1 de junio de 2013 - 21:34

La humildad de Francisco y su énfasis en los pobres dan un tono nuevo al Vaticano

Los primeros gestos ofrecidos por el papa Francisco con su intento de acercar su figura y la del Vaticano a la gente, están generando una simpatía y un apoyo espectaculares, que sin duda crecerán si avanza en reformas más profundas.

Ha criticado el “culto al dinero” y la avaricia que ve que impulsa al sistema financiero mundial, reflejando su afinidad con la Teología de la Liberación. Ha provocado que los funcionarios vaticanos batallen para mantener el paso de sus observaciones improvisadas e incursiones no planeadas en las multitudes de decenas de miles que llenan la Plaza de San Pedro durante sus audiencias. Ha deleitado a los vendedores de recuerdos cerca del Vaticano, al provocar un incremento en la circulación de turistas.

El papa Francisco, el ex cardenal Jorge Mario Bergoglio de Buenos Aires, Argentina, ha estado apenas dos meses en el cargo, pero ya cambió el tono del papado, levantando la moral y dando un nuevo sentido de entusiasmo a la Iglesia Católica Romana y al propio Vaticano, dicen funcionarios vaticanos y feligreses.

“Es muy positivo. Hay un cambio de aire, un sentido de energía”, afirma un funcionario vaticano, hablando bajo el tradicional anonimato. “Algunas personas usarían el término luna de miel, pero no hay indicios de que vaya a amainar”.

Además de nombrar a ocho cardenales como asesores externos, Francisco todavía no emprende cambios concretos ni establece una ambiciosa agenda política en la jerarquía vaticana, presa del escándalo durante el papado de su antecesor el ex papa Benedicto XVI.

Benedicto, quien renunció el 28 de febrero, vive ahora en un monasterio dentro del Vaticano.

Sin embargo, el énfasis de Francisco en la atención hacia los pobres y un estilo que se parece más al de un sacerdote de parroquia, aunque uno con mil millones de feligreses, ya está transformando las percepciones.

Ha decidido vivir no en el departamento papal, sino en la Casa Santa Marta, una residencia dentro del Vaticano, donde cena en compañía de sacerdotes de menor jerarquía y con visitantes.

“Existen diferencias, pero diferencias de estilo, no de contenido”, notó Giovanni Maria Vian, el editor en jefe del periódico del Vaticano, L’Osservatore Romano, al comparar a Francisco con Benedicto.

En sus discursos, “su estilo es simple y directo. No está construido en forma complicada y compleja”, señaló el portavoz del Vaticano, el reverendo Federico Lombardi.

Ha retornado repetidamente a la crisis del euro y el sufrimiento que ha ocasionado en Grecia y los países católicos del sur de Europa.

“Si fallan las inversiones en los bancos, 'Oh, es una tragedia’”, dijo, al hablar en forma improvisada durante más de 40 minutos, en una vigilia de Pentecostés, después de una audiencia privada con la canciller alemana Angela Merkel, quien diseñó las políticas de austeridad para Europa.

“Sin embargo, si la gente se muere de hambre o no tiene comida ni salud, no pasa nada. Esta es nuestra crisis hoy día”.

En un discurso reciente para diplomáticos acreditados ante la Santa Sede, Francisco también habló de la necesidad de que haya más ética en las finanzas.

“La crisis financiera que estamos experimentando nos hace olvidar que su origen debe encontrarse, en última instancia, en un profunda crisis humana”, dijo, y agregó: “Hemos creado nuevos ídolos. Adoramos al becerro de oro de antaño de una economía sin rostro, a la que le falta cualquier objetivo verdaderamente humano”.

Lombardi informó que el Papa lo llamó antes de ese discurso. “Dijo: 'Pon atención, esto es importante, quiero que la gente entienda su importancia’”, contó.

Es claro que, para sus discursos, Francisco echa mano de temas de la Teología de la Liberación, el movimiento que busca usar las enseñanzas de los Evangelios para ayudar a liberar a la gente de la pobreza y que ha sido particularmente fuerte en su nativa América Latina.

