Es una lluviosa mañana en Dublín: John Banville nos recibe como el auténtico caballero de la intriga que es. “Cuando lleguéis al lado norte del puente de Hapenny Bridge, debéis llamar a este número. Y apareceré”.
Es una lluviosa mañana en Dublín: John Banville nos recibe como el auténtico caballero de la intriga que es. “Cuando lleguéis al lado norte del puente de Hapenny Bridge, debéis llamar a este número. Y apareceré”.
El mismísimo Banville y no su alter ego, Benjamin Black -auténtico mago del truco de la novela negra-, nos acompañará en un largo almuerzo de sopa con nata y queso empanado y frito.
“La guitarra azul”, su nuevo novela que publica en los próximos días Alfaguara, lleva el aroma intimista de “El mar” y asombra como un campo de batalla.
Banville (Wexford, 1945) elige las palabras a degüello -salvajes, precisas, poderosas- para enhebrar una historia de adulterio y doble vida como la que él lleva. No la de convivir con dos personalidades y nombres (Banville y Black), sino con dos mujeres, dos familias a las que quiere por igual. Sin truco ni trato.
“Yo antes escribía siempre a mano mis novelas -cuenta- y nunca tachaba nada, lo ponía entre corchetes, para que toda la frase tuviera sentido, pero para ello había que leer lo que estaba entre corchetes. Y ese era mi método. Luego llegó el procesador de textos y todo se volvió más fácil.
- ¿Y ahora cuál es su rutina, cómo trabaja?
- Sigo escribiendo con pluma, lo pongo en un precioso cuaderno hecho a mano; tengo un amigo que es un excelente encuadernador y hace unos cuadernos exquisitos. Lo que me duele siempre es escribir la primera palabra, porque son demasiado bonitos. Pero lo hago, y luego transfiero las frases al ordenador.
- ¿Y disfruta o sufre escribiendo?
- Es tal trabajo… la gente no se da cuenta del tipo de trabajo que es. Algunas veces las frases se escriben solas.
- Pero supongo que le divierte más que sufrirlo…
- Claro, porque si fuera al contrario no lo haría, pero odio los libros cuando los termino.
- ¿No le gusta ninguno de sus libros?
- No. De hecho, me siento avergonzado de todos.
- ¿Pero por qué?
- Porque no son perfectos. Porque veo todos sus fallos. No podemos tener la perfección.
- Y aunque sienta que son fracasos, ¿cree que hay una evolución satisfactoria entre ellos?
- Sí, hay una calidad. Como dijo Beckett, fracasar y fracasar otra vez es mejor que no hacer nada, es todo lo que podemos hacer. Si hay que elegir uno y los demás fueran a ser destruidos salvaría “Los infinitos” porque fui lo más lejos que pude hacia donde quería.
- ¿Cómo vivió el premio Booker, que le dio a conocer internacionalmente?
- Me sorprendió. Cuando escribí el libro “El mar” pensé que no iba a publicarse. Pensé que iban a decirme John, pon esto en un cajón y esperemos a uno mejor. Y entonces dijeron que era maravilloso. Lo primero que pensé fue que iba a tener que ir a una cena horrorosa en Inglaterra, así que intenté no estar la noche del premio.
Tenía que estar en Estados Unidos, en Skidmore College, Saratoga Springs. Mi hijo es gran fan de los Hermanos Marx, y me empujó a aceptar un doctorado honoris causa por Skidmore. Es el único honor de ese tipo que tengo. Le dije a mi agente que no podía ir a la cena por eso. Pero mi agente fue implacable.
De modo que lo arreglé con los de Skidmore y volví en un vuelo a las seis de la mañana a Londres. Pensé que no podía emborracharme para no hacer el ridículo. Estaba convencido de que no iba a ganar. Pero gané.
- Usted tiene mucho éxito en España.
- España e Irlanda, especialmente para los de Benjamin Black, comparten la historia oscura católica, ambos países tuvimos una terrible guerra civil que continúa. Los curas y granjeros pequeños odian a las clases profesionales, y de eso fue la guerra civil. Me encantó el premio Príncipe de Asturias, me encantaron el Rey y la Reina, muchísimo, era una ocasión maravillosa, no fue pomposa.
El rey hizo un discurso muy emotivo, es el mejor premio que he tenido nunca, pero nadie lo contó en Irlanda, ni una pequeña nota, y el embajador español me había nominado y me dio vergüenza. En este país tienes que llevar la camiseta verde, como en el fútbol, por patriotismo, y yo veo el patriotismo como una redundancia.
¿Sabe esas pegatinas con un corazón y el nombre de Irlanda? Amas a Irlanda sí, pero ¿también a los terroristas del IRA? ¿Tantas cosas odiosas? Es ridículo. No puedes amar una entidad. Puedes amar cosas y personas. No soy nacionalista. Yo me siento europeo y comprometido con Europa, es un desastre para nosotros el lento progreso de Europa, debería haber Estados Unidos de Europa.
- ¿Y Europa está construyendo la Europa que usted quiere?
