7 de septiembre de 2013 - 23:38

La industria, complicada

“En los tiempos de crisis aparecen las oportunidades para buscar las mejoras de productividad a partir de mejorar los sistemas de gestión para obtener mayores niveles de eficiencia”.

La semana pasada se ha festejado el Día de la Industria, en medio de un contexto complicado por el tipo de cambio y el cepo, mientras algunos sectores consiguen mantener algunos niveles aceptables por haber aprovechado nichos.

Los datos oficiales sobre el comportamiento del sector industrial de la Argentina vienen mostrando una tendencia hacia un menor nivel de actividad. Prácticamente durante todo el año 2013 la actividad industrial solo mostró datos positivos por el impacto de la industria automotriz, que hasta julio vino mostrando signos positivos. Sin este sector, el nivel general hubiera sido negativo.

En algunos casos ni siquiera se puede hablar de sectores y se habla de empresas a las que les va relativamente bien y a otras que no pueden mejorar, pero claramente los sectores que operan en el mercado interno y gozan de protección se ven favorecidos, mientras los que están expuestos al comercio exterior están mucho más complicados.

La fiesta de los autos

El sector automotriz goza de una serie de medidas de protección con el acuerdo del Mercosur. Las empresas han organizado sus sistemas productivos y, en general, producen en Brasil los autos más masivos y en Argentina los de gama media y alta. Así, se importan los autos más económicos y se exportan los de mayor precio.

No obstante, algunas empresas solo tienen plantas en el vecino país e importan la totalidad. Pero también juegan en el mercado las importaciones de autos, en general de muy alta gama, que no producen en el ámbito del mercado del sur, y cuyo movimiento está supeditado a las variables cambiarias.

Desde 2005 comenzó un proceso creciente de producción automotriz en el Mercosur, que tenía consistencia con el crecimiento de las economías e, incluso, la posibilidad de exportar a otros países. En su momento se firmó un convenio con México, que Argentina suspendió en 2011 porque los intercambios no eran equivalentes, algo que se pudo superar este año.

Según datos oficiales de las cámaras que agrupan tanto a fabricantes como concesionarios y comerciantes del rubro, desde 2005 hasta ahora se han vendido en Argentina 5 millones de autos nuevos y 12 millones de autos usados, lo que muestra la dinámica del sector, que depende mucho del nivel de actividad económica.

La industria automotriz tiene, además, un factor multiplicador sobre otras industrias pero no ha conseguido desarrollar una red de proveedores como sería deseable, y el nivel de importación de partes sigue siendo demasiado elevado y la balanza del sector integrado termina siendo deficitario.

El sector metalúrgico, el del caucho o del plástico, entre otros, son algunos de los que dependen en mucha medida de la evolución de las automotrices para potenciar sus niveles de actividad.

La pérdida de competitividad del tipo de cambio hizo que las automotrices que importan pudieran mantener una evolución de precios de los autos por debajo de los niveles de inflación y no hayan podido mantener algunas exportaciones. No obstante, hasta el año pasado la demanda brasileña se mantuvo en altos niveles.

Este año, la industria se perfila para terminar el 2013 con 900.000 unidades nuevas vendidas, mientras que el nivel de producción ya comienza a resentirse por la caída del nivel de actividad económica de Brasil, como se vio en agosto pasado, donde las ventas aumentaron un 6,2% pero la producción decreció un 12,2%.

El mercado interno se ve favorecido por la abundancia de crédito y por el cepo cambiario que imposibilita ahorrar en dólares, y eso estimula "ahorrar" comprando autos. Además, el atraso del tipo de cambio hace muy atractiva la compra de vehículos de alta gama, cuya importación ha crecido notablemente en el último año.

El mercado interno podrá mantener la dinámica comercial mientras exista la ventaja cambiaria y la imposibilidad de ahorrar en dólares, pero la producción se verá desfavorecida porque los pronósticos para la economía de Brasil no son buenos por la gran salida de capitales que se registra.

Como el resto de los sectores industriales no encuentran quién los arrastre en el mercado interno y las posibilidades de exportar están acotadas, sin la industria automotriz, comenzaremos a ver índices más realistas en los próximos meses.

La industria mendocina

El sector industrial local tiene varias facetas. Aquellos que están expuestos al mercado externo están viendo una pérdida notable de competitividad que, en algunos casos, les imposibilita la exportación. El caso más típico es de la vitivinicultura, que ha visto la pérdida de mercados en las marcas de menor valor, que eran las que mayor volumen aportaban.

El sector de la agroindustria está complicado porque Brasil es su principal mercado y, entre la menor actividad económica y la devaluación del real, se ven ante un panorama muy complicado.

Los de la metalmecánica enfrentan panoramas distintos según el sector al que provean. Los que estaban dedicados a proveer a la minería ven que se han paralizado proyectos y que los que siguen se mantienen pero a marcha más lenta. Algunos se han reubicado en el sector petrolero, que cuenta con YPF y con un impulso oficial para apoyar el desarrollo del sector, a pesar de las restricciones.

La industria "sin chimeneas" que es el turismo, asiste a un cambio en los perfiles de los visitantes y, aunque siguen apareciendo ofertas novedosas que amplían la gama de productos turísticos, la menor afluencia de turistas extranjeros lo comienzan a sentir en su facturación.

Nuestra industria está enfrentando una situación complicada, aunque ha pasado por épocas peores. En los tiempos de crisis aparecen las oportunidades para buscar las mejoras de productividad a partir de mejorar los sistemas de gestión para obtener mayores niveles de eficiencia, pero, con todo, necesitan una recomposición de los precios relativos de la economía.

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