Febrero de 2013. Mendoza es escenario del rodaje de “Vino para robar”, -película de Ariel Winograd que se estrena, de manera exclusiva, la semana próxima en la provincia-. El actor Juan Leyrado forma parte del equipo de trabajo que se instala, durante un mes, en la ciudad para su filmación.
Y, a pesar de que reconoce que los rodajes son tediosos en algún aspecto, porque se trabaja intensamente, durante muchas horas y mucho de noche, recuerda que su trabajo en Mendoza “fue realmente una fiesta”. Es más, entre sus anécdotas guarda una que, para él, está íntimamente relacionada con la hospitalidad y la gentileza que encuentra de parte de la provincia y su gente cada vez que viene.
“Siempre que viajo visito a mi gran amiga Ana Amitrano (gerente comercial de Bodega Zuccardi), a quien quiero mucho. Cuando estuve allí en el verano, Ana me invitó a comer un asado y, como siempre, me ofreció ir acompañado. Cuando comenté de la invitación entre los compañeros del equipo, todos quisieron sumarse y llegué a su casa con veinte personas, más o menos".
Al tiempo que relata su experiencia vivida, Leyrado asegura estar muy expectante con el estreno del film y por esto, viajará nuevamente a Mendoza para compartir, con gran parte del elenco, este acontecimiento.
“Con Mendoza tengo una relación muy particular; algo que no sé bien de dónde viene; seguramente debe ser por la historia del vino que tanto me gusta y que tanto trato de conocer cada vez más. Mendoza es maravillosa. Nos han tratado muy bien y por eso volvemos; además, quiero ver las caras y los ojos de la gente por ver a su provincia en la pantalla grande. Se van a ver muchos lugares, incluyendo todo lo que se recreó de la época vendimial. Hubo una gran producción para lograrlo y es una historia genial, divertida y de muchísima calidad”, adelantó el actor sin dar muchos detalles para que la sorpresa del público sea plena.
-Hablando del film, ¿cómo abordaste tu personaje?, ¿con qué expectativas, ansiedades?
-Para mí, todo depende del director; en este caso, de Winograd, que es un excelente joven director y me encantaron sus dos películas anteriores, su humor y la forma que tiene de encarar desde el humor todo lo que transita.
Trabajé mucho con él este personaje; hice también una composición física que es lo que se va a ver en la pantalla. Pero llegó un momento que, comprobando la calidez, la inteligencia y el talento del director, me entregué totalmente a él. Estuve abierto a todo lo que me propuso y a todo lo que le pareció. Así fue: un trabajo de entrega total porque confiaba y confío mucho en él y me gusta el clima de trabajo que él logra en el set de filmación.
-¿Habías trabajo antes con él?
-No. Es la primera vez y espero poder hacer más, porque logra un excelente clima de trabajo, de vuelo, de mucho juego y conforma un equipo con actores y con técnicos que es maravilloso; no sólo humanamente, sino también profesionalmente. Con un buen director se puede armar una forma piramidal con un buen clima de trabajo.
-Por tus palabras y aunque no hayas visto la película, se puede advertir que el resultado es muy positivo…
-Sí; estoy contentísimo de haber participado en este proyecto y de haber, fundamentalmente, filmado tanto en Mendoza. Yo le tengo mucha fe a la película. Sólo he visto el trailer y definitivamente, la calidad es precisa, además de contar con dos protagonistas con muchísima experiencia en cine como son Bertuccelli y Hendler.
-Se puede decir, que luego de haber compartido trabajo con Daniel Hendler en “Graduados”, ¿hacen una buena dupla?
-Exacto. En ‘Graduados’ nos hicimos muy amigos con Daniel. Fue muy lindo trabajar con él porque tiene un gran conocimiento del trabajo del actor en cine, de la misma manera que con Valeria. Yo me entregué a la experiencia de ellos y siempre pienso que lo mejor que tenemos en la vida es la cantidad de cosas para aprender.
Yo tengo esa filosofía, es una de las cosas que más me gusta; esa posibilidad de aprender todo el tiempo y nunca creer que uno lo sabe todo. Cuando trabajamos en “Graduados” fue a la inversa porque es más mi experiencia en tiras que la de Hendler.
-Definitivamente, se puede hablar de una buena dupla profesional y amistosa…
-El trabajo, la profesión, o el hecho de ser actor es lo que aglutina a los grupos y los vínculos se hacen más grandes. A mí me ha pasado mucho en mi trabajo, porque amo mi trabajo y respeto mucho el trabajo de los demás. Realmente el vínculo de grandes relaciones, de grandes amistades que tengo con actores partieron del trabajo, inclusive con mis grandes amigos como Darío Grandinetti, Jorge Marrale y Hugo Arana, por ejemplo, con quienes hicimos tantas obras de teatro como ‘Los Mosqueteros’, ‘Baraka’, ‘Los Locos’. La unión nuestra siempre ha sido la tarea y el aprendizaje de uno hacia el otro; eso fue construyendo una hermosa amistad.