- Lo estaba, sin que nadie se diera cuenta, pero la crisis lo destruyó. Mucha gente se queja de la burocracia pero yo estoy a favor de que la gente esté gobernada por tipos que van a trabajar a las 9, salen a las 5 tras una comida ligera, se sientan ante el televisor con su mujer e hijos, leen libros o periódicos y no tienen ideas grandiosas.
Siempre que alguien tiene una gran idea quiere matar a judíos, a musulmanes, a no musulmanes. Esa es la gente peligrosa. Los burócratas son los que mejor gobiernan, y Europa estaba perfectamente burocratizada. Los burócratas no hacen guerras, solo la gente con grandes ideas hace la guerra.
Gente pequeña haciendo sus trabajos, cuidando a su familia, no creo en grandes gestos, lo que puedes hacer es lo mejor posible en tu entorno con tus amigos, tu familia.
- ¿Qué significa para usted ser irlandés?
- Es la lengua. El inglés no es una lengua madre, es nuestra lengua nativa, nuestros padres hablaban inglés. El inglés no es mi primera lengua, pero la hablo. La lengua irlandesa es muy poética, evasiva. No puedes decir “no” en irlandés sino “it is not so”. No hay palabra para “no”. Hay palabra para “sí”. No puedes decir “soy un hombre”, sino algo así como “estoy en mi hombritud”.
Es muy poética y onírica. Yo escribo en inglés, no hablo irlandés. Lo estudiamos en el colegio. Pero la gramática profunda de nuestras mentes tiene el ritmo irlandés y renunciamos a nuestro irlandés a mediados del siglo XIX, en la época de la hambruna. Renunciamos a ello y tomamos el inglés. El inglés es como el latín en el imperio romano, la lengua del mando, de la declaración, de la fuerza, de la claridad. Y la presión de esas dos piedras de moler, el inglés impuesto sobre el irlandés, produjo otra lengua que es el inglés de Hibernia.
Produjo este maravilloso matrimonio, fusión de inglés, el ritmo y la mezcla, que hace que la literatura irlandesa sea tan rica. Amamos la ambigüedad, mientras que el escritor inglés trata de ser lo más claro y escueto posible. George Orwell decía que una página de prosa tenía que ser como una lámina de cristal que dejaba ver el significado de lo que querías decir. El lenguaje es una lente.
- ¿Autores interesantes en el panorama irlandés actual?
- Hay buenos escritores. Me parece que la lucha por la lengua ha sido abandonada, la lucha por el estilo. Los jóvenes están más interesados en política, sociedad, moralidad. Nuestra generación se preocupaba más por crear una obra de arte, por las cuestiones del ser, lo que significa estar en el mundo.
Los jóvenes parecen interesarse más por lo que está en el mundo. Las grandes cuestiones se han dejado de lado y probablemente es necesario porque ha habido grandes revoluciones políticas o sociales. Nos hemos librado de la Iglesia. En los años setenta y ochenta, cuando viajé a Europa del Este y vi eso dije: es Irlanda, exactamente lo mismo. Sus vidas controladas por un partido, lo que hay que decir y no hay que decir. Comunismo y catolicismo son dos lados de una moneda, han funcionado de la misma manera en base al terror.
- Y eso ha cambiado.
- Sí, sí. Eso se terminó en los noventa. Fue en 1992, cuando se supo que un arzobispo muy popular tenía una amante americana, un hijo y había robado fondos de la parroquia. Cuando eso salió en los periódicos, la Iglesia se acabó. ¡Y eso que estaba enamorado de una mujer! No abusaba de los niños. Pero los irlandeses dijeron: ¿quiénes son estos curas que nos dicen lo que tenemos que hacer?
- ¿Se siente realista, autor de prosa poética, intimista?
- No es realismo. Mis novelas no son realistas. Ningún libro lo es. Un libro o una creación artística no es la vida. Henry James dijo que el arte hace la vida. Crea interés, crea importancia. No es que sea más importante que la vida, o más significativo, pero forma la vida.
Y el arte, en su burbuja, nos enseña que lo ordinario no tiene nada de ordinario. Todo es una historia extraordinaria. Yo intento mirar el mundo y digo “mira qué extraño, qué maravilloso, qué horrible lugar”. Si no simplemente escribes historias, personajes y eso es infantil.
- ¿Hay poesía sus libros?
- Mi amigo John McGahern, novelista irlandés, dice: “existe el verso, existe la prosa y existe la poesía, y esta puede ocurrir en cualquiera de los dos”.
- ¿Siente que esto ocurre en sus novelas?
- ¡Eso espero! Es lo que quiero. W.H. Auden dijo que el poema es el único trabajo del arte que necesitas o no. Puedes ver un cuadro y te gusta y ya está. Pero un poema lo necesitas o no. Y yo quiero poesía en mis libros. Quiero que mi prosa tenga ese carácter tangible, intenso... el arte siempre tiene una intensidad, una pequeña violación.
No es fácil de explicar o tal vez no hay que intentar explicarlo. Y es genial cómo funciona. Todos los escritores escribimos para nosotros. Yo no escribo para los profesores ni los críticos, sino para gente ordinaria, y es genial cuando te reconocen.
