El dato fue debidamente chequeado y confirmado por dirigentes de ambos sectores: durante una comida que compartieron hace pocos días, Sergio Massa le dijo a Mauricio Macri que en 2015 no piensa someter su candidatura presidencial a una interna con el kirchnerismo que hoy es gobierno. Le aseguró, en cambio, que ya decidió ir por afuera con su propio partido, cualquiera sea el candidato del oficialismo.
No es ninguna novedad que los dirigentes muchas veces cambian sus planes y hacen todo lo contrario de lo que han afirmado. Pero de ser exactamente así, a escasas tres semanas de las elecciones legislativas esta revelación modifica de modo sustancial las expectativas políticas de las principales fuerzas que van a dirimir la sucesión de Cristina Fernández.
Lo que estaría haciendo Massa con esa jugada es encapsular al kirchnerismo en el porcentaje que obtenga el 27 de octubre (las encuestas anticipan que no superará el 30 por ciento en todo el país), y a la vez abrir la posibilidad de una segunda vuelta en las presidenciales.
Un escenario con el peronismo dividido entre kirchneristas y massistas sería lo ideal para Macri y otros sectores de la oposición que aspiran a prenderse en un eventual balotaje.
Está claro que por ahora son todos ejercicios de imaginación, pero van señalando algunas referencias hacia adelante.
Más distancia
Hace nada más que unas horas, la Presidenta ha afirmado que el kirchnerismo "irá por otra década ganada para profundizar los cambios". Lo que no ha dicho, ni es posible saber, es cómo y con quién lo logrará, ya que ella está impedida de postularse por tercera vez. Por eso lo que suceda en estas elecciones de medio término adquirirá especial gravitación.
En ese aspecto, no son buenas las noticias que a través de los sondeos de opinión llegan a la Casa Rosada. Aquellas esperanzas de hacer cambiar el humor electoral con medidas como la elevación del mínimo no imponible del impuesto a las Ganancias, o los subsidios a las obras sociales sindicales, se han diluido.
Aunque se reconoce que esas acciones han sido positivas, la tendencia sigue arrastrando votos hacia los candidatos opositores. En el caso de la provincia de Buenos Aires, se agiganta la distancia entre Massa y el oficialista Martín Insaurralde, y varias de esas encuestas la estiman superior al 12 por ciento.
Lo mismo estaría ocurriendo en los otros grandes distritos como Córdoba, Santa Fe y Mendoza. En Capital Federal el Pro se anticipa como amplio ganador y en el caso del tercer senador, el kirchnerista Daniel Filmus estaría en un empate técnico con Pino Solanas de UNEN. Por el valor simbólico y comunicacional que tiene el distrito, perder ese senador sería un golpe adicional para el Gobierno.
Las causas de este retroceso electoral del oficialismo parecen ser muchas y casi todas centradas en sus propios errores. En los últimos días, dos hechos adquirieron especial relevancia porque contribuyeron a agitar las internas que se multiplican día a día en el oficialismo.
El primero fue la concesión de beneficios excepcionales a la petrolera Bridas, de los hermanos Bulgheroni, para que traiga del exterior unos 500 millones de dólares destinados a una inversión en los yacimientos de Vaca Muerta. El segundo hecho polémico es la escalada del conflicto con Uruguay, otra vez por la pastera UPM, ex Botnia.
El tablero
Las versiones, surgidas del área económica del propio Gobierno, arreciaron en las últimas horas, incluyendo renuncias, portazos y enroques de funcionarios.
Las operaciones para imponer a un nombre sobre otro se suceden a ritmo intenso y mencionan al llamado "quinteto real": Axel Kicillof, Guillermo Moreno, Mercedes Marcó del Pont, Ricardo Echegaray y Hernán Lorenzino. Las diferencias allí parecen ser insalvables y será la Presidenta quien decida si los cambios se producirán antes o después de la elección. La conveniencia del momento y su impacto en la campaña está siendo evaluada por sus asesores de imagen.
Quizás por aquello de que el poder se va diluyendo, algunos altos funcionarios han comenzado a tomar distancia de actitudes y palabras de Cristina. En estricto off de récord, un ministro y un secretario de Estado comentaron el jueves que la Presidenta cree que el conflicto con Uruguay les aportará votos a los candidatos del oficialismo. Sin embargo, agregaron que ellos piensan todo lo contrario. Un síntoma de que las diferencias internas brotan y florecen.
En los dos años que le quedan al frente del Gobierno, un gran desafío para Cristina será lograr que sus funcionarios no rompan filas, como lo están haciendo sus votantes.