26 de abril de 2020 - 00:00

Imagina - Por Jorge Sosa

La imaginación nos lleva por caminos insospechados. Voy a ser estrictamente académico en su definición: es la facultad humana para representar mentalmente sucesos, historias o imágenes de cosas que no existen en la realidad o que son o fueron reales pero no están presentes, o la capacidad o facilidad para concebir ideas, proyectos o creaciones innovadoras.

En algunos casos la imaginación se llama inventiva, que es la que tenía tipos tan famosos como Leonardo Da Vinci, que se puso a inventar submarinos cuando apenas se conocía el agua. Son aquellos que se adelantan a su época y proponen para el futuro innovaciones que seguramente nos harán mucho mejores de lo peores que somos.
Uno puede imaginar cosas que pueden ocurrir en el futuro y se pone a crear aviones sin techo o autos con el asiento de atrás, es decir, cosas que no van a tener ninguna trascendencia pero al tipo se le pone que sí, y vaya uno a convencer a uno de estos creadores, porque suelen ser muy porfiados.

Le ocurrió a Peter Pitecantropus que era un ser muy erecto, cuando se puso a inflar con la boca, (el inflador aún no había sido inventado) una vejiga de mamut, a los efectos de inventar la pelota. Su mujer lo reprendió severamente diciéndole: “Dejate de inventar pavadas que en el futuro no va a usar nadie”.

Uno imagina cómo va a ser su vida en el tiempo que aún no ha llegado y si podrá hacer realidad aquellas cosas que lo reconfortan en el pensamiento. Un mejor trabajo, un viaje, un auto, es decir, todas cosas esenciales si el tipo quiere ser considerado un pensador serio con propuestas coherentes.

También se imagina cosas que ocurrieron en su pasado, podríamos decir recuerda. Pero la imaginación va más allá porque le permite al portador del recuerdo modificarlo a gusto y pensar cómo hubieran sido las situaciones que recuerda de haber actuado de distinta manera, o simplemente de haber actuado.

Entonces recuerda aquella muchacha que en la juventud le revolvió el marulo y la escueta relación que tuvieron porque él para entonces ya estaba casado y la muchacha lo sabía. Pero se entretiene suponiendo cómo hubiera sido con esa que recuerda permanentemente. Digo la muchacha porque a la mujer que tenía entonces se le ha olvidado hasta el nombre.

La imaginación es poderosa, nos puede llevar a disfrutar de una playa del Caribe sin salir del living, o a hacer un gol jugando contra el seleccionado nacional, salvo que nos toque con Alemania.

En esta época de cuarentena la imaginación se ve sometida a ejercicios en desuso. El tipo tiene tiempo y ese tiempo en blanco lo va llenando con imaginaciones que tienen que ver con todo aquello que en estos momentos no puede hacer, por lo menos, no sin barbijo.

Entonces recuerda los asados que armaba con la barra del cole, todos los viernes puntualmente, y las bromas y chanzas que se desparraman en este tipo de encuentros mientras consumen los restos de una vaca que al menos ha tenido una muerte digna.

Se imagina aquellos viajes que hacía con su mujer de vez en cuando y que le hicieron conocer Potrerillos, porque el presupuesto no le daba para cargar más nafta.

Se imagina como será el mundo cuando pase todo, y se ve meciendo sus caderas al caminar por las calles de una ciudad que ahora tiene totalmente vedada.

La imaginación nos acompaña en este período y es bueno, porque teniendo la imaginación con nosotros ninguna puerta está cerrada.

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