Japón fue vencido en la Guerra del Pacífico luego de una sistemática destrucción de sus industrias y un terrible costo humano, patentizado en especial cuando dos de sus principales ciudades fueron borradas de la faz de la Tierra. El ex Imperio del Sol Naciente estaba derrotado y el emperador Hirohito había iniciado gestiones para su rendición. Truman, sin embargo, no quiso perder la oportunidad de probar la eficacia de sus bombas atómicas en seres humanos.
El llamado Milagro Japonés
Como una verdadera “ave fénix”, que según la mitología renacía de sus cenizas cada 500 años, el aniquilado y destruido Japón, apelando a los valores éticos, disciplina y apego al trabajo de su población, fue resurgiendo de su estado de postración y, lentamente, desarrolló un moderna y eficiente industria que, copiando lo que se fabricaba en el exterior pero sumándole valor agregado de mayor tecnología, eficiencia y bajo costo, pudo competir con la industria de Occidente (paradójicamente, la destrucción de sus industrias obró a su favor, porque en la reconstrucción se utilizó equipamiento de última generación).
Este desarrollo adquiere mayor relevancia aún si tenemos en cuenta sus características geográficas. Este archipiélago multiinsular, que más parece una broma del Creador o, como califica a su territorio un destacado geógrafo chileno, una “loca geografía”, carece en absoluto de recursos naturales. Esto nos recuerda lo que narra Herodoto con respecto al rey persa Ciro, quien trasladó su población de tierras feraces, con abundancia de agua y clima benigno, a un territorio duro, de cultivo difícil, con poco agua y de clima duro, para que su pueblo no perdiera su temple y fortaleza. ¿Residirá en esto el milagro japonés?
Esto explica pero no justifica que en el período de pre guerra y durante la Segunda Conflagración Mundial -luego de sus hazañas militares al invadir a China en 1895 y derrotar a la poderosa flota de guerra rusa, se abasteció de los recursos necesarios para su pujante industria, de las regiones vecinas, a las que ocupó militarmente- iniciara voluntariamente la Guerra del Pacífico, al atacar sorpresivamente la base aeronaval de los EEUU, en Honolulu, ataque que permitió a la potencia norteamericana justificar su participación en la guerra que hasta entonces estaba limitada a Europa.
De gigante económico a potencia militar
Según Ishihara, un destacado intelectual japonés, la defensa de Japón es cosa que deben resolver los propios japoneses. El sistema de seguridad de ese país tuvo fallas desde un comienzo como consecuencia del bajo producto interno bruto posterior a la guerra. Únicamente podían destinar, y sólo a defensa en su propio territorio, 1% de sus ingresos para equipar a las denominadas Fuerzas Autodefensivas. Al aumentar el monto de aquél en forma exponencial, también creció la disponibilidad de fondos para equipar a aquéllas.
Japón era vulnerable porque su defensa fue planeada y ejecutada no en base a las prioridades del país sino que fueron armadas según los intereses de Washington. Por ello, continúa nuestro guía nipón diciendo: “Nuestros supuestos estratégicos están errados”.
¿Cómo no resulta contradictorio esto con el texto constitucional que les impuso el Gral. Mac Arthur como gobernador militar? EEUU requería un Japón militarmente poderoso, no sólo un gigante económico pero un enano en lo militar sino ambas cosas, para hegemonizar la región.
En cuanto a la disputa con China, Japón acrece su estrategia para ocupar el liderazgo en la región de Asia Pacífico, desplazando al dragón rojo.
Ambos países, sentados frente al tablero, mueven sus fichas, en esta partida de ajedrez en que ambos colosos pretenden desplazar al otro; el que primero lo ha hecho es Japón. La movida nipona tiene por objeto crear, dicen algunos comentaristas, una coalición antichina frente a la consolidación de aquélla en los campos económico y militar y el debilitamiento de los EEUU en el plano internacional.
EEUU aplaude este objetivo. Asimismo, en el contexto del nuevo rumbo adoptado por aquél busca alianzas que le permitan arrinconar a China, por ejemplo con Australia, otro socio privilegiado de los EEUU, buscando la cooperación en el sector de defensa.
También acrecentará su colaboración estratégica con Vietnam (valiente país, enemigo acérrimo de China -pese a la ayuda recibida de ésta en la guerra con los EEUU- a causa del dominio chino que sufrió durante un milenio) y Filipinas. En una acción paralela, Washington reforzará su potencial militar no sólo en Japón sino en Australia, Filipinas, Hawai y Guam.
Esta escalada de tensión en la vital región del Asia Pacífico, tiene como fundamento el papel desestabilizador de China en el mar Meridional, vital en la vía de comunicación (sobre todo para las importaciones de petróleo), que aquel gigantón pretende controlar y dominar a su antojo.