En los ’80, Benedicto, como el cardenal Joseph Ratzinger, director de la oficina doctrinal del Vaticano, lideró una campaña para controlar al movimiento, al que veía demasiado vinculado con algunos elementos políticos marxistas.

Francisco estudió con un sacerdote jesuita argentino quien fue uno de los proponentes de la Teología de la Liberación, y Lombardi reconoció el eco. “Pero lo que está claro es que siempre estuvo en contra de lo que se decía en cuanto a que la Teología de la Liberación tenía un elemento ideológico marxista”, dijo.

Mientras que, por lo general, Benedicto pronunciaba discursos cuidadosamente preparados y utilizaba en raras ocasiones la primera persona, Francisco tiene un tono más de conversación, con menciones frecuentes a su propia historia personal y familiar.

En sus observaciones por Pentecostés el fin de semana antepasado, citó versos bíblicos, pero también dijo con una sonrisa que a veces se queda dormido mientras reza y recordó cómo se inspiró para entrar en el sacerdocio por la simple fe que tenían su madre y su abuela.

Francisco improvisa tan a menudo que los comunicados oficiales del Vaticano tienen problemas para mantener el mismo paso.

“Todos estamos aprendiendo”, opina Lombardi. Es frecuente que Radio Vaticano se apresure a proporcionar transcripciones, incluidas las homilías que pronuncia el Papa en la misa de cada mañana, en una capilla que frecuentan empleados del Estado Ciudad del Vaticano. Llega temprano por la mañana y reza con los feligreses antes de ponerse las vestiduras. Después, “saluda a todos personalmente”, contó Lombardi.

A los feligreses les encanta. “Siento que soy un católico nuevo desde que se convirtió en Papa”, dice Attilio Cortiga, de 59 años, un servidor público de la región italiana del sur, en Campania, quien se levantó a la una de la mañana para llegar a la audiencia semanal de los miércoles. “Vine porque siento que está muy cerca de nosotros, la gente común. Sus palabras tocan el corazón de todos”.

Observadores del Vaticano dicen que Francisco ha estado atrayendo a multitudes por arriba de la media, aun para ser los primeros meses de un nuevo papado.

“La economía repuntó de nuevo aquí”, señaló Marco Mesceni, de 60 años, un vendedor de tercera generación de recuerdos afuera de la Plaza de San Pedro. “Era tan difícil vender alguna cosa cuando estaba Benedicto. Este Papa atrae grandes multitudes, y todos quieren llevar algo a su casa que tenga su rostro sonriente”.

La prensa ha tratado mejor a Francisco de lo que alguna vez hizo con Benedicto. “No padece de los prejuicios que, desafortunadamente, tuvo de inmediato en su contra Benedicto”, cree Vian, el editor del periódico. Argumentó que muchos de los tropiezos de Benedicto, con otras fes y con los católicos más progresistas, así como los escándalos que plagaron su papado, provenían tanto de las percepciones del Papa como de la realidad.

El nuevo Papa ha hecho cosas que bien podrían haber causado más controversia en el papado de su predecesor. El 12 de mayo, Francisco celebró la misa en San Pedro para canonizar a dos latinoamericanos y a 800 personas que murieron en Otranto, en Puglia, la región sureña de Italia, en 1480, a manos de invasores turcos otomanos después de negarse a convertir al Islam. Canonizó a los 800 como cristianos mártires, lo cual no requiere evidencia de dos milagros.

“Si Benedicto hubiese hecho eso, es probable que hubiera aumentado la polémica”, expresó Vian, aludiendo a la relación tensa del Papa anterior con el mundo musulmán. De hecho, fue Benedicto quien ordenó la canonización de los 800, pero el anuncio atrajo poca atención; estuvo incluido en el mismo discurso cuando impactó al mundo al decir que se retiraría.

El Papa anterior, un teólogo, advirtió a menudo de los “riesgos” a los que se enfrentaba la Iglesia, y recordó a los católicos de las formas en las “que estamos en el camino equivocado”, dice Lombardi. Eso era importante, señaló, pero, a veces, es bueno un cambio en el énfasis. “Que te digan repetidamente que el amor y la misericordia de Dios transforman el corazón de las personas, ya había la necesidad de verlo”, agregó.

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