La amistad por sí sola, por el sólo hecho de ser amigos, no es tan rica como la que está basada en puntos en común: por ejemplo, en una visión de cómo transitar esta profesión. En el caso de Daniel me pasó lo mismo; aunque es otra generación, nos divertimos mucho. Pero la unión estaba detrás de nuestra tarea.
-Con tanta experiencia en teatro, cine y televisión, ¿tenés una preferencia por alguno de estos formatos?
-Hay cosas en las que uno tiene más conocimiento. Generalmente, los actores que venimos del teatro, como yo, porque me inicié allí y estudié mucho tiempo, nos pasa que tenemos un tránsito por las tablas muy familiar; no solamente nuestra mente, nuestra cabeza, nuestro conocimiento intelectual para transmitir un personaje, sino también hay muchas vivencias sensoriales en el teatro, sobre todo, con el público que emana una energía, unas ondas muy especiales; es algo muy físico, no solamente filosófico.
Entonces, hay una conjunción donde uno culmina la tarea del actor por el aporte del público y entre actor y público se hace una comunión que termina en un aplauso. Hay una contención que está relacionada con el vínculo.
El vínculo que te da el cine es el que uno tiene con el compañero para con la cámara y después con la edición. Uno colabora en el sueño del director; por eso es muy importante el vínculo con el director y la entrega que hay que hacer para con él. En el caso de la TV, está más cercano al cine porque no está el público, hay otra vivencia. Preferencia, preferencia… no sé. No quisiera ser infiel públicamente a ninguno de las tres. Reservo en la intimidad más íntima la preferencia que tengo, y hasta se la pueden imaginar si quieren… (risas).
-Sabemos que actualmente estás haciendo teatro y que tuviste una participación en el comienzo de “Aliados”. ¿Hoy, tenés nuevas propuestas para hacer televisión?
-Si este año puedo cerrarlo así, como hasta ahora, mejor. He tenido algunas ofertas de televisión, pero estoy tratando de seguir de esta manera. Estoy muy abocado con el tema del teatro y por el momento estoy disfrutando. El año pasado fue mucho el trabajo con ‘Graduados’ y también con teatro. Sólo tenía un día de descanso.
Estuvo bueno, lo disfruté, pero ahora tengo ganas de descansar. Mi actual personaje en la obra ‘Dios mío’ demanda mucha concentración y esfuerzo interior; necesito un tiempo para poder producirlo y necesito un tiempo luego para desensillar.
El trabajo del artista es ir y venir, dar vueltas, nunca uno se queda en un sitio: ni en el del éxito ni en el del fracaso; es una rueda que gira constantemente. Lo importante es tener claro eso y cada vez que uno tiene un trabajo tratar de hacerlo lo mejor posible. El resto va y viene.
-Después del éxito rotundo de “Graduados” y de tu rol en la tira, ¿te sorprendió no haber recibido una nominación particular a los premios Martín Fierro?
-El programa recibió muchísimas nominaciones. Yo estoy orgulloso por eso, porque soy parte y tengo que ver con el programa. Tengo muchas nominaciones anteriores y dos Martín Fierro ganados. A los premios hay que respetarlos, tanto cuando uno los gana como cuando uno los pierde; tanto como cuando uno está en una nominación o no lo está.
Siempre soy respetuoso de la objetividad de los que eligen quién tiene que estar nominado y por algo las cosas son así. Entonces si las cosas son así, así las tomo, así las recibo y así las transito. He tenido la suerte muchas veces de ganar premios, de participar en ternas. Considero que el premio del público es importante, el premio de uno con uno mismo también es muy importante y siempre me siento en muchas ternas.
-Una nueva película, una obra de teatro exitosa; en conclusión, una buena etapa laboral… Muchos motivos para brindar. ¿Con qué vino harías ese brindis?
-¡Conozco mucho de vinos! Voy alternando entre muchos. No quiero decir marcas pero el malbec es uno de los mejores vinos del mundo, es un vino que he tomado mucho y que lo disfruto mucho también.
Alterno con un buen cabernet y con una uva que me interesa mucho y que todavía no se ve mucho en la Argentina: el carmenere. Recuerdo también un blend que me gustó mucho y que tuve la posibilidad de hacer en una bodega mendocina: 80% syrah y 20% cabernet sauvignon; ¡maravilloso! Mis gustos andan por ahí. Sin dudas, con un gran tinto es mi brindis.