Para el sociólogo polaco Zygmunt Bauman "estamos en un interregnun, lo viejo ya no funciona y lo nuevo no ha llegado aún". Su definición global nos inspira a pensar que las recientes elecciones del 27 O, pueden haber marcado un hito en nuestra historia contemporánea, quizás ya nada será igual, la política viene fracasando y debería ser el tiempo de comenzar a cambiar en serio.
Nuestras instituciones políticas no funcionan correctamente, si no fuera así cómo podríamos explicar que Chile será un país desarrollado en 5 años, mientras Argentina, un país inmensamente más rico en lo potencial, seguirá con su interminable adolescencia, la que el mundo no entiende y ya no quiere aceptar.
Una nación en la era de globalización no puede cerrarse al mundo, en la era del conocimiento no puede tener su mirada anclada en el pasado y en la era de la información no puede falsear sus estadísticas.
Mendoza está perdiendo su liderazgo regional, los mendocinos nos admiramos de la infraestructura de San Luis y de que San Juan está progresando más que nosotros, pero nada es casualidad, la provincia puntana invierte casi el 50% del presupuesto provincial en obras públicas, San Juan casi el 25% y Mendoza menos del 6%.
No tenemos autopistas pero hemos aumentado el gasto público improductivo a un límite sideral, tenemos 56 empleados cada mil habitantes, San Luis tiene 49 y San Juan 46. Aún con una presión impositiva altísima, que creció del 3,2% del PBG al 6% en la última década, nos financiarnos gracias a un endeudamiento creciente.
El presente no es alentador y el futuro menos aún, hace 10 años Argentina medía igual que Chile en los exámenes internacionales PISA a alumnos de colegios secundarios de 15 años de edad, ahora el país trasandino escaló a 449 puntos mientras nosotros nos mantenemos en 398 puntos.
En Mendoza los chicos de colegios de gestión pública egresan casi condenados a no tener éxito en la universidad, la performance en lengua de los chicos mendocinos en las pruebas nacionales ONE cayó 5% en la segunda mitad de la década pasada. De seguir así habremos consumado la peor desigualdad, el paradigma del sueño mendocino se derrumbará, el hijo del obrero ya no podrá ser doctor.
La sociedad culpa a todos los partidos tradicionales del atraso de Mendoza. Aunque los demócratas no gobernamos, en los últimos 30 años, nos culpan igual, ¿por no haber podido ser alternativa?, quizás, o porque la Mendoza que se está agotando fue la que construimos nosotros. La UCR se salvó de la sanción en parte porque los electores independientes eligieron a Cobos para mostrar su disconformidad a Cristina.
Si tuviera que ensayar un diagnóstico del presente del Partido Demócrata diría que el internismo ha mermado el fuego sagrado de nuestros ideales más nobles y que nos hemos encerrado, alejándonos de la sociedad que supimos representar, la auténtica clase media mendocina, que pensando y trabajando forjó el mito de la provincia rica que fuimos.
Hasta no hace mucho los ciudadanos más capaces contemplaban el espectáculo de la decadencia institucional sin participar, lo que era insostenible en perspectiva. Esto está cambiando, el pueblo salió antes de las elecciones a reclamar el cambio en manifestaciones imponentes y luego su voto fue casi de masiva protesta.
Tengo para mí, que los ciudadanos más valiosos preparan, quizás inconscientemente, un verdadero asalto a los partidos políticos, una "revolución" gradual para nutrir a los espacios políticos definitivamente de gente nueva. La sanción de las PASO provinciales va a facilitar ese proceso superador.
Aún en la adversidad del PD, lo nuevo está surgiendo, un grupo de profesionales y emprendedores que nunca hizo política está creciendo en el partido y además los jóvenes demócratas de General Alvear están revolucionando este departamento sureño.
A todos los dirigentes mendocinos, políticos y no políticos, en esta circunstancia adversa para Mendoza, en el Bicentenario de la patria y a comienzo del presente siglo, nos cabe una responsabilidad histórica.
Se trata de entender la gravedad de los problemas y la necesidad de crear una nueva mentalidad dirigencial, abierta al diálogo, sin prejuicios, con capacidad de articular los consensos esenciales para construir, sin demagogia ni populismo, políticas estratégicas de Estado, comenzando por la educación.
Desde la conducción del PD, sabemos que nuestra misión debe ser de transición hacia un Partido Demócrata nuevo, con una clara identidad y con la visión compartida de ser el agente del cambio y la transformación de Mendoza.
Pero sobre todo, nuestro desafío consiste en avanzar hacia la estructuración de una fuerza política moderna con una dirigencia más amplia, más diversa, más representativa, con lo mejor que hoy tenemos y una nueva camada fruto de la apertura y la renovación.