Si bien esta palabra forma parte del vocabulario corriente argentino desde hace muchísimo tiempo, recientemente ha tomado una notoriedad manifiesta.
Si bien esta palabra forma parte del vocabulario corriente argentino desde hace muchísimo tiempo, recientemente ha tomado una notoriedad manifiesta.
No obstante, pareciera que cada vez más tenemos conciencia de que la impunidad es un problema muy importante y de difícil solución, pero a la hora de definirla las explicaciones toman las más variadas direcciones y ponen de manifiesto la gran confusión y nebulosa en la que las sucesivas crisis nos han puesto.
La impunidad es siempre el resultado de un acto realizado por un integrante del Poder Judicial, en la figura de un juez o un fiscal.
No hay otra persona dentro de la sociedad que tenga la posibilidad de generar impunidad.
Esta aclaración surge porque es común leer y escuchar que los políticos corruptos generan impunidad, al igual que los empresarios corruptos, etc.
Creo que estamos equivocando la perspectiva cada vez que buscamos en la clase política, empresarial o en los funcionarios del Estado que son corruptos la causa de la impunidad.
Allí puede estar la causa de la corrupción pero nunca la de la impunidad.
Es común escuchar “el poder político genera impunidad”. No es cierto, el poder político genera corrupción, nunca impunidad.
La impunidad es la ausencia de justicia, y en las sociedades modernas, desde hace muchos años, sólo hay un órgano que puede ejercer la justicia: el Poder Judicial.
Hace muchos años que las sociedades definieron que, a fin de garantizar la paz y solucionar los conflictos con objetividad, sólo un grupo de gente se hiciera cargo de hacer cumplir las leyes, y esas personas son los jueces y fiscales.
No hay otro poder dentro de la sociedad que esté destinado a hacer justicia y, repito, la impunidad es la ausencia de justicia. Cada vez que un juez no hace justicia genera impunidad. Cada vez que un juez no realiza el acto de establecer justicia, demorando una causa, declarándose incompetente, haciendo que caduquen los plazos, cajoneando expedientes, no teniendo voluntad para investigar hechos de corrupción, está impidiendo que se realice la sanción mediante un acto de justicia, y su resultado es la impunidad.
Cada vez que un fiscal no investiga un acto de corrupción genera impunidad.
El mayor inconveniente es que no está ejerciendo la actividad que la sociedad le paga para que realice.
Nunca se podrá establecer el costo y los perjuicios que ha generado a nuestra sociedad la ausencia de justicia por parte de jueces y fiscales en estos últimos 30 años; y explica, como causa primera, la magnitud de la corrupción que hoy sufrimos.
Porque cuando un juez o un fiscal no hace su trabajo los “ciudadanos- contribuyentes” quedamos inermes frente a la delincuencia y a la corrupción, ya que no hay otro grupo social que lo pueda hacer.
Por eso es muchísimo más importante terminar con la impunidad, ya que con su destrucción se reducirá la terrible corrupción que hoy nos azota. Esto sólo se logrará cuando los jueces y fiscales hagan justicia.
Se dice con insistencia que el Poder Judicial debe ser independiente; siempre lo fue. Los que lo hicieron y lo hacen dependiente no son los políticos corruptos y otros intereses marginales de la sociedad, sino que fueron personas concretas en la figura de jueces y fiscales que no hicieron valer su independencia y omitieron hacer justicia.
La independencia del Poder Judicial no es un tema político, está en la esencia misma de la capacidad para hacer justicia, por lo que estuvo y estará siempre presente en la base de nuestro Poder Judicial.
Si un juez o un fiscal no puede aguantar “presiones políticas” debería renunciar y dejar paso a gente que sí pueda vivir con esas presiones y con la base ética que impone la acción judicial, porque la sociedad retribuye a esa persona para que haga valer su independencia, logre hacer justicia y evite dejar inermes a los ciudadanos.
Por eso uno de los principales problemas que hoy tiene nuestro país está referido a la incapacidad de hacer justicia por una parte de aquellas personas que están mandadas a hacerla.
Su solución traerá indudablemente una mejor calidad de vida a los ciudadanos de manera inmediata y esto, sin duda, la gente lo percibe, aunque esté confundida.
Por último, una muestra del estado de nuestra sociedad en este tema es la frase dicha, hace poco, por Ricardo Lorenzetti, presidente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación: “Hay que terminar con la impunidad”, expresada por el principal actor que está mandado por la sociedad a evitarla.