20 de enero de 2019 - 00:00

Hombres, a cuidarse - Por Jorge Sosa

El caso de las denuncias puede transformarse en un mal y si bien el fundamento justo, muchas veces suele escaparse de de estas líneas.

La gran, la enorme olla que se ha destapado con el caso de abuso sexual de Juan Darthés, empieza a salpicar a todos. Las denuncias sobre acoso sexual o abuso sexual han empezado a llover como chaparrones de dedos acusadores y tal vez sean muy pocos los exentos.

Hay muchos que están repasando su vida pasada con temor de haber cometido algún tipo de estas transgresiones en algún instante de la vida. Por temor de haber cometido un acto de esta naturaleza.

Ahora, el piropo puede tomarse como una agresión, como una insinuación, como un intento de... El piropo puede ser agresivo, asqueroso si ustedes lo quieren, pero también puede ser galante y solo tiende a ponderar la belleza de una mujer. Pues bien, ahora todos caen en la misma categoría y decir un piropo es motivo para que se inicie una acción legal en contra del piropeador.

Se acabó la galantería, porque puede ser considerada agresión y entonces uno se va a privar de elogiar a mujer alguna porque puede ser interpretado de una forma distinta de la que él quiso expresar.

Habíamos hablado de los humoristas en un espacio como éste. Muchos de los chistes de los humoristas entran dentro de la categoría de chistes sexuales o machistas. Ahora, a cuidarse estimados colegas, porque pueden ser escrachado en plena función.

Tradicionalmente el hombre contó con libertades que no le eran propias a las mujeres.

Una mujer piropeando era algo fuera de contexto. Durante miles de años la mujer ocupó un papel secundario en el seno de las sociedades que nos fueron formando sin derecho a chille, es decir sin derechos.

Los movimientos libertarios de las mujeres comenzaron a tomar fuerza a mediados del siglo pasado y crecieron inconteniblemente hasta este momento en que se han transformado en una fuerza vigorosa, censora y muchas veces represora de las actitudes de los hombres.

En el pasado, el hombre consideraba esto una naturalidad, era una cuestión cultural. El macho en todas las variedades animales, salvo algunas excepciones, es el que lleva adelante el cortejo, la seducción, es el que propone y actúa en consecuencia y el hombre había hecho de esto una cuestión consabida y lo que es peor, consentida. Ocurría, sigue ocurriendo en el ámbito familiar, donde la mujer todavía está en estado de indefensión.

Cuando se sepan los atropellos cometido en el seno de las familias vamos a tener edificios enteros repletos de acusaciones.

El caso de las denuncias puede transformarse en un mal y si bien el fundamento es coherente, lógico, justo, muchas veces suele escaparse de estas líneas y entrar en el terreno de la venganza, por ejemplo. Un hombre no me acosó pero me hizo daño de alguna manera, entonces lo escracho por violencia sexual y el tipo tiene signada su vida para siempre.

La línea es muy angosta y merece que actuemos con cierto grado de reflexión. Aquellos acosadores profesionales que no le hacían asco a nada e iban en contra de cualquier norma de sana convivencia ahora tienen una respuesta adecuada que no sólo pasa por la Justicia, sino por una sentencia social que puede ser mucho más embromada.

Los casos en el pasado han sido cuantiosos, no notorios pero cuantiosos y está bien que aquellos que cometieron los abusos paguen por ello. Pero no nos extralimitemos, entendamos bien la diferencia que hay entre una denuncia y un escrache. Ambos incurren en una magnífica injusticia.

La mujer se ha empoderado, se hace cada vez más fuerte y está bien que eso ocurra, que ejerzan los derechos que les pertenecen, a lo mejor de esta forma llegan a gobernar el mundo que siempre ha estado en manos de hombres y así nos va.

Vamos a tener que cuidarnos los hombres, hasta yo he medido hasta el mínimo milímetro cada palabra volcada en esta nota.

Muchachos para acosar ahora habrá que pedir permiso. Y recordemos todos: “No, es no”.

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