- En "La guitarra azul" el arte crea vida. Su protagonista, Olly, cuando se enamora de Polly parece crear a su personaje amado, en lugar de amar exactamente a la que es.
- De todos los monstruos que he creado, Olly es el mayor monstruo, tengo un amigo que es muy tartamudo (lo imita) y me dice: te he leído, es el peor tipo, miente a todos, sobre todo miente al lector, ¿a que es bueno?
De eso va el libro: de cómo el arte crea vida pero distorsiona la vida también. Crea belleza de lo ordinario. Si te enamoras, la persona se convierte en dios. Estás obsesionado. Todo lo que hace te interesa. El artista se concentra en el objeto mientras el amante se concentra en el amor.
- Usted presenta el amor como egoísta, narcisista.
- Todo amor es narcisista, y luego se convierte en otra cosa.
- ¿Es posible el amor sin herir? Él hiere a su mujer, a su amigo, a su amante, a todos.
- Lo pondré así. Cada mujer que he conocido ha sido encantadora, amable, todo lo que he aprendido en la vida lo he aprendido de las mujeres, las mujeres me parecen completamente diferentes de los hombres, no puedo imaginar una cena con 12 hombres, toda esa testosterona… toda mujer que he amado de alguna manera me ha seguido queriendo.
- ¿Pero es posible amar sin daños?
- He intentado hacerlo sin daños. El amor del que hablamos solo dura poco tiempo. El enamoramiento. Luego cambia a otra cosa más importante, gustar es una palabra débil, pero es bueno gustar.
- Puedo preguntarle algo personal, si no quiere no conteste. ¿Es cierto que tiene dos esposas?
- Sí, las tengo. Tengo una mujer y una compañera y las quiero a las dos. Pero amo a todas las mujeres que he amado. Me enamoré por primera vez a los 11 años, de una chica de Liverpool que venía con su familia en verano. Teníamos 11 años y nos veíamos dos o tres semanas al año. Y así hasta los 17.
- En su novela, ¿quién inspiró este Olly, este personaje?
- Probablemente es como me veo a mí mismo, este horrible hombrecillo.
- Él está bloqueado, no logra pintar de nuevo. ¿También es usted?
- Creo que Olly volverá a pintar. Mire Picasso. Antipático, brutal y bajito. El artista es despiadado; éste y todos los artistas son caníbales. Una vez, hace muchos años, estábamos mi mujer y yo en el coche y tuvimos una de estas discusiones, me dijo algo que sonaba bien y le dije: ‘¿puedo usar eso?’ ‘Eres un monstruo’, dijo. ‘Lo sé, pero ¿puedo usarlo?’ Pero ella es la mujer de un artista y sabe el coste. Es una mujer maravillosa.
- En su novela dice en un momento que no tomas decisiones, sino que las reconoces luego, cuando han pasado. ¿Y la culpa, qué peso tiene la culpa?
- La culpa tiene mucho que ver con el catolicismo, y es una forma de amor a tí mismo, es una forma de decir, qué bueno soy que me doy cuenta de lo mal que he hecho.
- ¿Cree que es compatible la culpa y la diversión toda la vida?
- Es el lado oscuro de la vida. No vivimos como nos merecemos. Siempre hay algo de barro, tienes que asegurarte de que ese lado no triunfa. Samuel Butler, del siglo XIX, escribe en su diario cada noche que se arrodilla y dice: “gracias Dios por haber vivido otro día sin que me hayan descubierto”. Es una pequeña puerta en la que nos escondemos.
- ¿Por qué decidió escribir?
- Tal vez porque no sabía cómo vivir si no. He escrito desde los 12, aún estoy aprendiendo.
- Ha camuflado poemas en este libro. ¿Por qué la guitarra azul y los versos que ha puesto en la novela?
- Uso todo lo que tengo a mano como un collage. El poema de la guitarra azul es sobre Picasso y cómo el arte transforma el mundo. He puesto a Rilke, que fue muy importante para mí. Pegado al mundo a la vez que trascendente. Ahora estoy leyendo un libro sobre Las Meninas y en Madrid quiero ir al Prado para verlas, es el mejor cuadro que existe.
Estamos en el la hora del café y Banville se entretiene hablando del arte que ha visto en España, un país para el que solo tiene un reproche, y es la corrida, la tortura pública de los toros. Una de sus hijas es vegetariana y le envía toda la información sobre el sufrimiento de los animales. La mayor, sin embargo, solo come carne. El escritor, ya en el café, enseña las fotos de esas hijas y un nieto.
“Tengo dos hijos con mi mujer, que parecen mayores, más maduros que yo, ahora en sus cuarenta, y dos hijas con mi pareja, de 26 y 19 años”.
- ¿Y lo llevan bien? ¿Se conocen?
- ¡Oh, no! Mi mujer me mataría…
- Pero ella lo sabe.
- Oh, claro. Paso la mitad de la semana con mi mujer y la otra con mi pareja
- ¿Y ella está de acuerdo?
- No.
- O sea que el amor duele.
- Claro que duele. Mucho. Pero no soy Olly, no tengo su egoísmo.