¿Qué le parecería ser un estratega israelí actualmente? En últimas fechas, incluso Turquía está en conmoción a medida que su pueblo devuelve el empujón en contra de su líder cada vez más autocrático. Quiero decir, ahí va el vecindario. La buena noticia para Israel es que en el corto plazo, sus vecinos cercanos están demasiado consumidos internamente para pensar en amenazarlo. Pero, a largo plazo, Israel enfrenta dos desafíos serios que yo catalogaría como la Historia de Stephen Hawking y la Historia de José.
En caso que se lo hayan perdido, Hawking, el físico cosmólogo y autor británico de “Una breve historia del tiempo”, canceló un viaje planeado a Israel este mes para asistir a la Quinta Conferencia Presidencial de Israel, efectuada cada año. La Universidad de Cambridge, donde Hawking es catedrático, dijo que Hawking les había dicho a los israelíes que no asistiría “basándose en el consejo de académicos palestinos en el sentido de que él debería respetar el boicot” de Israel debido a la ocupación de la Ribera Occidental (Cisjordania).
“Nunca un científico de su estatura ha boicoteado a Israel”, declaró Yigal Palmor, el canciller de Israel.
Yo disiento con firmeza con lo que hizo Hawking. Se debería involucrar a los israelíes, no boicotearlos. No obstante, su acción encontró amplia resonancia. El diario The Boston Globe dijo que la decisión de Hawking era “una manera razonable de expresar las propias opiniones políticas. Los observadores no necesitan estar de acuerdo con la posición de Hawking a fin de entender e incluso respetar su decisión. El movimiento al que Hawking se ha sumado apunta a ejercer presión sobre Israel a través de medios pacíficos”.
Eso no fue Al-Ahram. Eso fue el The Boston Globe; recordatorio de que en esta era de redes sociales, revueltas populistas e individuos con mucho poder, “la opinión pública internacionalmente tiene más importancia, no menos”, nota Yaron Ezrahi, teórico político israelí y el autor de “Democracias imaginadas”.
Además, en el caso de Israel, está creando un poderoso repunte de opinión internacional, particularmente en Europa y en campus universitarios, en el sentido que Israel es un Estado paria debido a su ocupación de Cisjordania. No es una buena tendencia para Israel. Hace que se vuelva mucho más dependiente tan sólo de Estados Unidos para tener apoyo.
Sin embargo, esta tendencia global está coincidiendo con un rompimiento en el ambiente regional de Israel. Actualmente, Israel vive una versión de la bíblica “Historia de José”, en la que José se gana el cariño del Faraón interpretando sus sueños como una advertencia de que siete años gordos serían seguidos de siete años flacos y, por tanto, Egipto necesitaba abastecerse de grano.
En el caso de Israel, ha gozado, en términos relativos, de 40 años de vacas gordas de gobiernos estables a su alrededor. A lo largo de los últimos 40 años, una clase de dirigentes árabes tomó el poder y se las ingenió para combinar dinero del petróleo directa o indirectamente, con múltiples servicios de inteligencia, con apoyo ya sea de Estados Unidos o Rusia, para repantigarse en el cargo durante varias décadas.
Todos estos líderes usaron sus puños de hierro para mantener bajo control sus conflictos sectarios: sunitas versus chiitas, cristianos versus musulmanes y kurdos y refugiados palestinos versus todos los demás. Además, mantuvieron a sus islamitas en la clandestinidad.
Con estos líderes de puño de hierro siendo derrocados -y cierto, democracias multisectarias con gobiernos efectivos aún por surgir en su lugar- Israel enfrenta potencialmente décadas de gobiernos inestables o ningún gobierno a su alrededor.
Sólo Jordania le ofrece a Israel una frontera normal. En las tierras distantes más allá, Israel está viendo estados disfuncionales que están ya sea implotando (como Egipto, Irak, Líbano, Bahréin y Libia) o explotando (como Siria).
Sin embargo, he aquí lo peor: estos dirigentes con puño de hierro no sólo suprimieron a diversas fuerzas políticas en sus sociedades, sino también pasaron por alto enormemente sus escuelas, ambientes, poder de la mujer y explosiones poblacionales.
Actualmente, todas estas cuentas se están venciendo justo cuando sus gobiernos son menos capaces de manejarlas.
Por lo tanto, el tema preponderante para la estrategia israelí en los próximos años debe ser la “resistencia y adaptación”; cómo se mantiene un ambiente relativamente seguro y una próspera economía en una región en caída.
En mi opinión, eso vuelve la resolución del conflicto israelí-palestino más importante que nunca por tres razones: 1) para revertir la tendencia de pérdida de legitimidad que se cierne sobre Israel; 2) para desconectar a Israel tanto como sea posible de los conflictos regionales a su alrededor; y 3) para ofrecer un modelo.
No hay un solo modelo exitoso de gobierno democrático en el mundo árabe actualmente: los islamistas están fallando. Pero Israel, si se aliara con la presente dirigencia de palestinos moderados en Cisjordania, tiene una oportunidad de crear un Estado moderno,
económicamente próspero, democrático y secular, en el cual cristianos y musulmanes vivirían lado a lado junto a los judíos.
Ese sería un ejemplo enormemente valioso, particularmente en una época en que el mundo árabe carece de cualquier cosa parecida. Además, el mundo en su mayor parte no resentirá que Israel mantenga sus fuerzas en el río Jordán -como será necesario dada la inestabilidad más allá-, si cediera la mayoría de Cisjordania y barrios árabes del este de Jerusalén.
Juntos, israelíes y palestinos de hecho tienen el poder para modelar lo que pudiera ser un aceptable Estado árabe posterior al autoritarismo, así como multirreligioso. Nada resolvería de mejor forma las necesidades estratégicas de ambos pueblos a largo plazo. Qué lástima que sus dirigentes actuales no sean visionarios como José.