Zaping Z. Por un lado, el espectacular trailer de "World War Z" donde una horda de salvajes zombies fuera de control arrasan ciudades enteras; los pechos de Naomi Rapace y otros muertos vivientes en "Doom and gloom", el último clip de los Rolling Stones; la edición en español de la última novela de Stephanie Meyer, la misma de la saga "Twilight", "The host", escritora que traicionó a sus rentables vampiros para pasarse a los zombies; el súper rating de "The Walking Dead" y más.
Incluso nuestra sagrada pasarela de la Peatonal Sarmiento de Mendoza ha sido profanada por un evento "zombie walk" -ver "¡Hay un zombie en mi vereda!" - el 21 de octubre, al tiempo que el director mendocino Javier Correa, responsable de "Bhiper Dumas", ha comenzado el rodaje de una serie web sobre muertos vivos con el título "Vic Maki Vs. Fuckin' zombies y algún que otro vampiro".
Lo de "algún que otro vampiro" aparece en el afiche de la serie publicado en Facebook en letras muy chicas. Esta disminución gráfica refleja el signo de los tiempos: luego de un revival de chupasangres que reinó durante la transición de siglos, los vampiros están en franco retroceso y el repugnante y antihigiénico zombie ganó territorio frente a los actuales relatos de nosteratus adolescentes descremados y metrosexuales.
Señoras y señores, el zombie es el monstruo de moda porque, si observamos mejor, también quedaron en letra chica los hombres-lobo, las momias y los fantasmas. Como todas las modas, sabemos que existe también un clímax, un apogeo, y a juzgar por la explosión de productos sobre el tema, los "z" están en la cresta de la ola. Hay zombies para todos los tipos: zombies gays, zombies- desaparecidos argentinos; zombies románticos, zombies fundamentalistas musulmanes, zombies nazis, zombies superhéroes de Marvel, y un largo etcétera, repartidos en libros, cómics, películas, series, blogs y discos, incluso se publicó una tesis filosófica sobre los "z".
Hasta algunos de los mismos ideólogos beneficiados por este boom están sorprendidos. La mayoría pensó que sólo se trataría de una moda pasajera. Aunque, al focalizar mejor el microscopio sobre el fenómeno, sin dudas, aparece la historieta como la plataforma basal.
Como nunca antes, las editoriales están dedicando amplios catálogos de novelas y novelas gráficas al género aprovechando las repercusiones del cómic de "The Walking Dead" de Robert Kirkman y se extiende por todos los países, tal plaga bíblica. La ya clásica trilogía de David Wellington; "Zombie planet", "Zombie Nation" y "Zombie Island", otra trilogía, la de Carlos Sisí, "Los Caminantes"; la antología argentina del cuento zombie "Vienen bajando", marcan tendencia y es sólo una punta del iceberg.
No obstante, el escritor estadounidense Max Brooks -hijo del director Mel Brooks y de la actriz Anne Bancroft- lleva la delantera a todos, con sus dos best sellers; "Zombie survival guide world war Z" y "World War Z", esta última, la base literaria para la mencionada película que se estrenará en marzo del año próximo con Brad Pitt. Y, aunque cueste creerlo, Max llena cada auditorio donde esté, con sus charlas de supervivencia ante ¡un apocalipsis zombie! ¡Clink caja!
El miedo a masas
Pero ¿de dónde surge esta fascinación casi hipnótica por los muertos vivientes? ¿Qué retorcidos elementos del inconsciente colectivo despiertan los zombies en el ser humano 2.0?
Para muchos observadores, el cadáver caminante refleja tres miedos muy primitivos:
a) la amenaza del poder de las masas, unas masas fuera de control que sin descanso persistirán hasta devorarte;
b) su aparición asociada al tan antiguo Apocalipsis bíblico, un castigo divino, el temor a Dios y a ser juzgados, remarcado ancestralmente en cada cambio de siglo y
c) nuestra propia muerte, el más espeluznante de todos nuestros temores, crispado por la presunción que entre aquella multitud palpitante de órganos putrefactos encontremos a nuestros familiares muertos. En definitiva, la presencia física del zombie es la identificación directa con todas las enfermedades, tanto las psíquicas como las físicas; la caída de la civilización y nuestra propia extinción. Al fin y al cabo, nosotros mismos vamos camino a convertirnos en cadáveres.
Manuel Loureiro, el escritor español más leído en el tema de zombies, autor de la grandiosa novela "Apocalipsis Z", expandió estas ideas: "Los zombies son un reflejo, no de lo que podríamos ser sino de lo que tal vez ya somos desde hace mucho tiempo: una masa de hombres y mujeres que trabaja y deambula por la vida, pero ha perdido la capacidad de decidir". De allí que la fascinación por ellos esté inspirada en el reflejo de nosotros mismos.
También podríamos agregar su característica de bicho tercermundista. Sus ancestros africanos, el vudú haitiano y sus derivados, ha sido la primera versión explorada en la literatura y el cine, al menos en Occidente, desde la novela "The Magic Island" de W. B. Seabook de 1929 -la primera en tildar el término "zombie" del criollo haitiano- hasta la también novela "La serpiente y el arco iris" del antropólogo Wade Davis de 1986, llevada al cine por Wes Craven dos años después. En el medio, la genialidad clase B "I walked with a zombie" de Jacques Tourneur de 1943.
Este zombie de magia negra -aquél con movimientos geriátricos y gestos babosos- creó un estereotipo, aunque las reglas modernas sobre sus costumbres y modos de destruirlos fueron aportadas por el realizador George Andrew Romero en su clásico de 1968 "La noche de los muertos vivientes".
Sinónimo de Apocalipsis
Romero -como Bram Stoker al conde Drácula-, no sólo creó un paradigma propio -mitología incluida- sino que le insufló un inquietante bonus track: por primera vez, el zombie fue emparentado al Apocalipsis. Romero no usó en su película inicial la palabra con "z" aunque se convirtió en el indiscutido responsable de catapultarlo a la cultura popular.
Además, hasta esta película, los muertos vivientes no eran criaturas manipuladas por otros sino que, con variantes y evoluciones, tenían voluntad propia (tal como lo cuentan en primera persona los principales exponentes del fenómeno en el muy recomendable documental de Donna Davis "Zombiemanía" que actualmente está rotando en los canales de HBO).
Junto con el auge de zombies en la historieta de horror estadounidense durante toda la década del 60, esta criatura alcanzó el status de subgénero y se ha mantenido relativamente estable, sobre todo en el cine, hasta llegar hoy al pico máximo de su popularidad. Su historia como personaje fue análoga a la forma de caminar de sus pioneros; de pasos lentos y pasmosos a correr maratónicamente, tal como se los vio en la remake de "El amanecer de los muertos" de Zack Snyder en 2004.
No obstante, uno de los responsables de esta invasión, el mismísimo Robert Kirkman, autor del estrepitoso "The Walking Dead", señaló cierto escepticismo: "Son ciclos. En cinco o diez años nos preguntaremos si los hombres-lobo son el futuro. Está muy bien que los zombies ya sean populares pero creo que habrá una rotación".
Con la misma constancia de las hormigas soldado, los zombies avanzan como una plaga. Irónicamente, el público va como zombie a consumir cada película de zombies estrenada. Otra de las tantas paradojas de la siempre sorprendente cultura popular.