Pero hoy, el vínculo está atravesado por un recelo indisimulado. Cobos cree que Cornejo no respalda lo suficiente su pelea con la cúpula partidaria nacional, y en especial con otro mendocino, Ernesto Sanz (aliado local del intendente de Godoy Cruz).
Y que para colmo de males, quiere imponer un vínculo que limita aún más las chances de Cobos y de UNEN, como es un “acuerdo amplio” que incluya a Mauricio Macri y al Pro.
“Julio no puede aceptar que en su propia provincia el partido quiera jugar en cualquier lado menos detrás suyo...” justifican el cruce los cobistas. A la par que indican que un acuerdo con Macri “sería un sapo difícil de tragar”.
Por su parte, Cornejo cree que Cobos especula con su muy buena imagen en Mendoza y busca disciplinar al partido en general con un posible repliegue a la patria chica para cambiar sus aspiraciones presidenciales por otras más módicas como candidato a gobernador.
Y que así no fuera, alienta precandidaturas como las de Laura Montero, Enrique Vaquié o Mario Abed. “Con UNEN no alcanza para ganar; es necesario ir por los votos del amplio abanico antikirchnerista”, calculan los cornejistas.
Entienden también que Cobos toma esto como algo personal, cuando en realidad sólo es una estrategia política para ganar, que no sólo se da en Mendoza sino en la mayoría de los distritos del país. No sólo con Macri, sino también con Sergio Massa y su Frente Renovador.
Aseguran que, justamente, los acuerdos extrapartidarios provinciales que se habilitaron en la denominada “cumbre de San Fernando” no sólo fue para distritos con elecciones desdobladas sino también para aquellas con elecciones unificadas como seguramente será en Mendoza.
Y que de hecho, esa diferenciación no está explicitada en el texto para no condicionar a las provincias que votarán el mismo día que la Nación.
Pero, fundamentalmente, el cornejismo cree que Cobos está en una encrucijada “por arriba” y “por abajo”. Aportan que, según sus números, incluso en Mendoza como en el resto del país, su figura está estancada mientras Macri sube.
Finalmente, los cornejistas argumentan: “Que en la Nación hagan lo que quieran, pero si Alfredo es candidato, la estrategia local la maneja él”. Hasta redoblan la apuesta: “Alfredo será un gobernador con poder o si no, no será ni candidato...”.
Hay quienes, incluso de ambos bandos, acusan a Sanz por la crisis, no sólo por no haber renunciado a la presidencia partidaria para ser candidato sino también por no haber resignado sus aspiraciones a la Casa Rosada en el escenario fragmentado de UNEN y hasta de estar trabajando solapadamente para una fórmula conjunta con Macri.
“Ernesto no se quiere hacer cargo de ese acuerdo; quiere que caiga por su propio peso a través de pactos locales. Si así fuera, y el partido tomara ese rumbo, Cobos no sería candidato”, especulan en el entorno del ex Vice.
Lo cierto es que las escaramuzas entre Cobos y Cornejo han ido in crescendo en el último tiempo. Días atrás, los escuderos del intendente pidieron a Cobos públicamente “que se defina” dónde y a qué va a jugar, buscando quebrar su estrategia electoral de perfil medido que gradúa y administra según necesidad.
En el último tiempo sólo lo hizo contra la cúpula radical y forzó así la reunión de San Fernando y luego, tras los exabruptos de Elisa Carrió por no avanzar en un acuerdo con Macri.
En realidad, por conveniencia personal o adhesión ideológica, Cobos abona la tesis de la consolidación de un espacio socialdemócrata como UNEN.
Cornejo, en cambio, aparece como un líder más pragmático e intuitivo (aunque mucho más ansioso) que sabe que con la ideología no alcanza porque esas vicisitudes no están hoy entre las prioridades del ciudadano, más preocupado por la inseguridad o la inflación.
Más allá de eso, la presión cornejista parece haber surtido efecto, Ayer -finalmente- Cobos ratificó públicamente que no se baja y que será candidato a presidente. Salvo por un pequeño detalle. Aseguró que “la política es dinámica...”, lo que en todo caso puede leerse como otra nueva indefinición si el escenario cambiara de aquí en más, lo que seguramente sucederá.
Según el cobismo, las urgencias de Cornejo son prematuras. Dicen que recién el 18 se relanzará UNEN luego del portazo de Carrió, y que entre fines de febrero y principios de marzo la Convención Nacional de la UCR aprobará (o no) otros acuerdos.
Por ello, deducen, el congreso partidario local previsto para el próximo sábado 13 en Tunuyán no tiene sentido, y hasta ponen en duda no sólo su participación sino también su realización. “Muchos congresales de sólo pensar que tienen que votar en contra de Cobos o de Cornejo han dicho que no van a ir...” asegura una fuente radical.
De uno y otro lado dicen que “a nadie le conviene que la sangre llegue al río” y hasta mencionan que hay puentes tendidos para cumplir con esa urgencia y cuya responsabilidad le atribuyen a dirigentes de peso como Juan Carlos Jaliff y el presidente partidario Sergio Pinto, entre otros.
Sin embargo, nadie se anima a vaticinar qué puede llegar a pasar con el cónclave tunuyanino. “Es una incógnita”, aseguran. “Tenemos que ser prudentes”, dicen otros y hasta confiesan -tomando partido- “que Julio se merece un tiempo para esperar cómo se clarifica el escenario nacional”.
Más allá de la pelea explícita, hay otros que no pierden las esperanzas y aseguran “que antes del sábado va a haber una salida”.
Ese lugar de encuentro podría ser el de avanzar con sólo uno de los puntos de la convocatoria, la reforma de la carta orgánica para adecuarla a las PASO y postergar, la segunda y más conflictiva de las definiciones, sobre acuerdos políticos en Mendoza.
En una reciente columna en Perfil, la ensayista Beatriz Sarlo advierte que el radicalismo tiene una “crisis vocacional” que se deberá dirimir entre un liderazgo nacional insuficiente y la supervivencia de los caciques provinciales que buscan imponer a la superestructura sus métodos y formas de subsistencia en ambientes hostiles como son ciertos feudos hegemónicos del peronismo en algunas provincias.
Más allá del diagnóstico, Sarlo asegura que “la dimensión ideológica no sólo se volatilizó en la conciencia de los votantes sino que fue extirpada del cerebro de los dirigentes”. Ésa es -justamente- la tensión que subyace ante la posibilidad de acordar o no con Macri y el Pro.
Por Luis Abrego - [email protected]