"Los peronistas somos así, un día decimos una cosa y al otro día otra". Hugo Moyano
"Los peronistas somos así, un día decimos una cosa y al otro día otra". Hugo Moyano
Este apotegma peronista, se ha decantado genialmente, luego de un largo proceso de 70 años en la figura de Alberto Fernández, que está propuesto para competir por el cargo político más importante de una sociedad: el de Presidente de la Nación, por lo que queda eximido cualquier comentario que se pueda agregar.
En un artículo “El populismo está en nuestro ADN”, publicado el 22 de mayo de este año, tres meses antes de las recientes PASO y cuando era impensable el resultado de las mismas, concluí: “Esta transición cultural profunda hacia un futuro republicano y constitucional en el que hemos entrado, va a ser muy larga … nos va a costar mucho: primero darnos cuenta lo que realmente somos, segundo aceptarlo, para por fin, superarlo definitivamente”
No obstante, sí sigue siendo interesante analizar el proceso del peronismo frente a esta transición, cómo se estructuró para afrontar las recientes PASO y las futuras elecciones de octubre.
Desde la perspectiva anacrónica de los viejos esquemas, paradigmas, conceptos, teorías y resultado históricos se lo comprende, sintetizadamente, de la siguiente manera: El triunfo del peronismo en las recientes PASO se debe, más allá de la crisis económica, a su “unificación”: proceso que nadie pudo anticipar, ya que en el pasado reciente se presentó muy dividido lo que permitió el triunfo de Cambiemos. Pero ahora estar unificación lo volvió imbatible, siendo una demostración más de que, pese a todo los vaticinios y deseos de ver su desaparición, sigue teniendo futuro y confirma, su capacidad para adaptarse a cualquier situación, lo que le permite ser la única fuerza política capaz de dar gobernabilidad a nuestra desarticulada sociedad.
Asimismo se reconfirma que la gente puede cansarse de sus barrabasadas en el poder o su corrupción, pero que a la hora de decidir lo importante o manifestar su bronca, siempre lo elige como el mal menor, ya que es la única fuerza política capacitada para arreglar nuestra economía, propia de un país de novela.
Por el contrario, desde la perspectiva del cambio cultural y comprendido que, con la crisis del 2001, se terminó definitivamente el país de los últimos 100 años y que allí, empezó una transición dolorosa, que ya lleva 18 años, hacia una sociedad diferente que por supuesto, estamos muy lejos de visualizar y alcanzar en el futuro inmediato, el proceso del peronismo se lo ve de la siguiente manera:
• El cambio cultural ya se deglutió al radicalismo que no supo y todavía no ha sabido pararse definitivamente frente al populismo visceral que llevamos dentro y marcar con claridad el norte republicano, constitucional y moral. A lo largo de estos últimos veinte años hay sobradas pruebas de su ausencia, “escapes”, “renuncias” y falta de compromiso en esta pugna, que como resultado lo ha dejado, a nivel nacional, sin poder competir sólo y es la razón por lo que todavía están pagando esta renuncia histórica. No le será fácil construir una figura y estructura independientes que pueda estar a la altura de las circunstancias que el país necesita, porque siempre queda enredado en las prácticas de nuestra cultura política y le ha terminado ganando el deseo de poder, sobre los valores que lo fundaron.
• El peronismo “unificado” tiene un problema irresoluble al tener que resolverlo, como la ha hecho en los últimos 60 años:
- El cambio cultural se le ha metido adentro, proceso nunca visto antes, por lo que las bases de su unidad que le dieron su continuidad y supervivencia ya no le van servir: eso de “que para un peronista no hay nada mejor que otro peronista”, “el que gana conduce y el resto lo apoya” etc. etc., ahora está profundamente cuestionado.
- Esto es así porque tienen cientos de personajes procesados, situación inédita y nunca posible en su pasado, además del desprestigio del sindicalismo que es terminal.
- Porque la Justicia está seriamente dañada y cuestionada en sus cimientos y le va ser muy difícil, al peronismo, domesticarla como siempre.
- Porque los gobernadores de los feudos provinciales, no quieren ni pueden asumir ningún tipo de cambio, siendo la misma situación que viven los intendentes eternizados en sus cargos, tanto del conurbano bonaerense como del resto del país.
- Porque hay un sector importante de los votantes que optó definitivamente y ya no quiere más el peronismo tal como es y así lo negó en el 2015 y 2017 y ahora con más de 8 millones de votos en las recientes PASO, subordinando la crisis económica número cien, con una valoración nueva e inédita respecto a lo que un argentino promedio piensa y valora cuando debe decidir entre su bolsillo, la moral y la república.
- Dejo afuera la capacidad que tenga el peronismo para resolver nuestra economía, porque este es un problema estructural que expresa el ser de nuestra sociedad y cultura, por lo que nadie en el corto y mediano plazo lo podrá resolver. Por lo que le seguirá explotando a cualquier fuerza política que gobierne, incluido el peronismo.
- Pero el factor más inmanejable es la imposibilidad actual de convivencia del kirchnerismo con cualquier atisbo de peronismo de centro y ésta sí es la bomba interna que producirá su implosión, ya que el resto de los factores mencionados solo intervendrán como coadyuvantes para su ignición. Y lo patético, para el país, es que esta mezcla explosiva está magistralmente sintetizada en la mismísima fórmula electoral del peronismo: Los Fernández. Mayor claridad no hay y sobra cualquier explicación.
Por último, es imposible por su base ideológica, práctica política, forma de entender el poder y su administración, que el kirchnerismo pueda conciliar cualquier acción tendiente hacia un centro de gestión política.
Sólo falta esperar para verlo.