10 de agosto de 2014 - 00:00

Kicillof: nace una estrella

Cristina juega todos los boletos a Axel Kicillof. Lo quiere instalar como su candidato a presidente para 2015. En su mesa de arena, la presidenta piensa que es el hombre ideal para desarrollar su estrategia de convertirse en la jefa de una oposición intransigente y volver al gobierno en 2019.

Sabe que con Kicillof no puede ganar una elección pero le sirve para conservar aglutinada a la tropa más militante, un grupo grande de diputados y para tratar de mantener los cientos y cientos de lugares del Estado en donde lograron acovacharse.

Desde una derrota digna piensa desarrollar una nueva agrupación con eje central en La Cámpora. Ésa es la manera como imagina el futuro próximo. No pretende competir con Daniel Scioli ni con Florencio Randazo.

Su objetivo es que Unidos y Organizados sea la plataforma de lanzamiento del cristinismo, algo así como el socialismo bolivariano del siglo XXI. La semana pasada elogió varias veces a Hugo Chávez.

Sería una especie de sueño reinstalar la vieja patria socialista que coreaban en los violentos 70. Ése sería el escudo imaginado para ocultar, por un lado, la megacorrupción; por el otro, el país tan injusto y dividido que van a dejar.

La renovada Jotapé llevaría como consigna:  “Kicillof al gobierno, Cristina al poder” y buscaría la impunidad para los apropiadores de empresas como Amado Boudou, para los testaferros como Lázaro Báez y Ricardo Jaime y para la forma en que mancharon el pañuelo blanco de las Madres con un operativo de pinzas entre Schocklender, Milani, Bonafini y Cristina. Pero será inocultable una economía con más pobreza, desocupación, marginalidad, inseguridad, inflación y con una sociedad fracturada por el odio que va a ser su peor herencia.

Dejarán un país apenas mejor que en 2001 y eso es un fracaso para un gobierno de 12 años con todo el poder y todo el dinero.

La jugada de Cristina es arriesgada y movería todas las fichas del tablero. ¿Scioli y Randazzo competirían en el Partido Justicialista? Ellos tienen votos propios y aspiraciones.

Los que sólo tienen ambición pero carecen de votos como Urribarri, Rossi o Aníbal Fernández, tal vez no tengan otro remedio que colgarse de las polleras de Cristina para durar políticamente.

La presidenta llama genio a su niño mimado. O Kichi. Lo elogia y le sonríe con complicidad de viejos compañeros de escuela. Sabe que es fachero y obtuvo un diploma de honor como todo intelectual progre que se precie.

Que funciona en sociedad con Wado de Pedro y juntos manejan La Cámpora que, junto a Máximo, Zannini y Cristina, es como manejar el Estado nacional.

Por ahora. Faltan 16 meses. Axel, el que odia tanto las corbatas como a los periodistas, defiende sus patillas de Travolta, sus ojos celestes que parecen espadas de hielo y su doble condición de marxista y keynesiano, pero es tan pragmático y borocotero como cualquiera.

Con su agrupación universitaria cuestionaba la inflación y el Indec que luego bancó a muerte. Pregona emancipación pero sus negociaciones dejaron bailando de alegría a los del Club de París y Repsol: los corrió a billetazos.

Sobreactuó intransigencia en el discurso y pagó de más a la hora de los bifes. Hizo una ajuste ortodoxo y neoliberal y devaluó cuando fue necesario.

Apoyo no le falta. Para empezar, el de la jefa espiritual del movimiento kirchnerista, Cristina. Pero también la de alguno de sus talibán. Luis D´Elía escribió un tuit donde apeló a la frase maravillosa de Mascherano cuando le dijo al Chiquito Romero: “Hoy te convertís en héroe” y agregó: “Nace una estrella, Kicillof presidente con K, como corresponde”.

Eso es saber interpretar lo que piensa Cristina. El futuro dirá si esta estrategia es posible. Pero Cristina ya eligió heredero: Axel Kicillof. Habrá más informaciones para este boletín.

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