han arribado al país del vodka con la misma finalidad.

Son varios los que de alguna forma se las arreglaron para llegar a Rusia y poder presenciar en vivo y en directo, como dicen la tele, los partidos de los muchachos de Sampaoli que serán al menos tres; esperemos que sean siete, pero en principio son tres. Yo no sé cómo hay argentinos que pueden costearse semejante viaje. Porque no sale unos porotitos, sale una fortuna de plata que a juzgar como está el país nadie tiene disponible para gastarla en una diversión. Pero fueron, van, e irán y serán miles.

La cábala entrará en plena vigencia. Los jugadores, por ejemplo, cuando entran a la cancha algunos se persignan, tres veces en ciertos casos, se tocan los zapatos, tocan el pasto, comen o chupan alguna matita, se manosean algunas partes del cuerpo no mencionables en una nota como ésta, se rascan la cabeza, se rascan el poto, elevan sus brazos al cielo.

Nosotros los veremos cómodamente sentados frente al televisor y sufriremos o nos alegraremos a la distancia. Se pondrán en juego, entonces, un enjambre de cábalas destinadas a superar con éxito la contingencia a vivir: sentarse todos los que están frente al televisor en el mismo lugar todos los partidos, dar tres vueltas alrededor de la silla antes de sentarse, tener un rosario en las manos y una estampita de San Expedito, persignarse antes de los tiros libres -sean a favor o en contra-, no gritar los goles antes de tiempo, rezar un padre nuestro abreviado antes de la ejecución de un penal -sea a favor o en contra-, darse la mano en alguna jugada peligrosa, acariciar al gato (si el gato se va es mal augurio).

Será una parafernalia de cábalas las que se pondrán a funcionar apenas un jugador argentino toque la primera pelota. Una apelación a la buena suerte que haremos millones de argentinos en el mismo momento que ojalá sea un momento inolvidable. Sin tener en cuenta que "suerte" es el seudónimo que usa Dios cuando no quiere firmar.

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