25 de enero de 2015 - 00:00

Humanidad y medio, un amor imposible

El fenómeno del calentamiento global ha movilizado el conocimiento y los sentimientos del hombre. Este controvertido tema se discute en todos los países, como también la contaminación del agua, el problema de la basura, el agujero de ozono, la falta de educación ambiental y del crecimiento de la población en los últimos años.

Algunos accionan para mitigar los efectos negativos de estos fenómenos pero sin dejar de atender los aspectos económicos, y consecuentemente, la rentabilidad de sus negocios; otros no hacen nada ni a favor ni en contra y un tercer grupo vive en completa ignorancia.

El panorama futuro es incierto. A pesar de las evidencias nadie es dueño de la verdad, lo que la ciencia tiene es observación y constatación de hechos recientes y teorías sobre la dinámica planetaria pero no hay quien pueda asegurar lo que ocurrirá con el clima y la vida en la tierra a mediano y largo plazos.

Todo está lleno de incertidumbre debido a que el hombre ha modificado las condiciones de vida en el planeta. Nadie puede negar que se han desmontado bosques ni que el mundo se ha llenado de fábricas que arrojan desechos y gases tóxicos al espacio, que hay ríos contaminados, que los desechos humanos se derraman en ellos o en los suelos en pozos cavados para tal efecto. Todo esto en un contexto de crecimiento descontrolado de la población mundial.

De todos modos, una parte del mundo pareciera estar tomando nota de las afirmaciones de científicos y especialistas que con sus comprobaciones y observaciones de hechos y fenómenos naturales van advirtiendo a los países que estamos en un camino equivocado, comprometido, mientras que otra se resiste a abordar responsablemente estos temas debido a otras prioridades.

Es fácil entender que países y corporaciones que se han enriquecido con la explotación intensiva de recursos naturales no aceptarán fácilmente una realidad que ahora se plantea hostil para ellos. La necesaria reinvención que deberían afrontar no es fácil, porque no está al alcance de todos y en algunos casos esa alternativa ni siquiera existe.

No obstante, hay quienes piensan y fundamentan que la ciencia está exagerando en sus predicciones y que en muchos casos se dan explicaciones falaces de dichas predicciones basadas en estadísticas según ellos objetables. Kurt Blüchel, para citar un ejemplo, dedica prácticamente la totalidad de un libro para desmentir que el dióxido de carbono sea el villano del planeta, afirmando además que los cambios son naturales y no tienen la misma lógica que las computadoras con las que el IPCC hace simulaciones para los próximos años, constituyéndose en la base informativa en la cual sustenta sus recomendaciones.

La resistencia a los cambios se mantiene mayoritariamente priorizando intereses económicos y se refleja en la continuidad de la contaminación o del abuso, sin explorar algún intento de cambio que transforme esa realidad en una oportunidad para rediseñar los negocios que permitan ganar dinero y preservar la sustentabilidad.

Es cierto que informar no es asustar, pero esto se cumple cuando la educación colectiva, la pobreza o las necesidades sociales impidan el entendimiento y la aceptación informativa. De allí la importancia de la participación gubernamental para hallar la forma de que la gente tome conciencia de la importancia de la preservación del medio ambiente.

La responsabilidad final es de todos y esta responsabilidad significa cuidar nuestro planeta.

El riesgo que corremos, como dice Lester Brown, es no percibir las señales o advertencias que nos da la naturaleza o el no interpretarlas correctamente para poder tomar decisiones de ajustes y cambios en nuestro estilo de vida.

El costo ambiental que paga el mundo por desentenderse del medio es un acto de inconsciencia colectivo y egoísta. Los dirigentes mundiales que hablan de la preservación, nada dicen de sus costos, entonces parece razonable pensar que si el mundo quiere a la

Amazonia en pie debe contribuir para ello pero no con palabras o gestos sino con dinero. El uso racional, y las compensaciones por el sobreuso de estos recursos deberían ser la ley y como toda ley debe tener sus organismos de control de forma que quienes no la cumplan sufran alguna penalización.

Las soluciones a los problemas ambientales sólo pueden venir en primer lugar de los científicos investigadores y académicos que continúan hurgando en la ciencia todo aquello que pueda significar mejor entendimiento de los fenómenos o procesos biológicos.

Pero son los gobiernos y el sector privado que, a través de sus decisiones políticas y tecnológicas pueden restablecer el equilibrio ambiental allí donde fuera necesario y de manera sustentable, esto quiere decir usando el medio ambiente y sus recursos naturales de manera racional, permitiendo que el futuro no sea una quimera para las nuevas generaciones.

En última instancia, la responsabilidad es de la sociedad mundial toda como única forma de evitar lo que la comunidad científica ha dado en llamar la última extinción.

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