Los hombres que se unen a los jesuitas, la orden religiosa más grande de la Iglesia Católica Romana, hacen votos de pobreza, castidad y obediencia, y prometen nunca aceptar un cargo alto en la Iglesia. Han plantado a la Iglesia en lugares como India, Japón, Canadá y América Latina. Trabajan con los pobres en ciudades perdidas y clínicas de sida. Publican revistas, pintan, componen música y montan obras de teatro.
Y, quizá por lo que más se les conoce, operan escuelas y universidades académicamente rigurosas en todo el mundo, que en Estados Unidos incluyen a Georgetown, Boston College, Fordham y diversas Loyolas. Las profesiones seglares están llenas de grandes triunfadores formados en instituciones jesuitas.
Ahora, por primera vez en la historia de la Iglesia, eligieron pontífice a un jesuita. El Papa Francisco, el ex cardenal Jorge Mario Bergoglio, un argentino de ascendencia italiana, ya estableció un tono nuevo en el papado.
Es el primero en tomar el nombre de Francisco en homenaje a Francisco de Asís, quien abandonó las comodidades para unirse a los mendigos. Siguiendo el ideal jesuita de vivir simplemente, Francisco se vistió en sus primeros días como Papa con una sotana blanca sencilla. Optó por transportarse en un minibús con sus compañeros cardenales en lugar de en un automóvil particular, propiedad del Vaticano. Y el sábado, sugirió un rumbo humilde para la Iglesia en su conjunto.
"Cómo me gustaría una Iglesia pobre", dijo, una que fuera "para los pobres". Dado el lema de los jesuitas de encontrar a Dios "en todas las cosas", algunos esperan que el liderazgo de un Papa jesuita permitirá que la Iglesia se comprometa más abiertamente y sin miedo con el mundo, para proyectar su mensaje en formas nuevas y enfatizar el servicio y la solidaridad para con los pobres. Con alguien de fuera en el timón, esperan que Francisco sea capaz de sacudir la cultura del Vaticano.
De ser así, su pontificado podría volverse un contraste respecto del de su predecesor, Benedicto XVI, un tranquilo erudito alemán y quien solía hacer cumplir la doctrina de la Iglesia, que por momentos parecía aceptar la posibilidad de una Iglesia que oscilaba entre el futuro y un remanente fiel de los más devotos, instalados en las catacumbas. Benedicto se convirtió en el primer Papa en 600 años en renunciar cuando dejó el cargo el mes pasado.
Sin embargo, es demasiado pronto para decir qué está arriba de la agenda de Francisco, quien a los 76 años es sólo dos años menor de lo que era Benedicto cuando lo eligieron. La Iglesia ha batallado en Europa e, incluso, en algunas partes de América Latina. Asume el control de un Vaticano al que sacudieron tropiezos y escándalos en los últimos años, que llegaron a un punto máximo cuando el mayordomo de Benedicto robó sus documentos personales y se publicaron, incidente conocido como VatiLeaks.
Al dirigirse al Cónclave, muchos cardenales hablaron de la necesidad de reformar al Vaticano: tanto para resolver la mala gestión como para hacerlo más receptivo y accesible a los obispos del mundo.
El reverendo James Martin, un editor de la revista jesuita "America" con sede en la Ciudad de Nueva York y autor de "The Jesuit Guide to (Almost) Everything" (La guía jesuita para (casi) todo), dijo, "Querían a alguien que pudiera tomar las decisiones difíciles, y es posible que el hecho de que sea parte de una orden religiosa le haya dado cierta aura de independencia".
A lo largo de su historia, la Iglesia ha recurrido a las órdenes religiosas para elegir a los papas -aunque nunca antes a un jesuita- cuando necesitó alguna reforma. Ignacio de Loyola, un caballero español que experimentó una conversión religiosa cuando se recuperaba de heridas recibidas en batalla, fundó la Compañía de Jesús, como se le llama a la orden, en el siglo XVI. Ahora hay cerca de 17.000 jesuitas en todo el mundo, y mientras que las filas disminuyen en Europa y Estados Unidos, aumentan en lugares como Vietnam, India y América Latina.
Los jesuitas se distinguen por el voto de obediencia al Papa y de servir donde él mande. El reverendo Antonio Spadaro, el editor de La Civilatà Cattolica, una revista jesuita en Roma, dijo en una entrevista que antes del cónclave papal, los periodistas le preguntaban si Bergoglio podría ser el Papa:
"Y les dije: 'Para nada, porque es jesuita'", contó el padre Spadaro en una entrevista en su oficina el viernes. "Estamos acostumbrados a servir a un Papa, no a ser un Papa". El reverendo Federico Lombardi, un jesuita que funge como portavoz del Vaticano, dijo que cuando vio a Bergoglio salir al balcón de la basílica de San Pedro como nuevo Papa "me quedé perplejo".
La selección ha emocionado a muchos jesuitas, pero consternó a otros. Formados por las experiencias con los pobres y desvalidos, muchos jesuitas se inclinan al liberalismo, política e ideológicamente, y les preocupa más la justicia social y económica que los asuntos de la pureza doctrinal.
Los jesuitas estuvieron a la vanguardia del movimiento conocido como Teología de la Liberación, que alentaba a los oprimidos a unirse en términos de clase y buscar el cambio. No obstante, Francisco, cuando fue cabeza de los jesuitas en Argentina en los años '70, se opuso a la Teología de la Liberación porque la veía demasiado influenciada por las políticas marxistas. El futuro Papa les cayó encima con dureza a los jesuitas que proponían la Teología de la Liberación en su provincia y los dejó gravemente divididos, según quienes estudian a la orden y algunos miembros que no quisieron ser identificados porque ahora es el Papa.
Juan Pablo II lo hizo obispo y cardenal. Los jesuitas pueden ser obispos, pero deben contar con la aprobación de su superior porque el fundador de los Jesuitas, Ignacio, lamentó el arribismo clerical de su época.
Los jesuitas están conscientes de que su primer Papa generará nueva atención y escrutinio a su orden, y, aunque están emocionados, también son cuidadosos. "Es una buena oportunidad para que ayudemos a las personas a comprender mejor nuestra espiritualidad", dijo Spadaro. "Pero nos gusta hacer nuestro trabajo, no estar bajo los reflectores. Así es que veremos qué pasa".
