El asesinato a tiros de un adolescente de 14 años, para robarle el teléfono celular en el corazón del barrio La Gloria, en Godoy Cruz, sacudió al populoso vecindario y conmocionó a los mendocinos ya que uno de los detenidos tiene la misma edad que la víctima.
Eran las 11 de la mañana de ayer cuando Cristian Nicolás Merlo Ávila bajó del colectivo del que regresaba de la escuela Álvarez Condarco y se dispuso a caminar hasta su casa, ubicada en la manzana "N". Caminó unos 40 metros hacia el oeste y al llegar a la entrada del polideportivo barrial fue interceptado por un vecino de 14 años que vive en la manzana "M", casi frente a su casa, quien estaba acompañado por un joven de 24 años que vive en la manzana "L" de la misma barriada.
Según creen tener acreditado los pesquisas, el muchacho de la manzana "M" -cuya identidad se reserva por tratarse de un menor de edad- y su presunto cómplice increparon a Merlo y le exigieron que les entregara el teléfono celular.
La víctima creyó que burlaría a los improvisados ladrones, a quienes conocía del barrio, y les dio sólo la carcasa del aparato. Al percatarse del engaño, uno de los asaltantes -aún no ha sido definido en el expediente quién fue el tirador- siguió a su víctima y le dio dos disparos en el pecho cuando se encontraba en la plaza vecinal, sobre calle Vélez Sársfield.
Como pudo, Merlo intentó escapar de sus asaltantes pero cayó unos metros más adelante, casi en la puerta de la iglesia del vecindario, a escasos metros donde hasta hace un tiempo se levantaba la subcomisaría de la zona y a unos 10 metros de donde vivía el recordado padre Jorge Contreras. En su poder tenía su teléfono móvil, según indicaron fuentes policiales.
Otra versión apunta a un posible conflicto entre víctima y victimarios que se habría resuelto a tiros, aunque de momento la causa se instruye como un homicidio criminis causa (matar para ocultar otro hecho, en este caso un robo agravado).
Según trascendió, el ataque fue presenciado por un puñado de vecinos, por lo que su declaración podría arrojar luz sobre los hechos.
Un llamado desesperado
Exactamente a las 11.13 un llamado ingresó a la línea de emergencias 911, según confiaron fuentes oficiales. La voz del otro lado de la línea alertaba sobre la presencia de un joven herido por arma de fuego. Cuando llegaron al lugar los primeros policías, constataron que la víctima aún tenía signos vitales y recibieron los primeros testimonios de los vecinos que señalaron como sospechoso al mayor de los involucrados, quien había escapado hacia la manzana "N".
A las 11.22, los uniformados constataron que Merlo Ávila había perdido la vida y solicitaron la presencia de sus pares de Investigaciones y de Policía Científica. Mientras, los vecinos y familiares del chico asesinado reforzaban la hipótesis de un asalto como el móvil del crimen.
Inmediatamente fue notificado el fiscal de Homicidios en turno, Flavio D’Amore, quien llegó al lugar del hecho y se puso al frente de la investigación.
Una pistola debajo de un lavarropas
Faltaban 10 minutos para el mediodía cuando por la frecuencia radial se informó que otros efectivos habían logrado capturar a dos sospechosos y secuestrar una pistola, posiblemente la utilizada en el atraco fatal.
Policías que se encontraban patrullando en medio del convulsionado barrio observaron en el costado Sur de la manzana "N" a un joven con las características aportadas por los testigos, quien se agarraba la cintura, señal de que posiblemente portaba un arma.
Al notar la presencia de los uniformados, el sospechoso ingresó a la casa 35, ubicada en el cuarto pasillo de la manzana "N" del barrio La Gloria. Fuentes de la investigación confiaron que esa vivienda está usurpada y que se utiliza como "aguantadero".
Los policías que iban detrás del joven ingresaron a la humilde vivienda y se encontraron con otro muchacho, que se había reunido con el sospechoso. Al consultarle quién de ellos vivía allí, los jóvenes indicaron que ninguno tenía ese domicilio, lo que era cierto.
Luego los efectivos iniciaron un registro domiciliario que permitió encontrar y secuestrar, debajo de un lavarropas, una pistola calibre 22 marca Walker, con el martillo levantado.
Los jóvenes detenidos fueron luego identificados. Así se constató que ninguno tenía antecedentes. El mayor tampoco tenía medidas pendientes y el más chico nunca había sido alojado en la Comisaría del Menor, y por ello nunca había sido identificado allí.
Ahora será tarea de los pesquisas establecer quién fue el que ultimó a tiros a Cristian Merlo, aunque si se comprueba que ambos interceptaron a la víctima para robarle, cargarán con la misma acusación. Pero el menor resultará inimputable por su edad.