A fines del siglo XIX, en tiempos de la administración de Emilio Civit (1886), fue concebid la avenida que llevaría el nombre de ese dinámico gobernador y que se inauguraría años después.
A fines del siglo XIX, en tiempos de la administración de Emilio Civit (1886), fue concebid la avenida que llevaría el nombre de ese dinámico gobernador y que se inauguraría años después.
Los mendocinos orientarían su tránsito al oeste, hacia el Parque San Martín, a través de la nueva avenida, en una extensión de siete cuadras entre calles Belgrano y Boulogne Sur Mer. Empalmaba (y empalma) con los señoriales portones del parque, adquiridos por el gobierno de entonces a una familia de la realeza francesa.
La Dirección de Escuelas disponía con suma frecuencia que los alumnos de escuelas mendocinas y nacionales (ley Láinez), programaran un paseo por el área, que remataba con una fotografía en los portones y entrada al “pulmón de la ciudad”.
La avenida contaba con un único servicio de pasajeros a cargo de la línea 10, propiedad de los hermanos Cáceres.
Por allí también se ubicaban las instalaciones de la Cervecería y Maltería Los Andes, que tenía venta y depósito en la manzana comprendida por Emilio Civit, Olascoaga, Roca y Rodríguez. Entre los años 1940 y 1950, la cervecería dispuso su traslado a la planta fabril del carril Cervantes, en Godoy Cruz. De inmediato se pusieron a la venta los terrenos de la Civit, donde se construyeron edificios en propiedad horizontal para viviendas.
Pero la mayor extensión de espacio la compró la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, los mormones, que adquirieron un enorme predio donde construyeron un edificio para administración sobre Emilio Civit y oficinas, un templo y viviendas sobre Roca y Olascoaga.
Frente a los mormones, por Emilio Civit, funcionaba una popular “milonga”, donde todas las noches se bailaba y actuaban guitarristas, cantores y conjuntos musicales. Las bebidas que se consumían eran gaseosas locales, como “Bolita”, “Pomona granadina”, naranjada y la “Bidú”, además de vinito casero. Se fumaba, por supuesto, pero drogas no circulaban.
En la esquina estaba la popular despensa Namur, bien surtida y atendida por su dueño. A 200 metros se ubicaba la heladería Chini y Soppelsa, que con el tiempo disolvieron la sociedad. Chini se instaló en el centro, mientras que Soppelsa construyó modernas instalaciones en Emilio Civit y Belgrano.
Turísticamente la avenida Emilio Civit fue y es una gran atracción. A diario la transitan cientos de ciudadanos que suben por una vereda y regresan por la otra después de observar sus bellos frentes y jardines.
Una curiosidad: a la altura de Civit al 199, la puerta de ingreso de la casa ha sido pintada por un artista mendocino y luce viñedos, bordelesas, botellas, cerros y árboles.
No obstante, llama la atención la desprolijidad de construir altos edificios de departamentos que desentonan con la belleza de la arteria. Es obra, lamentablemente, de discutibles políticos que permitieron construcciones que estaban expresamente prohibidas por las ordenanzas municipales. Nada es perfecto, aunque la Avenida Emilio Civit casi lo sea.