6 de junio de 2026 - 00:15

Caballero de dos mundos

Profundo conocedor de la Historia, de la que prefería la Edad Media y el amor cortés, el arquitecto Luis Ricardo Casnati creó construcciones de piedra y material, de recuerdos y palabras. Caballero de dos mundos, a los dos amó. Vaya con esta nota nuestro homenaje al gran creador.

Luis Ricardo Casnati siempre supo que sería ingeniero. Como una doncella enamorada, la matemática le reveló sus misterios y lo conquistó. Pero al llegar a la universidad, su padre, gran observador y testigo de sus miradas lánguidas en los atardeceres y el ingenio para hacer frases, le preguntó: “¿Por qué no arquitectura?”. Y, sobre todo, le dijo , “combina la tríada de Vitruvio: utilidad (funcionalidad), firmeza (estructura sólida) y belleza (estética), fundamentales para cualquier obra duradera y exitosa, buscando el equilibrio entre función, resistencia y deleite”.

Una veneración firme y un respeto ganado por sus actos hacían de su padre el consejero perfecto. Y se recibió de arquitecto en 1952 en Córdoba. Regresó a “aquel San Rafael de los álamos” que vibraba entonces en su corazón y que vería el sol en 1975. Primero fue más ortodoxo, más rígido, pero con el tiempo llegaron la curva, la bóveda y la cúpula.

Fue profesor fundador de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Mendoza junto a Enrico Tedeschi y Daniel Ramos Correas, director de Arquitectura de la Provincia, presidente de la Sociedad de Arquitectos de la provincia, presidente del Colegio de Arquitectos y presidente de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE) de Mendoza, institución en la que también ocupó el cargo de vicepresidente a nivel nacional. En marzo de 2017 fue distinguido por su aporte y trayectoria en el mundo artístico por la Cámara de Senadores de Mendoza.

En ese universo magnífico de sueños y realidades, trabajó prefiriendo mostrar la textura natural del ladrillo, el hormigón y la piedra. Concretó universos donde las líneas curvas recordaban la dulce comba del seno materno y la altura, torres medievales que funcionaban de orgullosos refugios, atalayas y símbolos de poder. Porque él, que amaba los pájaros, consideraba sus casas, palacios donde las familias anidaban. En la suya, un perro ejercía las funciones de guardián respondiendo al nombre de Lucanor.

Profundo conocedor de la Historia, de la que prefería la Edad Media y el amor cortés, creó construcciones de piedra y material, de recuerdos y palabras. Caballero de dos mundos, a los dos amó. Nos dejó a quienes lo conocimos, el enigma último de su corazón, no porque no fuera generoso en mostrarse sino porque, como un verdadero creador renacía a cada momento de cada circunstancia.

* La autora es escritora.

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