12 de mayo de 2019 - 00:00

Independiente hizo historia en Mataderos

La Lepra escribió otra página de gloria en su libro de oro: igualó 2-2 con Nueva Chicago y avanzó a semifinales del Reducido.

Abra los ojos amigo Leproso, deje de sufrir y acabe con las promesas. Que su rostro se inunde de lágrimas; llegó el momento de los festejos. El pitazo final indica que Independiente Rivadavia alcanzó el objetivo deseado: el equipo está en semifinales. Es momento de festejar. Abrace a su hijo, a su hija,  a su mujer, a su hermano o a ese fiel compañero de camiseta y de tribuna. Abracelo fuerte, salte y grite con él.

Atrás quedó el tiempo de mirar los promedios, sacar cuentas e implorar ayudas divinas. Ahora, con cada grito de gol, se mira de reojo en otra dirección: hacia la Primera División. Nunca en la historia, Independiente Rivadavia estuvo tan cerca del círculo de privilegiados del fútbol argentino.

 

Ayer parecía una utopía y hoy, es una realidad. Este plantel joven, con un sentido de pertenencia único y de la mano de Gabriel Gómez está haciendo historia. Y de la grande. Porque más allá de que si el Azul logra o no el ascenso, cambió su cabeza y su mentalidad por completo. Este equipo quiere el ascenso. Este plantel trabajó para salir del pozo y  en innumerables situaciones lo dieron por muerto. Y ahora toca el cielo con las manos.

Estos jugadores están dejando la vida por la historia y el color de esta casaca azul que copa todos rincones de la provincia.  Hoy, están a cuatro partidos de la gloria máxima: el ascenso. Por eso, aplauda y no deje de aplaudir las alegrías que ya van a venir.

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Como si fuese un guión cinematográfico, primero había que sufrir, y mucho, para después sonreír. Y así fue nomás. Nueva Chicago, empujado por su gente, metió al equipo de Gómez sobre su área. El Azul no hacía pie en ningún sector de la cancha y llegó la apertura del marcador. Una desinteligencia defensiva permitió a Franco empujar al gol en el corazón del área chica.

El estadio era un hervidero e Independiente, en su peor momento, cuando parecía estar nocaut, apareció con toda su humildad y sacrificio. Enorme corrida de Castro y Palacio con el corazón en la mano para que el primero marque un golazo. Contragolpe de manual que empezó a contar historias de acequias y trabajo sacrificado. Historias de una provincia que quiere seguir sumando equipos a la máxima categoría del fútbol nacional.

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Fue un golpe del que nunca pudo reponerse el Torito. Ahí se vio lo mejor de los mendocinos: presión, sacrificio y entrega. Borró absolutamente al dueño de casa. Y en el complemento repitió el golpe: cabezazo de Asenjo para sentenciar la historia y  Mataderos se convirtió en tierra de  caudillos.

Con mucha autoridad, exhibiendo su fútbol y sus ganas, borró a uno de los grandes candidatos al ascenso y comprobó que ese traje le queda muy bien.

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