18 de noviembre de 2017 - 00:00

Juntos en las malas; en las buenas, separados

Nuevamente la vitivinicultura se ha mostrado unida ante las decisiones erróneas y la desprotección de los que nos gobiernan. El impuestazo, el cual resistimos, nos ha unido a todos. Es aquí donde con mucho asombro escuchamos voces de sectores que se escudan en la desgracia que significaría este impuestazo para el productor primario; por suerte no fue así.

Volvamos a la realidad de siempre. Durante 7 años se pagó a los productores precios irrisorios por su uva, sin contemplar el proceso inflacionario de 25% por año, e inclusive en 2015 pagaron precios menores que en 2011. Esto dejó al viñatero sin rentabilidad por lo que se perdieron miles de hectáreas. Las que quedaron están inmersas en un problema de productividad por no haber podido afrontar las tareas necesarias para ser competitivos. Bodegueros y medidas o “desmedidas” de los gobiernos de turno nos han inmerso en este problema estructural que hoy tenemos.

Ahora, ante el fallido impuestazo, se hacen eco de nuestro posible negro futuro formando parte de su bandera de batallas.

Una vez más nos cuesta creer que su preocupación por nosotros, los viñateros, sea sincera. Pero una vez más vamos a hacer como que les creemos y les proponemos sentarnos ya a una mesa de diálogo para acordar los precios referenciales de la uva de la próxima cosecha.

Repasemos la historia de los últimos años, cuando les pedíamos un peso por año de incremento. Esto era que las uvas que habían pagado entre 5 y 6 pesos en 2009 las pagaran 6 ó 7 en 2011 y así sucesivamente. Con ese pequeño reconocimiento, el cual les era posible pagarlo, hoy no estaríamos como estamos: hubieran terminado pagando en 2016 precios de entre 12 y 15 pesos pero no fue así; se quisieron quedar con todo sin importarles nada. En ese momento recuerdo que en alguna nota o declaración los llamaron mercenarios del Excel.

Recordando actitudes y dichos también tuvimos que tolerar en 2016 que nos achacaran que la falta de competitividad que estaban viviendo era por culpa de los altos precios de la materia prima dado que el salto exponencial del precio de la uva o vino había sido de más del 100%; claro, teniendo como referencia 2015. Pero la verdad era que había aumentado más de un 100% con respecto a 2009, siete años después con más de un 175% de inflación acumulado en dicho período.

Entiendo la necesidad y la importancia de trabajar juntos pero en todo momento, no sólo cuando nos conviene. Por un lado, nos ponen en sus bocas viendo un futuro negro para nosotros y, por otro lado, hacen operaciones de prensa por los medios diciendo que se viene una cosecha con un volumen considerable y un INV apoyando la moción convencido de que también será una gran cosecha. Parece que las 2 heladas que ya se han llevado entre un 20% y un 30% en el Valle de Uco no las registraron.

Es por ello que vemos pertinente, en esa misma mesa donde estuvimos todos peleando por el “No al impuesto al vino”, el cual consideramos y entendemos que es malo y contraproducente, al punto de acabar con gran parte de la industria, que también se ponga arriba de la misma la necesidad imperiosa de encontrar soluciones de fondo para que podamos terminar de una vez con estas idas y vueltas.

Es así que los convocamos a trabajar en un contrato en el que se formalice la compra de uvas; que ninguna bodega pueda ingresar uvas sin dicho contrato firmado, en el que se especifiquen precios vinculados al referencial que previo a la cosecha deberemos fijar en común y términos de pago acordado entre las partes a fin de que los productores no tengamos que volver a vivir los cambios arbitrales en precio y plazos de pago. Por otro lado invitamos al INV a realizar un pronóstico acorde a la realidad de una vez por todas y que no pase lo del año pasado, que el primer pronóstico anunciaron que era un 35% mayor a la cosecha anterior estimando así unos 23 millones de quintales por cosechar para luego, con el correr de los meses, acomodarlo a los 19 millones que se cosecharon, esto es 4 millones de quintales menos que los pronosticados.

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